También conocida por Benáres, esa sagrada ciudad es todo lo que buscaba para irme con una buena sensación de este país.

Todo la locura de esa llamativa cultura la descubrí en este lugar que ha inspirado cientos de libros, reportajes y películas. Respirar el verdadero aire de la India, el machismo, la espiritualidad, la devoción, la religiosidad y la cruda pobreza.

Mis días en Varanasi no fueron en las mejores condiciones, llevaba cinco días muy enferma. De todas formas, lo primero que hice al llegar fue ir a ver los Ghats, peldaños sagrados que te llevan al Río Ganges, más conocido como “Mother Ganga”. Me tocó ver la ceremonia del fuego, personas cantando, tocando campanillas y elevando unos candelabros al cielo en las orillas del río más sagrado del país.

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En la ceremonia había mucha gente rezando y muchos turistas invadiendo con flashes, supuse que se trataba de un show turístico y no puse tanta atención. Luego averigüé que se trataba de la ceremonia Aarti que se realiza todos los días en la tarde para agradecer a la Diosa Ganga, que según las tradiciones, habita en el río. La ceremonia se puede ver desde los Ghats Dasashwamedh y Man Mandir.

“Mother Ganga” nace en los Himalayas, para los hindúes el río continúa desde el cielo a la tierra y todos los que toquen sus aguas serán purificados, lo cierto es que el río Ganges tiene altos índices de contaminación, llegando a ser el más contaminado del mundo, por lo que hoy las tradiciones religiosas se han convertido en un gran problema para el gobierno que lucha para que los hindúes dejen de darse baños ahí.

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En los días que vinieron despertaba con las energías muy bajas, seguía enferma y decidí ir al hospital de Benarés, la consulta me costó el equivalente a $200 pesos chilenos. El doctor ni me miró, sólo me dio antibiótico, antiparasitario y otros medicamentos más. ¡A los tres días ya estaba bien! Viajeros ojo con esto, los hospitales en India si funcionan.

Lo positivo de esta travesía es que mi malestar no me impidió conocer y conectarme con la maravillosa ciudad de Varanasi, donde no sólo las cremaciones son realmente impresionantes, sino todo lo que lo rodea; las personas, los hombres sagrados, los niños con ojos delineados, los ancianos que van a las orillas del Ganges a esperar la muerte y la cantidad de ritos y leyendas que se viven día a día.

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La ciudad sagrada recibe las 24 horas del día cientos de cuerpos para ser quemados, cada cremación dura alrededor de tres horas y se gastan 300 kilos de madera, -según cuentan los indios-. Hay algunas excepciones en que los cuerpos no pueden ser quemados y los arrojan al río, niños, madres embarazadas, leprosos, picados por cobras y a los Saddhus más conocidos como “Holy Man” (monje que sigue el camino de la penitencia y la austeridad).

Durante las cremaciones no vi mujeres y la razón es realmente increíble; antiguamente las mujeres que asistían a los funerales de sus maridos se tiraban encima de las piras de fuego y se quemaban vivas junto con sus esposos. Pues uno de los 1.200 dioses que existe en la religión hindú, manda que “al morir con tú hombre las almas permanecerán unidas para el resto de su vidas o en una posible reencarnación”.

Historias como ésas y una cosa más extraña que la otra hacen que Varanasi sea el tesoro de la India, el lugar que guarda en el recuerdo vivo sus más antiguas tradiciones. Recomiendo a todo viajero que vaya a India atreverse a parar en Varanasi a lo menos tres días.

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