Cuando Fernando Pessoa —el más célebre poeta lusitano— caminaba hasta las orillas del Tajo, para ver a los barcos entrar y salir del puerto, solía gobernarlo la nostalgia. Ya en la costanera, aguzaba la mirada a la espera de un barco casi imposible: “Hay barcos para muchos puertos, pero ninguno para ese lugar donde la vida no duele, ni un sitio donde desembarcar para olvidar”. Lo buscó insistentemente hasta que con 47 años una enfermedad hepática se lo llevó. Me pregunto si su mirada de las cosas pudo cambiar de haber visto entrar entonces, desde el Atlántico, al Anthem of the Seas.

El supuesto es en sí mismo una utopía: Pessoa dejó de existir en noviembre de 1935, mientras que el Anthem of the Seas —el más moderno de los cruceros de la Royal Caribbean— acaba de ser inaugurado en abril de este año. Pero no hay que ser demasiado imaginativo para suponer que de haberlo visto pasar frente a sus ojos, Pessoa se habría impresionado. Basta decir que de proa a popa es tan largo como cinco Boeing 747, que la altura de sus 16 pisos equivalen a 2 veces y media el tamaño de la Pirámide de Giza, que sus 2.090 camarotes ofrecen una capacidad para 4 mil 180 pasajeros.

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Cinque terre, la magia de los pueblos de  la Liguria  en la travesía que recorre desde Inglaterra hasta Roma.

Por lo menos aquí, en el puerto de Southampton, desde donde ahora lo miro, el barco impresiona. Estoy a punto de subir al viaje inaugural del Anthem of the Seas y ya sé que se trata de uno de los cruceros de lujo más modernos del mundo, donde la tecnología es la reina —cuenta incluso con un bar biónico—. Y por si eso no bastara, la ruta que cubre obliga al ensueño: las Islas Canarias y el Mediterráneo.

Luego me enteraré que la ruta por el Mediterráneo es el destino que más prefieren los chilenos —después del Caribe, que acapara el 60% de la demanda anual de 30 mil compatriotas que vacacionan en cruceros—. Como explica Patricio de la Sotta, gerente comercial de Interexpress, la compañía que representa a Royal Caribbean en Chile: “Muchas parejas están eligiendo la ruta del Mediterráneo como destino de su luna de miel, lo que diversifica la demanda por esta forma de hacer turismo”. 

Y aunque yo no tengo por delante luna de miel alguna, siempre será interesante adentrarse en ciudades que guardan dentro suyo el alma de la Humanidad. 

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Un musical al estilo de broadway con la música de Queen para  la diversión nocturna.

Porque llegar a La Spezia para recorrer la costa de las Cinque Terre, un universo de acantilados coronados por casas coloridas, escaleras y caletas de pescadores, es solo un pretexto para seguir a Florencia, la patria de los Medici, de Miguel Angel y Boticelli, la cuna del Renacimiento, el lugar donde es posible admirar maravillas como la cúpula de Santa María del Fiore, el Ponte Vecchio o el David del propio Miguel Angel. 

Porque nadie podría negarse a perderse en Roma como Bill Murray se perdía en Tokio y encontrar una italiana parecida a Scarlett Johansson con quien lanzar unas monedas a la Fontana di Trevi, tras recalar en Civitá Vecchia desde donde trasladarse a la ciudad eterna.

Porque para algunos será tan placentero llegar a Marsella para ver un juego del Olympique de Marcelo Bielsa —el ex seleccionador nacional convertido en un fenómeno en Francia— como subir hasta la Notre Dame de la Garde —una basílica completamente bañada en pan de oro ubicada a 200 metros sobre el nivel del mar— para contemplar la ciudad en toda su magnitud. 

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Para quienes quieran aprender SURF, el barco tiene una piscina con olas artificiales.

Porque ir a Cádiz es ir a la ciudad habitada más antigua del mundo occidental, con una historia de más de 3.000 años de antigüedad; o a Vigo, el lugar ideal para comerse unas ostras o un pulpo a la gallega —lo mejor de la gastronomía de Galicia  se puede encontrar en los paradores y restoranes de Vigo—, cuando no visitar algunas de sus mejores playas: Samil, Alcabre y Canido.

Personalmente, me anima una de las últimas paradas de la ruta del Anthem of the Seas: Lisboa. Hay razones de sobra para querer bajar en la capital lusitana: los versos de Pessoa, el fado, los tranvías, el castillo de San Jorge, el Tajo mismo.

