Hay maneras únicas y bizarras de conocer Las Vegas. Y una de ellas es recorrerla haciendo running por el corazón del Strip. Sí, trotando en la noche en medio de los neones y luces de los excéntricos hoteles y casinos que rodean  la avenida principal, que cruza la gran ciudad de Nevada.

Estamos a una hora de que comience la media maratón Rock’n’Roll Las Vegas invitados por Brooks, la mayor fiesta del running nocturno mundial  y, más allá del desafío de correr 21 kilómetros junto a más de 47 mil participantes de diferentes países, está la motivación de conocer cada rincón que no hemos visto, la frenética vida nocturna, los casinos, las capillas de matrimonios “express”… una ciudad creada para la diversión y que atrae a más de 39 millones de visitantes cada año, los que aportan ingresos por más de 40.000 millones de dólares en la economía local, según datos de Las Vegas Convention and Visitors Authority.

“En este evento se potencia pasarlo bien corriendo que es el espíritu de Brooks internacional: Run happy. Fuimos 64 chilenos, la delegación internacional más grande del mundo y se viven 3 días muy agitados totalmente Vip para conocer el lujo de esta ciudad”, cuenta Marcelo Kaplún,  brand manager sports division de Brooks, quien lleva más de cinco años viajando a esta ciudad para participar en la Rock‘n’ Roll Las Vegas half Marathon que auspicia su marca.

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Y así fue. Llevamos dos días 24/7 “Living Las Vegas” recorriendo discotheques, el espectáculo Zarcana de Cirque du Soleil, conociendo sofisticados restoranes y trasladándonos en limusinas por las calles iluminadas de neón. Todos elegantísimos y con mucho brillo nos paseamos por la ciudad que nunca duerme y vemos en los pasillos del hotel Wynn, donde alojamos, grupos de amigas disfrazadas para una despedida de soltera, parejas de recién casados posando junto al carrusel de papel que está en el acceso, todo en medio del bullicio de los tragamonedas y mesas de juego que están abiertas 24 horas al día.

“Las Vegas es la ciudad de la entretención, en donde te ves inserto en una fantasía llena de luces y maravillas, cosa que es muy difícil ver en otras partes. Por lo mismo la frase: ‘Lo que pasa en Las Vegas, queda en Las Vegas’ es tan verdadera.  La gente siempre está sonriendo  porque aquí está todo lo que te gusta, es como un mundo mágico para adultos”, comenta Marcelo Kaplún.

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Considerando la agenda y las 48 horas full actividades, no es raro sentir algo de cansancio antes de la corrida. Pero hay tanta adrenalina y entusiasmo en el ambiente y en el team de Chile que es imposible flaquear, a pesar de que para algunos, entre ellas yo, son los primeros 21 km y más encima con lesión en la rodilla.

Pero Las Vegas vale el sacrificio. Luego de elongar junto a Pepa Celedón, la entrenadora top de Brooks, salimos desde el salón Vip  ubicado  junto al hotel Luxor, réplica de una pirámide egipcia con una imponente esfinge y nos acercamos a los límites de la ciudad  para la largada… se ve parte del desierto de Mohave y la noche empieza a caer. 

Elvis Presley, el ícono rock de la ciudad, nos saluda, está listo para correr. Junto a él, tres amigas vestidas de novias se ríen y bailan al ritmo de la música. La delegación chilena llama la atención, son más de 60 personas  con poleras fosforescentes y atractivas embajadoras que se disfrazan de minnie mouse.

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La partida se da en medio de gritos de entusiasmo y flashes de cámara, hay saludo especial para los chilenos de parte de los organizadores. Nosotros, llevamos la nuestra para registrar el tour deportivo-turístico nocturno.

Al rato, nos adelanta un nuevo Elvis, con túnica rockanrolera y peluca. Es mayor, pero se ve ágil.

Los primeros 5 kilómetros se pasan volando. Mi cabeza gira a cada minuto para no perderme las tenidas y disfraces. Lejos el que se roba las miradas es un competidor de unos 30 años vestido sólo con un pequeño short negro y una corbata humita en el cuello. Está casi desnudo pero al menos tiene buen físico.

Unos metros más allá un corredor cubierto únicamente con una caja de cartón que dice “I lost everything in LV” (Perdí todo en Las Vegas) saca carcajadas del resto de los competidores.  Se nota que la mayoría viene a pasarlo bien. 

