Viajeros de los seis continentes llegan a Tailandia atraídos por el clima húmedo, la variada oferta gastronómica, los exuberantes bosques tropicales y la intensa vida nocturna. Dividida en tres particulares zonas turísticas, el país encanta y ofrece un abanico de panoramas desde la capital, las islas del sur, hasta los pueblos de esencia tribal de la zona norte. Bangkok —centro político, social y económico— es el tercer destino más popular del mundo, con aproximadamente 12 millones de visitas al año por ser el principal foco arquitectónico de construcciones milenarias, hoteles de lujo y centros comerciales. Además de los cientos de puestos de comida callejera que despliegan una especial carta de cocina de autor.

Bangkok es además un paraíso para los compradores. Más allá de la preponderancia de los centros comerciales, la ciudad posee innumerables mercados locales donde hay todo tipo de mercancías con flores, souvenirs o artículos electrónicos. Aunque algunos, como Khao San Road, están casi exclusivamente dirigidos a turistas y tienen precios inflados, otros atienden a la población local y vale la pena adentrarse en ellos porque puede encontrarse más de un lujo disponible; como los sastres que hacen hermosos trajes, camisas y vestidos a la medida, solo para compradores que valoran este fino trabajo.

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Si la idea es probar nuevos platos y descubrir la gastronomía, algunas de las preparaciones más picantes como las sopas yum tom pueden degustarse al lado de la carretera. Los vendedores ambulantes son capaces de preparar el plato caliente y de sabor amargo en unos segundos. Para esto usan hierba de limón fresco, hojas de lima kaffir y galanga. Otra golosina que se encuentra en la calle es el arroz con carne de cangrejo frito acompañado de ajíes amarillos frescos. Durante el fin de semana la mejor opción es dirigirse al mercado Jatuchak en Bangkok. En este lugar, hay un puesto llamado Prik Yuak, donde es posible encontrar fideos de arroz con bolas de pescado al curry verde de fabricación casera y que tienen el tamaño de la palma de la mano, sin huesos en lo absoluto. El curry es muy completo, no demasiado caliente, pero perfumado con especias aromáticas, salsa de pescado y azúcar de palma. Las hierbas típicas, como la albahaca tailandesa (horapa) y las berenjenas verdes, provocan una crujiente y deliciosa adicción.

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Para un descanso pleno lejos del comercio, las islas del sur de Tailandia son protagonistas de increíbles postales. Playas de arena suave con aguas cristalinas de color esmeralda configuran un gran espectáculo natural. Las más conocidas por los turistas son las islas Phi-Phi rodeadas por el mar Andamán. La ínsula Koh Phi Phi Leh es una de las más fotografiadas y famosas por ser el lugar donde se rodó la película La Playa, protagonizada por Leonardo DiCaprio. Dramáticos acantilados, bosques de manglares, ancentrales montañas sumergidas son algunos de los atractivos de la también concurrida bahía de Phang Nga, una zona protegida que fue declarada Parque Nacional Marino y que permite conocer paisajes únicos.

La diversión, música y los eventos festivaleros que se celebran cada año son otro panorama imperdible en la visita al país asiático. Inspirados en antiguas tradiciones, existen celebraciones de carácter religioso como el Songkran, que se realiza en abril o festividades más occidentales como el Thailand Grand Sale de noviembre. Pero el evento más icónico es el Año Nuevo Chino que se lleva a cabo en Chinatown. Durante este evento, los asistentes visualizan y son parte de magníficas representaciones de la cultura mediante intervenciones callejeras, desfiles y danzas que, acompañadas junto a una amplia degustación gastronómica, articulan una gran fiesta pública llena de colorido y energía.
Una experiencia diferente, pero que es un atractivo que mueve a millones de turistas, es la de sus templos. Entre los más visitados está el Preah Vihear, lugar hindú del siglo XI ubicado en la frontera entre Tailandia y Camboya. Actualmente se considera seguro para visitar después de haber sido objeto de conflictos entre los dos países desde 2008. El lugar está rodeado de selva en un promontorio de 500 metros sobre las llanuras de Camboya en el extremo norte del país y fue declarado Patrimonio de la Humanidad.

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Si de experiencias místicas se trata, las estatuas de Buda en Tailandia abundan en los distintos sectores de meditación al aire libre. Los hay sentados, acostados o de pie; grandes, pequeños y otros hechos de esmeraldas. Solo debe recorrerse varios templos para llevarse una contundente colección de reliquias en honor al sabio que inspira el budismo.

Pero los paisajes de este país son también una experiencia de relajo y conexión con la naturaleza. Al norte, en Udon Thani, se encuentra el lago más bonito del mundo, el Red Lotus. Aquí, la hermosa vista enamora con una explosión de flores de loto carmesí entre noviembre y febrero. Tiene 15 km de largo y es poco conocido por los extranjeros. Hay guías que realizan pequeñas excursiones en barco por los alrededores. Una visita absolutamente obligada.
Para admirar la inmensa naturaleza y a 130 kilómetros al sureste de Bangkok, en Suan Nong Nooh, Pattaya, crece el más hermoso jardín botánico de la región. El espectáculo de sus flores ornamentales y plantas tropicales convive con las plantaciones frutales y las casas de la ciudad. El parque además alberga espectáculos culturales tailandeses. Estos shows atraen a más de dos mil visitantes al día que admiran igualmente la gran cantidad de palmas y orquídeas del paisaje.

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Un paisaje parecido se puede advertir en el Parque nacional de Khao Sok , en la provincia de Surat Thani, donde la gran variedad de especies exóticas alimenta un notable culto a la biodiversidad, incluyendo a los primates gibones. Estos son más fáciles de escuchar que ver. Con todo, seguir su rastro por el verde bosque tropical es siempre una buena opción de explorar, con la posibilidad de encontrar a lo largo del camino a osos, leopardos, tigres, tapires, perros salvajes asiáticos, monos y venados.

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Tailandia es de esos destinos que envuelven y sorprenden en cada paso. Los turistas no sólo disfrutan de las playas, de la noche –en ciudades que parecen no dormir– y de la exótica comida, acuden al encuentro de un país diverso y tribal donde adaptarse a su cultura y tradiciones otorga al viaje una riqueza emotiva difícil de olvidar. Estar aquí, rodeado de gente amable, permite vivir un viaje al alma de un país donde reina la sensación de magia ancestral.