Los días pasan y no me doy cuenta, lo único que sé es que ya estoy haciendo el conteo regresivo, me queda menos de un mes acá y ya siento que me estoy despidiendo de la Isla Paraíso, la Isla del Amor, La Isla mágica, la Isla Libertad.

Una vez vi una obra de teatro que dirigía un amigo argentino, se llamaba Todos mis Miedos, la verdad es que me he sentido así estas últimas dos semanas, enfrentada a todos mis miedos, se ven como monstruos y como sombras, incluso como esas criaturas en las películas de terror.

Estos 4 meses he aprendido más de mi misma que nunca, estar suficientemente despierto como para notar todo lo que te pasa es una lección de vida, igual que cuando no estás viajando, pero la verdad es que cuando eres “turista” estás mucho más alerta porque todo es nuevo.

Fue así como me di cuenta que he repetido mil quinientos patrones que tengo y cada vez que lo hago después me enojo conmigo misma, eso también es un patrón; enojarme conmigo en vez de perdonarme y o ser menos dura en enjuiciarme y seguir adelante, tratando de obrar distinto la próxima vez. La vida se propone entregarte todo lo que necesitas para aprender, pero estos meses es como que lo ha hecho a presión. Aun recuerdo que mi amigo Leonardo en Chile, me lo dijo en nuestra última sesión, tienes que irte para aprender todo lo que necesitas, si en cambio decides quedarte también vas a aprender pero te va a tomar años llegar a lo mismo. Exactamente así ha sido, la sensación es como si me hubiesen metido a una lavadora y aun no estoy ni cerca de terminar mi ciclo, por momentos el universo me da treguas, me pone en pausa, pero luego vuelve con todo.

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Hay días en que me pregunto si voy a ser capaz, hay días que solo quiero estar en Chile, hay días que solo quiero volver a tener 5 años, la edad feliz y libre, cuando aun no era consciente de lo doloroso que podía ser entender el mundo. Se que estoy siendo más gris esta vez, tal vez menos optimista y ese no es el estilo que me caracteriza, pero esta es mi verdad de estos días, porque también me hundo a ratos, y porque al igual que el mar de Hawaii, hay veces en que estoy arriba de la ola sintiéndome imparable y otros en los que la ola me bota y ni con todo el braceo del mundo logro salir a respirar. Ahora estoy viviendo ese proceso, aprender a respirar bajo el agua, encontrar caminos para lidiar mejor con esos días, aprender también a querer esos días y ojalá sacar alguna conclusión que le sirva a alguien más que a mi.

Finalmente me di cuenta que todo lo que me pasa acá son los mismos miedos que tengo tenía en Chile, se presentan en otros escenarios con otros actores, pero intentan enseñarme lo mismo, y no importa cuan lejos estés, la vida te va a seguir mostrando hasta que aprendas por fin a montar esa bicicleta. No puedo ser tan dura conmigo, he aprendido y MUCHO, pero mi ansiedad siempre quiere llegar a la meta sin pasar por el proceso. Lo bueno es que aquí tengo al mar, los cerros que puedo escalar, y la brisa que trae todo el aire para respirar, y en eso trato de enfocarme cuando todo se nubla, empiezo a buscar los arcoíris.

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En un mes parto a Chicago por una semana a ver a mis sobrinos hermosos, y luego me subo a varios aviones rumbo a India a hacer el curso de formación para ser instructora de Yoga.

Veremos que pasa en el proceso estando 1 mes encerrada en un templo levantándome a las 5 de la mañana para hacer Yoga, luego meditar, luego más Yoga, luego filosofía del Yoga, pera terminar con un festín de comida Ayurvédica. Tengo mucha curiosidad de saber qué va a pasar.

Me reía tanto cuando me decían que mi viaje era como el libro Comer Rezar y amar,encontraba que era un lugar tan común, pero recién caí en la cuenta que mi Italia fue Hawaii, que ahora parto a India a un templo, y luego me voy a Bali… Y les prometo que según el calendario que hice antes de decir adiós, ahora tocaba Europa, pero el universo tenía otros planes para mi, inesperados, felices y desafiantes.

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