Entre los papeles que se amontonan en la mesa de reuniones de su oficina, el ministro de Relaciones Exteriores Heraldo Muñoz (69) toma dos camisetas de Colo Colo, las mira como un niño con juguete nuevo y sonríe. Horas antes recibió una visita del equipo de sus amores y los regalos lo dejaron casi tan feliz como los halagos que le dedicó su par uruguayo Rodolfo Nin Novoa en la última reunión de la CELAC, cuando dijo que era el mejor canciller de América Latina y enfatizó en lo mucho que lo iban a extrañar.

Con la prestancia de un galán de cine, Muñoz habla pausado y claro. Hace 20 años que juega fútbol todos los domingos con el mismo grupo en una cancha de avenida Los Leones y cuando viaja lo único que pide a sus colaboradores es que el hotel tenga gimnasio para hacer media hora de ejercicio.

Justo cuando Chile debe presentar los alegatos contra la demanda marítima de Bolivia en La Haya, la política exterior del país pasa por uno de sus mejores momentos. Motivos para estar satisfecho le sobran al canciller. Desde el voto de los chilenos en el exterior hasta el aporte del proceso de paz en Colombia y Haití, pasando por el salto cualitativo que dio la Alianza del Pacífico bajo la presidencia de nuestro país y el avance del pacto Transpacífico (TPP11) sin EE.UU. que se firmará en Chile en marzo. “Es el mejor acuerdo de libre comercio que hemos suscrito. Cuando le preguntaron al Presidente Trump qué pensaba que fuéramos a firmar en Chile once países incluidos Japón y Canadá, dijo: ‘bueno, podríamos considerarlo si se cambiaran algunas cosas que no nos gustan’, pero vamos a firmar sin EE.UU.

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Cambiamos la modalidad de implementación y algunos ítemes, pero tiene altos estándares e incluye temas ambientales, laborales, de género y cultura. En lo concreto mejor acceso a mercados como Australia y Malasia. Es más crecimiento y posibilidad de crear empleos”.

A esto se suma el posicionamiento del país como una potencia en protección marítima mundial. “El 2014, el entonces Secretario de Estado de Estados Unidos John Kerry me invitó a la primera conferencia Our Ocean en Washington DC. Desde entonces el tema se convirtió en una prioridad. El segundo encuentro lo realizamos en Valparaíso. Ahí, le propuse a la Presidenta hacer anuncios concretos como crear parques marinos o áreas marinas protegidas y el apoyo fue inmediato. Partimos por las islas Desventuradas que se ubican a la altura de Caldera que cuentan con una biodiversidad marina impresionante.

Luego seguimos con el archipiélago de Juan Fernández, por iniciativa de los pescadores, Cabo de Hornos y con Rapa Nui, donde la comunidad coincidió en establecer un área marina protegida de múltiples usos alrededor de la isla. Hoy tenemos el 43% de la Zona Económica Exclusiva de Chile protegida y somos admirados en el mundo. Eso suma un millón de kilómetros cuadrados. Antes vivíamos de espaldas al mar y hoy sabemos que tenemos que cuidarlo para las generaciones futuras, lo que también generó un efecto en otros países que se están moviendo para imitarnos”.

—Durante todo el gobierno usted se mantuvo como el mejor evaluado, ¿qué le parece?

—Generalmente sucede eso con los cancilleres, pero a mí me dicen que me ha ido mejor que otros. En la calle mucha gente me detiene para decirme: “Usted es un ministro creíble. Ha hecho una gran labor’ o ‘no soy de su lado político, pero lo admiro y votaría por usted”. No atino más que a agradecer. No me imagino estar en un cargo como este sin haber tenido educación gratuita. Estudié en la Escuela República de Colombia en Estación Central y en el Liceo de Aplicación lo que para mi familia fue muy importante. Soy muy fiel a esas instituciones y siempre trato de ayudarlas. Probablemente muchas personas de barrios modestos se han perdido por falta de oportunidades, por eso para mí la gratuidad es fundamental. Que familias sin recursos puedan mandar a sus hijos a la universidad es un derecho social. Vamos a tener el 60 por ciento pero eventualmente deberíamos lograr, si las condiciones lo permiten, el 100 por ciento y que las personas que vienen de familias más acomodadas compensen pagando más impuestos.

LA DEMANDA DE BOLIVIA

—¿Cómo será su rol de asesor en La Haya?

—El Presidente electo me pidió prestar mi asesoría considerando que los alegatos comenzarán apenas ocho días después del cambio de mando. Conozco a todos los abogados nacionales e internacionales y he estado en los detalles del caso durante cuatro años. Tenía lista mis vacaciones pero todo por la patria. No podía decir que no cuando se trata de un tema de Estado. Participaré con toda mi energía hasta el final de los alegatos orales. Después ya no queda más que esperar la sentencia de la Corte que puede demorar entre cuatro y seis meses.

