Hoy el sistema nos exige tener más y más títulos universitarios, y así nos pasamos la vida encerrado entre cuatro paredes, de la casa a la universidad, de la universidad a la oficina.

Viajar trae tantos beneficios que invito a todos, que antes de seguir avanzando en sus estudios destinen parte de su tiempo y dinero en viajar, en conocer las culturas en primera persona, no por libros, documentales o relatos, sino por ustedes mismos. Parte importante de viajar es el factor sorpresa: ver, experimentar, sentir, acogerse a lugares diferentes, entender y apreciar realidades lejanas.

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Tengo ganas de hacer una lista de todas las virtudes que trae viajar, pero no encuentro las palabras precisas para describirlas. Haré todo mi esfuerzo en contarles lo que uno recibe al viajar, y aunque pueda trasmitirles sólo un cuarto de mi vivencia, este blog habrá valido la pena.

Desde muy chica que viajar me entusiasmaba de sobre manera –tengo una madre esotérica y para los años nuevos preparábamos una sarta de ritos para enfrentar la nueva etapa de la manera más positiva posible. El anillo de oro en la copa de champaña, arroz en todas las esquinas de la casa para ahuyentar las malas vibras, calzones amarillos para la fortuna y el amor, 12 granos de uvas, unas buenas cucharadas de lentejas e ir a dar una vuelta a la manzana con maletas vacía para tener un año viajado. A las 12 en punto luego del abrazo seguía este último rito entusiasmada con que algún viaje saldría…

Partí mochileando a los 17 años. Mis primeros viajes en plena juventud tenían harta fiesta y playa, ¡obvio! Pero siempre me quedaba con el bichito de hacer algo más aventurero, más lejos, más diferente y sobretodo con más shock cultural. A los 18 años fui a Egipto con mi familia, ahí comprobé que ese era mi estilo de viaje, ir en busca de la diferencia cultural importante siempre acompañada de mi cámara de fotos, en ese tiempo análoga.

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Comencé viajando por algunos países de Latinoamérica. Las amistades que iba haciendo en el camino me entusiasmaban a seguir viajando y luego conocer sus países. Un día estando en Thailandia recorrí camino con un sueco y al mismo tiempo era posible teletransportarme por unos segundos a Suecia, era como si hubiese viajado dos veces. Después quedé con ganas de ir a Suecia… lógico.

Pasó el tiempo y llegué a las grandes ciudades de Europa. Aunque he ido en más de una ocasión, me siento en deuda con el viejo continente, sin embargo, hasta el momento no comparto ese amor que todos sienten al llegar allí. Me pegué el salto y me fui a Asía y Oceanía. Ahora sueño con África e ir en busca de la aurora boreal por los países nórdicos.

En Asia

Durante los meses de viaje que llevo en Asia he aprendido un montón de personas que no tienen MBA, que no tienen autos, que no tienen fondos en la bolsa de comercio, que luchan porque el mundo se siga creando de ideas.

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He aprendido de gente que no tiene ni un solo diente pero sonríen, de enfermos que no se avergüenzan por mostrar sus desgarradoras deformidades, de viejitos desamparados que luchan contra el frío, de hambrientos que piden comida con la frente en alto, de mujeres que contra viento y marea salen a trabajar sin feriados ni festivos.

He aprendido de la simpleza de los viajeros de alma, del orgullo de los locales al ver extranjeros visitando sus tierras. He aprendido que en lugares remotos yo sola no soy nadie, pero juntos hacemos la cuesta menos pesada.

He aprendido de la gente con capacidad de reinvertarse, sin importar la edad, que deciden cambiar su vida por completo, dejando sus profesiones y países. He aprendido de gente que hace viajes para limpiar la mente y no se tropiezan al decirlo. He aprendido a compartir comidas con gente sin habla en común. He aprendido a gozar de la sencillez de las cosas. He aprendido de la inocencia de la gente. He aprendido que nada es para siempre.

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He aprendido que en cualquier país del mundo tendrás compañía y alguien en quién confiar. He aprendido que desconocemos nuestro propios límites…

Durante los viajes he aprendido también lo indescriptible, como por ejemplo que uno cambia. ¿Puede uno acaso quedar igual luego de haber visto las pirámides, los templos de Angkor Wat, el Thaj Majal, los Himalayas, la simpatía de los balineses o las cremaciones de los indios?

Me sorprende como el ser humano es capaz de adaptarse a lo que viene y como al final, la felicidad del día a día se define más que nada por una actitud de vida. Yo le recomiendo a todos que viajen, viajen y viajen por el mundo sin miedo, pero con respeto. Que no lo posterguen eternamente y que si no tienen partner lo hagan igual. Les puedo jurar que tendrán un gran amigo en cada país que visiten.

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Quiero agradecer de todo corazón a la revista Caras por acompañarme en esta travesía, estoy segura que serán muchas más.

Nos leemos @Herrera_Camila

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