Cuando un grupo deja una huella firme en un público o en un medio, por pequeños o grandes que éstos sean, la vida posterior no suele ser cosa fácil para los músicos que decidieron dejar ese proyecto atrás.

Ejemplos al respecto hay varios, y entre ellos el de Gustavo Cerati bien puede ser paradigmático. Porque, tras la ruptura con Zeta y Charly, el argentino no se cansó de mostrar la magnitud de su valía, disco tras disco. Sin embargo, mientras llenaba arenas y tomaba la batuta en el pop continental, nunca pudo evitar la pregunta majadera: Cuándo vuelve Soda Stereo.

Guardando las proporciones, ser un ex Bunkers tampoco debe ser cosa sencilla en Chile. La marca dejada aquí por los penquistas es persistente, y basta un zapping radial para comprobarlo: Entre quienes aún cultivan esa cada vez más antigua costumbre, no es raro encontrar de manera recurrente temas como “Nada nuevo bajo el Sol”, “Bailando solo” o “No me hables de sufrir”, entre muchos otros.

Un beneficio, sin dudas, algo para regocijarse, pero que también genera consecuencias que suelen pagar los proyectos futuros. Si Lanza Internacional tiene similar destino, es temprano aún para saberlo. Sin embargo, desde ya podemos vislumbrar algo: Si eso ocurriese, no podría ser menos que injusto.

Porque la nueva empresa de los hermanos Mauricio y Francisco Durán tiene argumentos sólidos para plantear que la etapa Bunkers debe ser asumida como un bonito recuerdo, y que en nuestra mira hacia el futuro hay que guardar un espacio para el flamante trío.

La reciente Cumbre del Rock Chileno fue la más patente demostración. Tras algunas presentaciones más bien fuera del gran ojo popular, el grupo que completa el baterista mexicano Ricardo Nájera cumplió en el Club Hípico con su primera gran prueba en nuestro país, y el saldo es positivo.

Quizás sin la concurrencia de otros invitados a esa calurosa jornada sabatina, sobre todo los de cierre y los llegados desde la vereda del pop (Supernova, Camila Gallardo). Pero quienes estuvieron al pie de su escenario, seguro les fue transmitida la sensación de un proyecto consistente, que evidencia beber de diversos flujos, pero que termina haciendo confluir todo en algo de todos modos identitario.

Hay algo de Café Tacuba, de Devo, e incluso de otros referentes ochenteros como New Order (sobre todo por un Mauricio Durán que transforma a su bajo en protagonista) y la New Wave en general. De Los Bunkers, apenas una ventisca; de electricidad y energía, bastante; y de líneas pegadizas y recordables, por cierto que sí (no olvidemos de qué dupla artística estamos hablando).

Para quienes no los conocían, fue una sorpresa; para los que ya se habían adentrado en su trabajo, una reafirmación.

Lanza Internacional parece tener todo para seguir edificando el presente y brillar en el futuro. Lo único que falta, es que el viudismo no haga lo suyo y que los viejos bunkeros no les nieguen la oportunidad. O, en términos concretos, que no cometan el error de perdérselos.

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