Antes de que comenzara a sonar una y otra vez su nombre en los medios locales debido a la supuesta estafa cometida por Rafael Garay, Brasov, la localidad más poblada de la región rumana de Transilvania, ya contaba con un prontuario amplio de historias y personajes siniestros capaz de relegar la historia de nuestro ‘célebre’ compatriota, a un sitio casi irrelevante dentro del anecdotario de la ciudad. Verdaderas leyendas del bajo mundo que con más o menos publicidad y adornos propios de la mitología popular, le han ido dando a este lugar rodeado de montañas y bosques densos, la reputación de ser uno de los territorios más enigmáticos e intrigantes de Europa del este.

El ejemplo más icónico es el de Vlad III, el príncipe de Valaquia (actual zona sur de Rumania), conocido popularmente como el Conde Drácula. Su historia es sin duda la que mayor atención obtiene entre los visitantes, aunque a los locales fastidie un poco la eterna reseña al hombre pálido, de capa negra y de colmillos afilados. Su popularidad nació a fines del siglo XIX, gracias a la obra del novelista irlandés Bram Stoker, y a la eterna secuela de películas y series inspiradas en ella, lo que sólo ha aumentado las fantasías del imaginario popular.

Lo cierto es que Stoker se inspiró en Vlad III para crear a Drácula, debido a la personalidad sádica del príncipe y esa curiosa afición que —dicen— tenía por tomarse la sangre de los enemigos de su imperio. Porque Vlad era de temer y cualquiera que osara contradecir sus intereses o los del imperio, como los germanos y turcos, solían morir a su merced en grandes cantidades y bajo su técnica de tortura favorita: el empalamiento.

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Otra leyenda capaz de dar escalofríos a cualquiera es la que envuelve a la catedral de Santa María, conocida popularmente como ‘la iglesia negra’, una de las construcciones góticas más espectaculares de toda Rumania, y que está ubicada en la plaza central de Brasov. El edificio que debe su nombre a un incendio provocado en el siglo XVII, no sólo muestra sus cicatrices producto de los disparos de bala provocados por la revolución en contra del régimen comunista de Nicolae Ceausescu en diciembre de 1989, sino que también aquí está la escultura de un niño a punto de caer al vacío, que sin duda llama la atención de todas las visitas.

Su historia cuenta con varias versiones —todas macabras por cierto—, estando entre las más conocidas la que narra que éste era el hijo muy mal portado del sacerdote de la iglesia y que como castigo habría sido confinado al ático durante los días en que sucedió el mencionado siniestro. Las llamas lo abrían alcanzado y éste al tratar de huir habría caído al vacío. Una segunda teoría es que fue arrojado desde uno de los pilares por un trabajador celoso debido a su buen desempeño durante la construcción de la iglesia. El niño al parecer era un aprendiz con grandes habilidades para la albañilería, lo que le estaba dando un gran prestigio en el pueblo, superando incluso al director de la obra. Por lo mismo se presume que fue éste quien lo habría empujado de la torre con el objetivo de recuperar su protagonismo. Ante tal tragedia el resto de los trabajadores decidieron esculpir su cuerpo para que su legado nunca pasara al olvido.

Con este mito y otros que muchas veces cuentan también con escenarios góticos, lobos, sangre y castillos embrujados, Brasov pareciera cargar con un karma inclinado siempre a la desgracia, lo que por cierto es un estímulo para el visitante con ánimo de acelerar su corazón y erizar sus pelos. Pero lo cierto es que a primera vista la ciudad se muestra encantadora y colorida, con calles de adoquines, siempre semivacías, balcones floreados y locales que viven tranquilos y sonrientes. Como en el mejor relato de terror en donde en un principio los escenarios suelen demostrarse apacibles y encantadores.

