Por años los habitantes de la región de Nord-Pas- de-Calais fueron objeto de burlas y chistes por parte de los propios franceses. Era más glamoroso vivir en el sur que ‘hibernar’ en el norte. Así Lille, y su particular dialecto de herencia picarda, quedó relegado al disfrute de los ch’tis. Eso, hasta que en 2008, y como solo pasa en la vida real, una comedia titulada Bienvenidos al norte batió récords de espectadores y puso a la zona de moda. A su paso reivindicó la cultura, la calidad de vida y el orgullo regional de Lille, la cuarta ciudad más poblada de Francia, cuna del general De Gaulle, a quien le tienen consagrada su gran plaza.

Nos hemos propuesto pasar tres días en Lille para andarla y desandarla; ir a su zoológico gratuito o ver la colección de dibujos de Raphaël que guarda el Palacio de Bellas Artes. Queremos aprovecharla a pie y en metro; comprobar si las papas fritas del Sensas, una baraque à frite ubicada a un costado del parque Lebas, son realmente las mejores de Francia; si logramos encontrar la flamiche o tarta salada con queso maroilles y llevarnos una botella de la cerveza Ch’ti de recuerdo. O volvernos locos comprando libros en el Furet du Nord para salir a la calle con ‘nuestra’ bolsa característica, casi un pasaporte de ciudadanía ch’tis.

undestinointerior1

Antes de salir por la ciudad hay que revisar el parte meteorológico y solo entonces programar el día. En 2015, de los 365 días del año, llovió en 188, es mejor llevar capucha o paraguas.

Nos habían dicho que Lille era una ciudad universitaria y eso se nota en cualquier salida nocturna por calle Solférino. Es difícil ponerle palabras, pero la juventud le aporta un buen desparpajo a un lugar que podría ser más duro.
Aunque a simple vista parezca una localidad hecha de piedra y ladrillos rojos, tiene uno de los mayores índices de áreas verdes del país con proyectos emblemáticos como La ciudadela. Así es que si bien hay que caminar por las callecitas adoquinadas y aprovechar la zona comercial como la Béthune, Lille también es generosa en oasis para un improvisado picnic.

Otra buena manera de tomarle el pulso es subiendo 104 metros hacia las nubes, a la Torre Beffroi, el punto más alto de la región construido en 1932 y patrimonio mundial de la Unesco. Desde aquí, en el centro mismo de Lille, podemos distinguir la plaza Roger Salengro y trazando una línea recta al sur, buscar las rejillas rojas del Parque Jean Baptiste Lebas; o el canal del río Deûle, y si el día acompaña, programar algún paseo en bote.

undestinointerior2

Una vez en la calle, hay que decidir: caminar, arrendar una bicicleta o tomar un tour en citroneta descapotable. Como queremos recorrer el centro más antiguo, seguimos a pie. Las vitrinas de pequeñas tiendas nos tientan a cada paso, los vitrales de una ventana o el detalle de un picaporte, pero distraernos es la idea. Y así vamos admirando las fachadas de aires flamencos (hasta 1667 Lille perteneció a Flandes) que rodean la Gran Plaza o la antigua bolsa, un sinfín de casas comerciales al estilo siglo XVII y que nos trae información de cuando la ciudad pertenecía al imperio español.

En Francia, cuna de la alta costura, no sería raro encontrar museos dedicados a la moda y al diseño en todas sus formas. Los hay en París, Lyon y en… Roubaix, una localidad a 30 minutos de Lille, casi frontera con Bélgica. Lo que distingue este lugar de cualquier otro es que el Museo del Arte y la Industria André Diligent está emplazado en el edificio donde, entre 1932 y 1985, funcionó la piscina municipal de Roubaix. Por eso, hoy es más conocido bajo el nombre de La Piscine. Un lugar donde moda, historia e industria tejen sus hilos más profundos.

La conexión de Roubaix con el mundo de la moda viene por su pasado textil. Su historia se remonta al siglo XV. Ya entonces existía rivalidad con la vecina Lille, ciudad que tenía el monopolio de la fabricación de telas hasta que, en 1469 Pierre de Roubaix obtuvo el derecho a fabricar tejidos. Desde entonces y hasta 1791, año en que se abolieron algunos privilegios, los artesanos de Roubaix no hicieron más que pulir su hábil manejo textil. A punta de audacia e inventiva llegaron al siglo XIX listos para aprovechar las ventajas de la Revolución Industrial y el horizonte se llenó de chimeneas y fábricas. Hasta la década de los ’60, fue el primer centro industrial de textiles de Francia. Sin embargo, entrando a los ’80 el mundo ya no valoraba de igual forma las artes manuales. De ahí al cierre de fábricas, hubo solo un paso.

undestinointerior3

Sin este antecedente, quizá muchos visitantes se sorprenderían al encontrar una pequeña chimenea en la entrada, sin duda, testimonio de lo que fue la ciudad. Patrimonio puro que este 17 y 18 de septiembre se puede admirar, con entrada gratuita, en el marco del día del patrimonio europeo. Todo Roubaix —toda Europa— abre sus edificios e iglesias y se arman mercaditos en cada plaza.

La protagonista, en cualquier caso, es la piscina rodeada de un séquito de esculturas. Todo escenificado —incluido el audio— para transportarnos al tiempo en que bañistas de todas las edades se zambullían en lo que hoy es un espejo de agua. Viaje en el tiempo, pero no viaje detenido por Lille, la ciudad del norte galo, más anclada en el corazón de Europa.