Ya a los 7 kilómetros, una fría brisa del desierto empieza a incomodar, cuesta avanzar… pero de improviso y casi como un espejismo aparecen imponentes esas imágenes icónicas de Las Vegas, obra de arquitectos y artistas que han dado vida a este paraíso artificial.

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Primero, sobrecogen las réplicas de los paisajes urbanos de Nueva York con la Estatua de la Libertad y la copia exacta del Empire State, luego el hotel con la Torre Eiffel de París totalmente iluminada. Me detengo unos segundos para tomar fotos asumiendo el riesgo de que la avalancha de competidores me aplaste…Click

Sobrevivo. La gente desde las veredas, la mayoría turistas, alienta y anima, para ellos la media maratón es un espectáculo más  de Las Vegas y lo disfrutan al máximo.

Falta poco para los 10 kilómetros y mi rodilla me duele, está inflamada, debo bajar el ritmo y caminar rápido… para mi sorpresa estamos en la zona de las capillas de matrimonios “express” o wedding chapels. Tenía que conocerlas… En la ciudad se celebran 315 matrimonios cada día. Todo un récord. Click. Mientras tomo fotos comentan: ‘¡¡Igual que en la película The hangover!!’ Ultraconocida producción norteamericana que relata las aventuras de la despedida de soltero de cuatro amigos… un clásico adolescente y que hizo crecer la fama de Las Vegas.

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¡¡Vamos Chile!! Esa frase me despierta y anima a seguir trotando… son competidores latinos que nos saludan con cariño. Algunos de México, otros de Costa Rica… los americanos leen nuestra camiseta y gritan ‘¿¿Chile??’,  no pueden creer que hayamos venido a correr desde tan lejos…

Volvemos a los suburbios, está más oscuro, impensable en Las Vegas, el ánimo decae y el frío aumenta… busco una zona de hidratación y veo el desierto oscuro e impenetrable a mi derecha… 

Me cuestiono si mi rodilla resistirá la otra mitad de la carrera que queda… no hay cansancio pero sí dolor. Respiro profundo y me mentalizo… tengo que llegar a una zona más iluminada, con más vida y energía que me despierte. Por algo se dice que la ciudad de Las Vegas es el punto más luminoso de la tierra visto desde el espacio. Dos kilómetros después, los más duros de la carrera, aparece nuevamente el esperado espejismo de luces de neón.

Ahí me encuentro con el flamante Venetian Resort, el hotel más grande calificado por la AAA de Cinco Diamantes en Estados Unidos. Tiene 4.049 suites y 11.000 metros cuadrados de casino con más de 122 juegos  y máquinas tragamonedas. 

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El Venetian tiene también un extenso centro comercial techado llamado Grand Canal Shoppes, donde hay un canal con genuinas góndolas venecianas que ofrecen paseos. Tiene también un museo, el Guggenheim Hermitage y el museo de cera Madame Tussauds Las Vegas, con réplicas de celebridades como Whoopi Goldberg, entre otras.

Por fin estamos en la zona del Strip, hay muchas personas y bandas de rock en las esquinas que alientan a los competidores. Es un verdadero espectáculo. Bueno, Las Vegas es un show en sí misma y es famosa por sus obras teatrales de lujo, con varias funciones de Cirque du Soleil, magos de renombre como Lance Burton, espectáculos de Broadway como El fantasma de la opera, y los cantantes habituales Barry Manilow y Bette Midler. Otros grandes nombres, incluyendo a Jay Leno y David Copperfield, se presentan con frecuencia y son el mejor recuerdo de un viaje.

Veo el letrero de los 15 kilómetros y recobro las fuerzas, quedo impactada con El Caesars Palace, uno de los hoteles más antiguos de la ciudad  (1966) de grandes dimensiones y de un fastuoso lujo interior simulando la grandeza del Imperio Romano. Es mundialmente conocido por su  teatro “Coliseo”, donde pueden verse los mejores espectáculos de Las Vegas. Ahí, Celine Dion y Elton John (The million dollar piano) son artistas estables. El teatro fue construido específicamente para el show de Dion, A new day… A pesar de su alto precio, las entradas siempre están agotadas.

