Armados para el frío, con primera y segunda capa. Así llegamos a San Pedro luego de una y mil advertencias sobre lo helado que se pone después de las cinco de la tarde. Sin embargo, los casi 20 grados hicieron volar parkas, chalecos y bufandas, y ese calorcito duró hasta bien entrada la tarde. Un verdadero día de verano tras casi cuatro horas de viaje, dos en avión desde Santiago, y otras dos por tierra desde Calama.

Cada año recibe unos 245 mil turistas (el 70 por ciento de ellos europeos), y dicen que esta cifra podría dispararse ¡en 100 mil más! cuando se disponga al público paseos al Observatorio Alma.

De entradita, en este pueblo sencillo, con caminos sin pavimentar, impacta la imponente cordillera de la Sal, de color ladrillo, que se formó en el fondo de un gran mar interior. Pero luego vendrían varias otras sorpresas… La cantidad de hoteles y hostales en casi todas las cuadras dan cuenta de lo visitado que es San Pedro. Cada año recibe unos 245 mil turistas (el 70 por ciento de ellos europeos), y dicen que esta cifra podría dispararse ¡en 100 mil más! cuando se disponga al público paseos al Observatorio Alma —a cinco mil metros en el llano Chajnator—, que alberga la mayor instalación astronómica del mundo. Por algo varios empresarios turísticos están en campaña de profesionalizar el rubro para ofrecer un mejor servicio.

Los precios de alojamiento pueden ir desde 14 mil (hostal), 70 mil (lodge) hasta dos mil 760 dólares por tres noches en el hotel Explora. En el Altiplánico, la habitación doble standar vale $ 120 mil. Con 29 cabañas de adobe y techos de coirón desplazadas en dos hectáreas de jardines, este lugar encanta por su decoración andina. Tiene, también, piscinas con reposaderas y quincho, varias terrazas y un enorme fogón-mirador para observar las estrellas. La cocina está a cargo del chef Gabriel Fuentealba. Lo principal: no tiene TV, ni piensan poner como una manera de contener a los pasajeros luego de sus encuentros con los paisajes nortinos que impactan fuerte.
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Las ofertas para conocer San Pedro son inagotables. La mayoría de las agencias ofrecen los clásicos paseos a Valle de la Luna, Valle de la muerte, laguna Cejar y Tebinquinche, Ojos del Salado y los Geyser del Tatio. Turistour, a cargo de guías bilingües y con alto conocimiento del lugar, vende paquetes express para dos o tres días.

Muchos visitantes, sin embargo, optan por arrendar bicicletas en el pueblo (a $ 3.500 las seis horas) y arman sus propias travesías. Un panorama recomendable: pedalear hasta El Pukara de Quitor (a 3 km al norte del centro). Siguiendo la ruta del río San Pedro, y tras el pago de $ 3 mil, es posible acceder a estas imponentes ruinas enclavadas en una colina, que fueron asentamiento de culturas preincaicas construido en el siglo XII con fines defensivos.

Desde allí, se puede continuar pedaleando al oeste, hasta la plaza de Quitor —donde un inmenso árbol invita a entrar a un estrecho laberinto que conduce a una cueva—, y seguir al valle Catarpe. Previo cruce de un riachuelo, llegamos hasta la Garganta del Diablo, un sector de la cordillera de la Sal, donde las paredes se angostan tanto que apenas deja espacio para pasar. Aquí los juegos de luces y sombras, los túneles, pasadizos y la profunda soledad dan un tono de aventura al paseo.
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Ahora, si de aventura se trata, vale no perderse las excursiones extremas como las que llevan al salar boliviano Uyuni, famoso por sus espejos de sal, donde uno puede conocer lugares extremadamente inhóspitos por sobre los 4.500 metros. Son tres días a bordo de un jeep para cuatro personas, pasando por salares, lagunas, reservas naturales. Hay que dormir en hostales en medio del desierto. Como el hospedaje y comida boliviana resultan muy barata, esta expedición cuesta unos $ 150 mil.

Los más románticos —no por eso menos aventureros— tienen la opción de recorrer a caballo volcanes, valles y lagunas altiplánicas de San Pedro. El paseo puede durar hasta diez días, incluyendo una noche de camping en medio del desierto bajo un espectacular cielo estrellado. Atacama Horse Adventure vende este servicio, con cabalgatas programadas sólo en ciertas fechas del año.

Noches prendidas

Caracoles, la calle principal, es el centro neurálgico, donde confluyen lugareños con turistas y con quienes se quedaron a vivir. Un panorama entretenido ahí son las ferias artesanales cerca de la plaza, aunque los precios más bajos están en las tiendas de la galería de bolivianos y peruanos, a un costado de la iglesia.
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No existe callecita sin restoranes abarrotados, varios de ellos con música en vivo y otros abiertos al cielo con enormes fogones para calentar el ambiente. Forman pare del cuadro de honor: Adobe, Estaka, Blanco y Casona. Su oferta gastronómica va desde platos vegetarianos, lomos con salsa rústica, salmón, risotto, pizza hasta cebiches a la peruana y tablas de queso, aunque uno de sus grandes valores es que cuenta con generadores de luz, por lo que en caso de corte de corriente —que suele ocurrir a menudo, al igual que el agua—, no interrumpe la cadena de frío de los alimentos.

Pubs en San Pedro ¡no existen! aparte del Chelakabur que sólo vende cervezas. Los demás pueden parecer pubs, pero son restoranes. Durante la semana están abiertos hasta la 1 AM, y fines de semana hasta la 1:30. Hace rato hay una especie de “ley seca” en este pueblo.