—¿En qué posición llegamos a esta instancia?

—Llegamos muy bien. Preparados y tranquilos porque el fallo de la Objeción Preliminar recortó lo más importante para Bolivia: el caso no es sobre un supuesto ‘derecho de acceso soberano’ al mar sino sobre una obligación de negociar que tiene que ser demostrada y, aún si así fuese, la Corte no puede predeterminar el resultado de una eventual negociación.

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—¿Hay optimismo?

—Sí. Lo principal para nosotros está salvaguardado. Chile no va a entregar territorio ni mar soberano y la Corte no tiene facultades para obligar a Chile a eso. Por lo tanto vamos con tranquilidad a demostrar que no existe ninguna obligación de negociar y que el haberse sentado con los bolivianos en distintas ocasiones durante 130 años no puede constituir un compromiso al menos que uno se obligue legalmente y eso no ha existido.

—Un artículo de prensa planteó que el verdadero debate se generó al interior del equipo a la hora de discutir los énfasis que debían adoptar los alegatos en La Haya. ¿Cuál será en definitiva el énfasis de la defensa chilena?

—No ha habido tal discusión. Lo fundamental son los argumentos jurídicos para demostrar que Bolivia utiliza la tesis de la “obligación de negociar” para desconocer el Tratado de 1904, porque así lo estableció su propia Constitución. Pero también pesan los argumentos históricos y la sensibilidad política que debe sustentar nuestros alegatos.

—Según fuentes bolivianas vinculadas al caso, algunos abogados son partidarios de retomar el diálogo con Chile a partir de propuestas pragmáticas, graduales, de mutua conveniencia para ambos países, alejadas de las posiciones maximalistas planteadas por Morales de exigir soberanía. En ese escenario ¿cuál debería ser la actitud chilena?

—Chile siempre ha estado disponible a dialogar con Bolivia. Lo intentamos desde el primer momento en el 2014 e incluso en enero del 2015 cuando la demanda boliviana se había consolidado. Entonces, le propuse al canciller Choquehuanca que retomáramos la agenda de 12 puntos, sin el tema marítimo, pues ellos lo habían llevado a La Haya. La respuesta de Choquehuancua fue que no podían, que tendría que consultar con Evo Morales; en definitiva, que habláramos de los 13 puntos, incluyendo el mar, ¡mientras nos demandaban en La Haya! Es absurdo suponer que para sentarse a conversar Chile tendría que acordar ceder su soberanía territorial y marítima. Eso no sucederá. Otra cosa es dialogar para integrarnos, para progresar juntos y darle a Bolivia mejor acceso al mar del que ya tienen en el marco del Tratado de 1904.

—Todos los cálculos indican que el tribunal dictará sentencia a fines de este año y en Chile no se ha discutido a fondo sobre qué hacer con Bolivia después del fallo. ¿Cómo visualiza el escenario del día después?

—Evo Morales seguirá hostilizando a Chile cualquiera sea el fallo. Si no consigue el resultado deseado en la Corte Internacional de Justicia podría tratar de concurrir a la Corte Internacional de Arbitraje para cuestionar derechamente el cumplimiento del Tratado de 1904. Tratará de declararse ganador en cualquier escenario, porque está en juego su futuro político en un momento difícil que vive Bolivia. El acceso al mar ya lo tienen. En Arica, el 81% de la carga es boliviana y en los últimos 10 años el incremento de los envíos que pasan por puertos chilenos fue del 800%. Incluso, tienen ventajas que no tienen los empresarios chilenos como el almacenaje de un año para las exportaciones y hasta un oleoducto que no pocos ariqueños se preguntan por qué les dimos. Estamos siempre dispuestos a mejorar el acceso no soberano que Bolivia tiene al mar, pero no a la cesión de soberanía porque eso está zanjado con un tratado de manera perpetua. Han pasado 110 años y no vamos a volver al siglo XIX. Chile ha sido el país más pacífico de la región.

- ¿Qué planes tiene para después de dejar el gobierno?

—Varios amigos han pensado en mí para postular a cargos, pero la política la entiendo como un servicio público y los costos familiares, que respeto, no me agradan. Nunca hay que decir nunca, pero hoy no es mi objetivo. En lo inmediato, quiero volver a escribir, darme unas vueltas por EE.UU. y decir algunos discursos. He recibido invitaciones para ser miembro de directorios honorarios, pero antes quiero tomarme unas vacaciones.