Galantes y masculinos. Cada vez son más raros, pero todavía se ven ‘matadores’ en ciertas paredes. Esos afiches personalizados en que el viajero insertaba su nombre con los protagonistas de un espectáculo taurino. Máximo souvenir para registrar el paso por España. Hoy un recuerdo kitsch que resume un estilo de memorabilia en la travesía de antaño.

¿Cómo elegir el souvenir?, ¿vale la pena ocupar espacio en la maleta?, ¿qué busca el nuevo viajero?, ¿qué se hace con esos objetos que no calzan con nada en la casa?

En la era digital donde todo objeto está a un click de distancia (incluido el poster del torero en zings.es), ¿cómo elegir el souvenir?, ¿vale la pena ocupar espacio en la maleta?, ¿qué busca el nuevo viajero?, ¿qué se hace con esos objetos que no calzan con nada en la casa?

El primer cambio de regla parte con el traslado. Los fanáticos del platillo, magneto, postal o llavero de otro país ya no necesitan visa ni menos pasaje. Con sitios como intpostage.com se intercambia con amigos virtuales en el extranjero todo tipo de chuchería.

El teléfono también ahorra la visita al correo o la búsqueda de estampillas para enviar una imagen de la travesía, gracias a que en la actualidad se vive en ‘modo app’: la aplicación Postagram permite —por un cobro mínimo— convertir una imagen tomada por el celular en una postal que llegará en papel a un domicilio.

Otra opción es tomar el camino de una actitud honesta y exhibir el souvenir. La gracia es hacerlo con humor: cuadritos con un ‘mix cosmopolita’ que saque risas por lo ridículos, mostrarlos una vez al año y colgarlos en el árbol de Pascua, etc. No son pocos los que los acumulan. La cadena CNN informó que en 2012 el público viajero gastó más de 2 mil millones de dólares en recuerdos. Regalos que después se transforman en basura o se meten en cajones de los que nunca vuelven a salir. El mejor consejo antes de comprar un souvenir es pensar si son como esas trencitas ‘Bo Derek’, que fuera de destino no tienen ningún sentido.

La alternativa es irse por el hiper promocionado ‘viaje de la experiencia’.

La alternativa es irse por el hiper promocionado ‘viaje de la experiencia’. El cliché de los operadores turísticos que se replica en los programa de TV cable. Aunque nada de malo sería volver con diploma de un curso express de apreciación de queso, siempre estará el chocolate del duty free para comer mientras se ven las fotos y revive el periplo.

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