Las autoridades y habitantes de Puerto Natales reclaman con razón. El parque Torres del Paine y la Patagonia chilena continúan apareciendo —en todos los rankings de revistas especializadas y sitios web— entre los 10 mejores destinos turísticos del mundo. Sin embargo, la hermosa ciudad situada en el extremo austral del país —a orillas del Canal Señoret, entre el Golfo Almirante Montt y el Seno Ultima Esperanza— no tiene vuelos directos desde Santiago, salvo en la llamada “temporada alta”, de noviembre a marzo.

El inconveniente —señalan los natalinos— es que actualmente la visita de los turistas es constante durante todo el año y ya casi no existe diferencia entre temporada alta y baja. Incluso el clima está siendo más parejo. Argumentan, además, que la mayoría de los turistas que diariamente llegan a las Torres del Paine deben viajar 300 kilómetros por tierra desde Punta Arenas a Puerto Natales y luego 112 kilómetros más para llegar al parque natural.
Por ello, la soleada tarde del pasado 14 de noviembre, las autoridades de Puerto Natales recibieron con alegría el vuelo Latam inaugural de la temporada 2018, directo desde Santiago (3 horas 10 minutos).

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Al salir del remodelado aeropuerto Teniente Julio Gallardo rumbo a Natales, el reclamo de los natalinos por vuelos directos todo el año cobra más fuerza: bordeando el mar comienzan a aparecer entre verdes llanuras modernos hoteles cinco estrellas, entre ellos, The Singular, Remota, Noi Indigo, Weskar Lodge, entre otros. Se trata de construcciones bajas de madera que miran al antiguo muelle. A ellos se suman cabañas y hostales ubicados en el centro de la ciudad del viento.

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Las 4 estaciones

Camino al Parque Torres del Paine, el guía cuenta que fue en ese lugar, al llegar a Cerro Castillo, donde se inspiró Gabriela Mistral para escribir Desolación, uno de los poemas inaugurales de su obra. “El viento hace a mi casa su ronda de sollozos y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito / Y en la llanura blanca, de horizonte infinito, miro morir intensos ocasos dolorosos”, dice el poema publicado en 1922. Continúa el viaje en medio del vuelo rasante de cóndores, manadas de guanacos y uno que otro ñandú que se atraviesa por la carretera.

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Está despejado y a lo lejos se divisa el cerro Paine —cuya cumbre alcanza los 3.050 m—. Más allá las torres y luego los cuernos del Paine. La advertencia del guía es que hay que aprovechar cada momento, porque en un instante todo puede modificarse. Los cambios del tiempo —dice— pueden hacernos pasar por las cuatro estaciones del año en 12 horas. Algo que comprobaríamos más tarde.

Justamente esa mañana, a ratos, el sol pegó como en el norte, pero horas después lloviznó, granizó, las nubes taparon completamente las montañas y el viento sopló con mucha fuerza. Hay que destacar que, pese a la lejanía, Torres del Paine es un destino democrático. Se puede alojar en un elegante hotel por muchos dólares y también en un camping por tres mil pesos.

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Así todos pueden disfrutar de la misma manera sus valles, ríos, lagos color calipso, cascadas y glaciares —Grey, Pingo, Tyndall y Geikie—, pertenecientes al Campo de Hielo Sur. Por todo ello, National Geographic escogió a este parque como el quinto lugar más hermoso del planeta. También fue seleccionado como la octava maravilla del mundo en 2013, luego de que recibiera más de cinco millones de votos en el concurso que realizó el sitio Virtual Tourist.

Hace algunas semanas, Chile fue elegido por la guía tiurística Lonely Planet como destino imperdible de 2018 y, sin duda, la Patagonia chilena con sus glaciares, montañas y ríos torrentosos, es uno de los lugares que inclinó la balanza a su favor.