A primera vista, da la impresión de que Gustaf Janson (73) es un empresario estructurado y pragmático. Su acento sueco, entonado con matices madrileños, intensifica ese aire severo que lo identifica. Pero sólo bastan un par de minutos para notar que más allá de los números, este escandinavo tiene una personalidad amable y en su corazón reina el arte.

Nació en Suecia, pero llegó a Chile hace 24 años, tras vivir una larga temporada en España. En Madrid, fundó las compañías Intertrade Consult S.A. y Tecnologías Internacionales S.A, y presidió la Cámara Hispano-Sueca. Una vez en Chile, creó varias empresas y se ubicó a la cabeza de las cámaras Chileno-Sueca, Chileno-Noruega y las Eurocámaras en diferentes períodos.

FOTO-16-Lirios

Pese a que su destino parecía ser los negocios, Gustaf jamás dejó de lado su pasión por el arte. Atracción que inició cuando sólo era un niño y estudiaba en un internado en Suecia. “No era muy bueno para el deporte, no se podía beber y no había chicas, por lo que de a poco me fui interesando en pintar”, relata desde su casa en Chicureo. En las paredes, destacan cuadros de reconocidos pintores extranjeros, pero también algunos chilenos como Roberto Matta y Arturo Pacheco Altamirano.

“Gracias a mi padre estudié negocios y se lo agradezco. Pero quizá si me hubiese dedicado 100% al arte habría sido mucho más feliz. Es algo que siempre ha estado dentro de mí, palpitando con fuerza”, relata este hombre que pasa sus horas plasmando colores. Para inspirarse, generalmente toma recuerdos de sus viajes —ha visitado más de 50 países— por lo que los paisajes y la naturaleza son una constante en su obra. “Viajar entrega mucha energía, porque la pintura no es sólo lo que tú ves, sino también lo que sientes. Personas, horizontes o una historia son material suficiente para crear”, dice, mientras recuerda osadas anécdotas que vivió en naciones como Irak, China, Australia o Francia.

FOTO-58-El-Toro

Hace poco, presentó casi setenta cuadros en la residencia de la Embajada de Suecia en Chile. Una instancia que lo llena de orgullo tras dos años de duro trabajo. “Mucha gente no tenía idea de que Gustaf Janson pintaba. Me gusta sorprender”, comenta risueño. La Patagonia, el desierto y el mar son tres de los elementos que más lo atraen de nuestro país y que se ha encargado de inmortalizar en varios cuadros.

Pero más allá de su geografía, hay un aspecto de nuestra tierra que lo mantiene inquieto: “En Chile nadie puede vivir del arte. Aquí no se cuida la pintura y esa es una gran pena. Hay que encontrar medios para resolver esos problemas, ya que faltan becas y apoyo. Lo que yo estoy pidiendo es que el gobierno se involucre. Con un pequeño esfuerzo se podrían hacer grandes cosas”, relata, y revela que uno de sus proyectos es crear una fundación para sentar las bases y ayudar al desarrollo del arte chileno. “Me gustaría dejar una piedra y pensar ‘aquí se empezó algo’. Yo estaría dispuesto a donar dinero, pero necesito unas dos o tres personas más que me apoyen”, declara.

Amante de los animales y de la naturaleza, no come carne y es un acérrimo aficionado a la navegación, Gustaf planea seguir pintando, a su modo autodidacta, con un sello en donde los colores suaves transportan a tierras lejanas. “No tengo un taller, así que pinto en mi casa en un atril. Soy bohemio, intento llevar la vida como yo quiero, pero cuando pinto, me meto en eso y estoy absolutamente solo. Es como hacer el amor, una cosa que me atrae y gracias a la cual me olvido de todo”, concluye.