Clio Cresswell parece una surfista que baja del avión para hablar sobre cómo evitar tiburones en las cálidas aguas de Australia. Rubia, bronceada y fibrosa, es difícil imaginarla detrás de un escritorio abstraída en complejas fórmulas. Lo fácil es caer en estereotipos, justo los que Cresswell cuestionó durante su conferencia en el Congreso Futuro.

En el panel dedicado a sistemas emocionales la doctora mostró cómo esta ciencia exacta puede ayudarnos a ser menos robots y más conscientes acerca de nuestras decisiones. ¿Sus mejores ejemplos? Los que tomó de la relación que existe entre el sexo y los números. La propuesta de la investigadora de la Facultad de Matemáticas y Estadística de la Universidad de Sydney resulta intrigante.

Después de todo, por siglos la humanidad dejó las cuestiones del placer y las emociones a los caprichos de los dioses y de Cupido. Luego se recurrió a la alquimia y más tarde a la química propiamente tal. Una forma de entender las relaciones donde casi siempre las mujeres salían perdiendo porque —salvo casos épicos como el de Hipatia de Alejandría— la historia de las matemáticas la escribieron los hombres. Por eso Cresswell partió por derribar mitos. Por ejemplo, ese que dice que los hombres tienen más parejas sexuales a lo largo de sus vidas que las mujeres. En realidad, se trataría de un sesgo de cómo los diferentes sexos enfrentan el asunto. Mientras ellas prefieren contar a sus conquistas, ellos eligen hacer una aproximación.Y, claro, estos terminan por redondear la cifra para arriba.

Cresswell explicó que para ambos sexos el promedio varía entre 5 y 10 parejas. “No se trata de que las matemáticas te digan lo que está bien o mal. Su belleza es que muestran que existe una gran variedad de posibilidades, y eso es algo de lo que nosotras podemos regocijarnos”, dice la autora de Mathematics and Sex, libro de divulgación que publicó en 2004 con éxito de ventas. En sus páginas leemos cómo esta ciencia se dedica al estudio de patrones que pueden explicar tanto el comportamiento humano como la expansión del universo.

También, la Teoría de Juegos, de Grafos y la Combinatoria aplicadas a las relaciones fugaces y a las pocas que en estos tiempos celebran sus bodas de oro y más. Según una investigación citada por Cresswell, estos últimos (bodas de oro), lo probable es que fueron capaces de mostrarse desde el inicio tal cual son y no dejaron pasar por alto los detalles que les molestaban de sus parejas. Porque, al revés de lo que dicta la intuición, la empatía extrema resultaría perjudicial para un proyecto de a dos a largo plazo. Este modelo predictivo estudiado en los años ’80 acertaría en el 95% de los casos con tan solo observar unos minutos el comportamiento de las parejas. Pero no todo es perfecto como el número 2520 (se divide de manera exacta desde 1 al 10). Lo cierto es que aún no se descubre la fórmula matemática que explique el flechazo inicial. Eso todavía parece ser terreno de la química. O de Cupido para los más románticos.

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—Fue elegida entre los 10 científicos más sexys del planeta, ¿qué le parece?

—Me sentí muy halagada. Pero sus autores no hicieron un análisis científico y matemático adecuado, por lo que no es perfecto (Ríe).

—¿Son las matemáticas sexy?

—Absolutamente, porque es emocionante cuando esta ciencia te muestra algo que de otra forma no puedes ver. Un poema es sexy porque descubres y sientes algo diferente. Lo mismo ocurre con las matemáticas cuando, por ejemplo, descubres un número…

—Como el número 12.

—Sí, yo lo llamo el 12 bonk (dice entre risas sobre la fórmula para encontrar pareja para establecerse). Esta tesis postula que hay que conocer, sin necesariamente tener sexo, como mínimo una docena de personas para llegar a la pareja ideal. “Es una de las estrategias para emparejarse en un mundo con Facebook, Tinder, ¡con tantas opciones! Después de las 12, se puede continuar con las pruebas hasta el 50 o el 100… Esa cifra no la inventé yo, sino que viene de cálculos matemáticos”, agrega.

—Nuestras abuelas muchas veces se casaban con su primer amor.

—En el pasado vivíamos en pequeñas tribus, así que es probable que se casaran con la persona de la granja vecina o con quien el sacerdote les dijo. Ahora, lo curioso es que considerando nuestras altas tasas de divorcio, seguimos ocupando estrategias pensadas para pequeñas comunidades, pero no para las grandes. Por eso la pregunta es ¿qué tipo de estrategias necesitamos hoy?

—¿Las matemáticas confirman las teorías de Darwin como la selección sexual? ¿O sea, hombres fuertes prefieren mujeres hermosas y estas hombres fuertes?

—Creo en la teoría de la evolución, pero no hay que perder de vista que los seres humanos somos flexibles. Existe la plasticidad cerebral. No podemos quedar fijados en lo que sucedió miles de años atrás porque las sociedades evolucionan rápido y hoy la realidad es mucho más compleja.

—Pero pareciera que hasta hoy funciona eso de que un hombre poderoso —macho alfa— tiene más sexo.

—Hay muchos temas involucrados allí. Una mujer puede querer tener tanto sexo como un hombre poderoso, pero tal vez no puede. Mientras ellos son celebrados, las mujeres no tanto.

—¿Cómo explicaría un caso como el de Harvey Weinstein?

—Hay maldad en todas partes. No hay una ecuación para lo de Weinstein. Lo de él es, básicamente, un mal comportamiento.

—¿Cuál es el patrón más exitoso para el sexo y el amor?

—Las historias de Hollywood nos dicen que ves a alguien y te enamoras, pero no es así. La verdad es que tienes miedo, confusión. En mi caso, después de unas semanas me voy; digo basta. Antes pensaba que era yo la que estaba loca o equivocada. Ahora, en cambio, sé que debo ser más relajada y tolerante; estar consciente de que hay un patrón emocional donde pasas de estar entusiasmada a estar bajoneada o triste. Se trata de una ecuación como la que describen las olas en el océano porque hay un patrón que funciona para todos en el universo.

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—¿Cree que la monogamia funciona en nuestra especie?

—He leído mucho al respecto. Hay dos libros: Sex at Down y Sex at Dusk y te puedo decir que la investigación está en el aire. Estoy abierta a todos los estilos de uniones. Lo bueno de las matemáticas es que muestran las relaciones en toda su complejidad; que hay una gran variedad de opciones y puedes estar más relajada contigo misma. Te ayudan a ver mucho más allá y que no tiene por qué ser esto o aquello. Cresswell cuestiona la idea de la ‘media naranja’, ya que las matemáticas sugieren que hay muchas personas con quienes se podría ser feliz. Eso de que hay un ‘alma gemela’ finalmente —dice— puede ser una mala estrategia para encontrar pareja. Por eso la regla del 12 otorgaría un 75% de posibilidades de éxito.

—Por último, ¿hay una fórmula para el orgasmo?

—No existe una ecuación, pero sí estudios matemáticos que muestran que hombres y mujeres dicen sentir cuando tienen un orgasmo. Tal vez lo físico es diferente —mientras la temperatura es alta para las mujeres, es baja para los hombres—, pero si intentas cuantificar la experiencia personal, no se encuentra la diferencia.

—¿Usted tiene novio?

—No, pero está bien así. A medida que pasan los años, me resulta estresante (ríe). Me gusta mucho usar mi cerebro y me encanta ir al gimnasio. Me gusta tener cuatro horas de silencio en la mañana, leer y si un hombre me dice, ¿quieres una taza de té? ¿Quieres ir al cine? ¡Uf! Una pesadilla.