Para llegar por vía aérea a Spitsbergen, la isla principal del archipiélago de Svalvard es necesario timbrar el pasaporte emigrando de Europa y de todo lo que usualmente nos es familiar. En esta tierra blanca hay un día y una noche al año, pero cada uno dura seis meses. Aquí nadie nace ni muere. Lo primero porque no hay hospitales y las madres son llevadas a Noruega para dar a luz y lo segundo, porque el frío del suelo es tan grande que los cuerpos no se descomponen.
Wp-Polo-Norte-290
Hasta terminada la Primera Guerra Mundial Svalvard no pertenecía a ningún estado y era territorio internacional en un acuerdo que parecía sacado de un mundo perfecto. Desde el siglo XVII, gente de diversas nacionalidades vivían aquí dedicándose a la pesca, caza e investigación sin ningún tipo de regulaciones ni tribunales para resolver litigios, pues los conflictos eran escasos. Hasta que a principios del siglo pasado se introdujo la minería y se requirió hacer cambios. En 1920 se firmó el tratado de Svalvard, que entrega absoluta soberanía sobre este grupo de islas a Noruega.

La manera más rápida de llegar aquí, la isla habitada más al norte del planeta, es volar dos horas desde Tromso, Noruega, sobre la masa de hielo flotante propia del Ártico. Se aterriza en Longyearbyen, la capital, única localidad permanentemente habitada.
En el paralelo 80 y con una población de 2.500 almas, su clima es más benévolo que otros puntos en la misma latitud gracias a la corriente del golfo que permite hasta ocho grados de máxima en pleno verano.

Tras aterrizar, una breve carrera en taxi por la única calle del pueblo lo dejará en el hospedaje de su elección.

Tras aterrizar, una breve carrera en taxi por la única calle del pueblo lo dejará en el hospedaje de su elección que podrá ser desde una cómoda casa de huéspedes con tintes de albergue estudiantil hasta un hotel cuatro estrellas. Con un aire arquitectónico inconfundible a ciudad minera y un toque de centro invernal, esta ciudadela, se sitúa en un profundo valle bordeando un río alimentado por el glaciar Longyear.

A pesar de las condiciones climáticas, de luz y el tamaño de la isla, los panoramas no son pocos, pero varían según las estaciones. En octubre la nieve se va endureciendo y las noches haciendo más largas hasta que en diciembre la oscuridad es total. Pero es entonces cuando se puede ver el cielo iluminado por la aurora boreal. Un espectáculo inolvidable que puede ser apreciado en el confortable y estiloso lounge del hotel Trapper’s, ubicado en pleno centro del pueblo. El cielo raso del lugar es un gran ventanal a través del cual es posible observar este fenómeno único tomando una copa de vino. Durante esta noche polar, cuando el sol se mantiene seis grados bajo el horizonte y todo es bañado por una luz azul-verde característica, se pueden hacer safaris nocturnos en motos de nieve.

A mediados de febrero el sol comienza a asomar sus rayos tímidamente y el 8 de marzo está de regreso en Longyearbyen. Los habitantes le dan la bienvenida con el festival del sol, una semana de celebraciones, actividades culturales, charlas, conciertos, competencias deportivas y mucha, mucha cerveza.

Wp-Polo-Norte-450

Una de las aventuras más recomendables es visitar el velero holandés Noordenlicht. Durante el invierno el mar se congela a su alrededor y encalla a unos 60 kilómetros al noreste de Newyearbyen y apenas la luz aparece en febrero, la embarcación —que durante primavera y verano ofrece cruceros por el archipiélago y cuyo cuerpo de acero ha sido adaptado para navegar entre el hielo— se convierte en hotel para pasajeros con el ímpetu de sentir algo de la adrenalina que vivieron héroes polares como Fridjof Nansen y Roald Amundsen.

Todo parte con un entrenamiento de medio día donde el visitante se hará cargo de un grupo de perros de raza husky, los que deberá alimentar, cuidar y guiar durante los tres días de expedición que hay desde el campamento cercano a Spitsbergen hasta el velero en el hielo. La embarcación cuenta con diez cabinas con baños compartidos y está prohibido salir sin un guardia armado por los osos polares, bellos pero intransigentes cuando de comida se trata. Sin duda una experiencia única que se encuentra entre las cinco cosas para hacer antes de morir según el Sunday Times londinense.

La primavera es el periodo ideal para visitar Spitsbergen.

La primavera es el periodo ideal para visitar Spitsbergen. El sol se eleva y se queda sobre las montañas por varias horas. Los pájaros vuelven de su migración, en las laderas de los cerros se divisa vida silvestre y la nieve está en perfecto estado para el esquí de fondo y para andar en moto de nieve.

Es también la época ideal para ir al Polo Norte por aire o por tierra. Si decide esta última opción, el viaje parte en Barneo a 50 kilómetros del Ártico. El trayecto aunque se haga decenas de veces siempre será diferente pues todo se mueve a diferencia del continente blanco, una masa de agua congelada que se derrite a pasos agigantados. En general hay que considerar entre 3 y 10 días desde el campamento al polo.

Durante los meses de verano lo mejor es tomar un pequeño crucero que haga un recorrido por el grupo de islas que forman Svalvard puesto que son los mejores meses para avistar vida salvaje. Quedándose en tierra firme la temperatura más alta y 24 horas de luz permiten recrearse al aire libre y conocer otras villas en la isla. Como la diminuta Ny–Alesund o la localidad rusa de Barentsburg, una pequeña villa dedicada a la extracción del carbón.
Wp-Polo-Norte-290-3
El tratado de 1920 acordó que a pesar de pertenecer al reino de Noruega, el archipiélago establecería igualdad de condiciones a inmigrantes de los 40 países que firmaron dicho tratado, entre ellos Chile. Los impuestos pagados por sus residentes sólo benefician a Svalvard, el gobierno noruego los colecta pero los mantiene en un presupuesto separado. En cierto sentido este especial lugar sigue siendo tierra de todos y de nadie, un sueño hecho realidad en el lugar habitado más al norte del planeta.