Sobrevivió a Sean Penn, padre de sus dos hijos, y al estigma de ser demasiado bella para convertirse en actriz dramática de peso. Pero, con el mismo aplomo de su célebre personaje Claire Underwood, Robin Wright llegó al medio siglo posicionada como una de las mejores actrices de su generación.

En plena grabación de la sexta y última temporada de la serie House of Cards, los productores afirman que este trabajo bien podría darle su segundo Globo de Oro. Algo que ella prefiere no comentar mientras continúa colaborando con la organización Enough Project que ayuda a las víctimas de la violencia en el Congo. Esa es sólo una de las razones que la catapultaron a la lista de las cien mujeres más influyentes del mundo de la revista Time. Además, fue pionera al exigir paridad de sueldos en la industria audiovisual.

“Como decía Gandhi, si quieres que cambien las cosas, tienes que ser el motor”, suele contestar cuando le preguntan por las motivaciones que la llevaron a alzar la voz. En pleno romance con el ejecutivo Clement Giraudet, de la firma Saint Laurent, dijo que vivía su mejor momento dentro y fuera de los sets. Algo incuestionable.