Pero en esta ocasión la ruta de ensueño queda postergada. Salimos a altamar sin recalar en puerto alguno. El objetivo, en este viaje inaugural, es conocer el barco en profundidad: una ciudad en sí mismo; un canto a la entretención, diría el poeta. 

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Cádiz, la ciudad habitada más antigua del mundo occidental, con 3.000 años.

Partimos viviendo una experiencia poco usual, entrar en el primer simulador de paracaidismo en altamar: el RipCord by iFLY. Se trata de un cilindro de siete metros que tiene en su base una turbina que lanza un chiflón capaz de hacer volar hasta un elefante. Y sí, ¡puedo volar! No como Juan Salvador Gaviota, pero al menos me mantengo a un metro del suelo, con los brazos abiertos, por espacio de un minuto.

Con el North Star me cobro revancha. Se trata de una cápsula de vidrio direccionada por un brazo mecánico que la eleva a más de 90 metros del suelo, permitiendo panorámicas increíbles del barco en mitad del océano.

Me tomo un tiempo también para volver a la infancia subiendo a los autos chocadores  dispuestos sobre la superficie del Seaplex, un espacio para hacer deportes, patinar y bailar, para conducir una moto o un auto en simuladores ochenteros —del estilo de los que había en los Juegos Diana, en el Santiago profundo—, pero paso de subirme a una ola en el simulador de surf —nunca he sido bueno con la tabla—.

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En Marsella, una vista de la Notre Dame de la Garde, una basílica con su cúpula bañada en oro.

El resto es un festín de comidas y brindis. Y esa sensación inequívoca de que un crucero es mucho más que el ocio del turista: en la tripulación están representadas 70 nacionalidades, entre las que no faltan los chilenos. Montenegrinos, mexicanos, serbios, filipinos, rumanos, colombianos, húngaros, brasileños, hacen de la vida a bordo una réplica del mundo. 

Cuando cae la noche, y luego de ver una obra al estilo de Broadway inspirada en la música de Queen, me tomo un vino australiano, a sugerencia del sommelier que también es chileno, y pienso  si ese barco que esperaba Pessoa, ese donde la vida no duele, no habrá sido el Anthem of the Seas.

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Tras recalar en Civita Vecchia, los turistas pueden trasladarse a Roma para visitar los monumentos del antiguo imperio.

CÓMO LLEGAR
Oficinas en Santiago: Enrique Foster norte 80 Piso 1, Las Condes.
Teléfono: +56 227546803.
www.interexpress.cl

COMER
Jamie’s Italian
El chef Jamie Oliver, uno de los cocineros más famosos del Reino Unido, ofrece su particular interpretación de la cocina italiana.
Wonderland
¿Se imagina el universo de Alicia en el País de las Maravillas llevado a un restorán? El Wonderland recrea el mundo de C.S. Lewis en su puesta en escena y sorprende a sus comensales con platos de cocina imaginativa como los huevos de búfalo y el Sashimi de atún rojo y blanco. ¡Descúbralos!
Silk
Fusión de los mejores sabores de las cocinas de China, Japón, Tailandia, Vietnam y la India. Cordero al curry condimentado con cúrcuma, comino y ají rojo y cocinado a fuego lento. Atún recubierto por una costra de jengibre y sésamo.
Chic
Para sibaritas modernos la mejor cocina internacional de primera línea.

COMPRAR
Un crucero de lujo sin tiendas es como un jardín sin flores. Acá hay joyas y accesorios de las marcas más renombradas: Bulgari, Cartier, Hublot, La Prairie, TAGHeuer, Effy, Uno de 50 y Ray-Ban, entre otras.

SHOWS
A la manera de Broadway, el Anthem of the Seas ofrece dos espectáculos de variedades. Se trata de musicales bien diferentes. We will rock you, inspirado en la música de Queen. Una historia de amor construida a partir de 24 éxitos de la banda de Freddy Mercuri, entre los que se cuentan: Another One Bites the Dust, Crazy Little Thing Called Love, We Are the Champions, Bohemian Rhapsody, y, por supuesto, We Will Rock You.
El otro espectáculo es Spectra´s Cabaret, una creación en donde la música y los efectos especiales dan vida a un espacio lleno de ritmo e ilusión.