Un paseo por el centro obliga primero a parar por un café —o una cerveza dependiendo del clima— , en las terrazas de los restoranes que rodean la Piata Sfatului (Plaza del Consejo), que por lo demás ofrece una gran vista a varios lugares icónicos de Brasov, como la Casa del Consejo, mansión de estilo medieval que funcionó como el ayuntamiento de la ciudad desde el siglo XIII; la Casa de los Mercaderes hoy transformada en galería comercial y por cierto de los cerros boscosos que varían de color según la temporada.

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En esta plaza también es donde normalmente se concentran las actividades culturales de la ciudad, entre las cuales destacan festivales musicales como el Golden Stag, que ha traído a artistas de renombre como INXS, Ray Charles, Pink o Tom Jones, o el Red Music Festival que se anuncia para el verano del 2017 y que promete en siete días poner en escena a más de 150 artistas y 100 DJs.

Los castillos Peles y Bran en tanto, son los atractivos emblema para quien visita Transilvania. Si bien quedan en las afueras de la ciudad son muy fáciles de alcanzar en tren desde la estación central o en un auto arrendado y, en su condición de museo, cuentan con visitas guiadas en varios idiomas. El primero queda ubicado en el pueblo de Sinaia, 50 kilómetros al sur de Brasov y era la residencia veraniega de los reyes Carlos I e Isabel de Wied y si bien era utilizado como casa de descanso, aquí se llevaron a cabo importantes reuniones políticas que determinaron el futuro de Rumania antes de la ocupación soviética.

Espectaculares salas de armas, salones de baile, biblioteca con pasadizos secretos e incluso un espacio diseñado bajo el concepto de arquitectura mora, que tenía como objetivo trasladar con la mente a sus visitantes a los rincones de un palacio marroquí, son parte de sus atractivos. Además un entorno campestre y aislado, cruzado por un río tranquilo donde las mujeres de la corona solían pasar las tardes de verano, le da al palacio todo el atractivo restante.castillo-1

El mucho más famoso castillo de Bran en cambio, tiene todo lo que el turista necesita cuando está buscando el ya mencionado lado oscuro de Brasov, porque esta edificación medieval es conocida como el verdadero castillo de Drácula, aunque hay versiones que sostienen que Vlad III nunca vivió aquí y que ‘El empalador’, sólo se habría hospedado en una que otra ocasión, principalmente cuando se encontraba en aprietos debido a invasiones otomanas.

Quien sí vivió en este castillo fue la reina Marie de Rumania también bajo la modalidad de residencia veraniega y fue precisamente ella quien estuvo al frente de los trabajos de restauración, hasta dejarlo tal como fue narrado en el posterior best seller. Porque al final la única conexión existente entre Bran y Drácula es la obra literaria. Por mucho que los operadores de turismo intenten vender una historia diferente.

Lo que sí se ha transformado en la última frontera en la explotación turística de Brasov, son sus paseos para observar su vida natural y salvaje, que no es menor considerando que la ciudad está rodeada de los montes Cárpatos y de más de 50 mil hectáreas de bosques. Por lo mismo, se han hecho populares las visitas guiadas para la observación en terreno de osos cafés, venados, lobos y algunas de las más de 300 especies de aves que se concentran principalmente en los deltas del Danubio.

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Ahora y si esta última opción le parece demasiado apacible y usted quiere llevar un poco más lejos y seguir con la ruta de lo tenebroso, los bosques de Transilvania también ofrecen esta opción. Se trata de una visita al enigmático bosque Hoia-Baciú, más cercano a la capital de la región Cluj-Napoca que de Brasov, pero aun alcanzable.
Los locales apenas se atreven a pisar el llamado Triángulo de las Bermudas de Rumania, porque según dicen, aquí hay una especie de puerta que los conecta con otra dimensión, teoría basada en misteriosas desapariciones ocurridas a lo largo de la historia, en donde se perdió el rastro de las víctimas y nunca más se supo de ellos. Sin duda un dato que el mismo Rafael Garay hubiese querido manejar antes de ser encontrado por la policía.