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Siento cansancio y hambre. Y se pueden ver  parejas y turistas entrando a los cientos de restoranes de diferentes especialidades que existen en la zona. ¡Daría mi vida por estar allí! Es que la gastronomía se ha convertido, en la última década, en uno de los pecados capitales de Las Vegas. No sólo uno, sino dos de los chefs franceses más premiados del mundo se han instalado en la ciudad. Ambos han sido galardonados con la más alta calificación Michelin, tres estrellas, y ofrecen suntuosas comidas francesas. El restorán de Guy Savoy, que lleva su nombre, brilla en el Caesars Palace (definitivamente hay que probar la sopa de trufa negra) y Joël Robuchon, nombrado como el “Chef del Siglo” y con más estrellas Michelin que cualquier otra persona viva, reluce en las mansiones en el MGM Grand.

El Picasso, restorán estrella del hotel-casino Bellagio, está dirigido por el destacado cocinero español Julián Serrano. Tiene dos estrellas en la guía Michelin y en sus paredes cuelgan obras originales del pintor español.  Con 250 recetas propias, el menú es francés: vieira caramelizada con puré de papas o foie gras con damasco almibarado.

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Y es que en Las Vegas no todo es artificial, hay espacio para el estilo y el arte. En cada uno de estos hoteles hay millones de dólares invertidos. Cada uno cuenta una historia  y un sueño de un magnate hecho realidad.

Como el millonario Erick Wynn, responsable del espectacular resurgimiento y  expansión del Strip de Las Vegas en la década de 1990. Sus empresas renovaron y construyeron algunos de los resorts  más conocidos  como el Golden Nugget, The Mirage, Treasure Island, Bellagio, y el hotel Wynn.

El empresario es también conocido por su afición al coleccionismo de arte y fue protagonista de sonadas compras de valiosas pinturas de Rembrandt, Vermeer y Picasso, las que les gusta mostrar en sus hoteles. En su más reciente hotel Wynn dedica un restorán (Botero) al artista colombiano Fernando Botero, exhibiendo sus valiosas esculturas en el comedor y otro al cantante Frank Sinatra, donde muestra recuerdos del artista como el Premio Oscar que ganó por De aquí a la eternidad.

Dejo atrás los gigantescos carteles de Celine Dion y Elton John y avanzo lento pero firme.

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Veo gente saliendo de los hoteles con bolsas de compras. Elegantes asiáticas con paquetes de Chanel y parejas que se acercan a joyerías que están abiertas las 24 horas del día. Porque la ciudad de Las Vegas nunca descansa y menos para el shopping.

En el Via Bellagio del hotel del mismo nombre pueden encontrarse tiendas de Fendi, Hermès y Prada; el Wynn Esplanade ofrece Brioni, Cartier, e incluso concesionarios Ferrari y Maserati; las Shops at Palazzo ostentan Jimmy Choo, Chloé y el primer Barneys en Las Vegas. Fuera de los casinos, el centro Fashion Show Mall se ha ampliado y ahora incluye más de 250 tiendas exclusivas como Saks Fifth Avenue, Nordstrom y Neiman Marcus.

Veo a lo lejos las luces del Bellagio que recortan la noche de Las Vegas. Vuelvo a sentir fuerza y esperanza y como por arte de magia desaparece el dolor de mi rodilla. No puedo evitar sonreír. El hotel es la meta de los 21 kilómetros. Buen final para la maratón. Su arquitectura y decoración son un espectáculo en sí mismo siempre rodeado de juegos de luces de sus numerosas fuentes, en su interior pueden encontrarse incluso piezas de arte y la colección de vidrio Chihuly. Un lujo.

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A estas alturas mi mente está en llegar a la meta y en que mis cinco meses de kinesiología no me fallen a último minuto. Con las últimas energías, de una runner amateur, logro mi objetivo y cruzo con los brazos en alto.

¡Misión cumplida! Sigo avanzando mientras me llenan de barras de proteínas, bebidas isotónicas y me entregan la esperada medalla de los 21 km, de bronce diseñada con tres coloridos naipes de black jack. Muy Las Vegas style… Me la cuelgo, estoy agotada pero feliz…

Totalmente contracturada sigo caminando hasta la zona de recuperación y luego de unos masajes de elongación, pienso que esto no se ha terminado… que nuestra agenda Vip continúa y viene el cierre final con fiesta en la discotheque del hotel Wynn y vuelo de regreso a primera hora de la mañana… Hielo, antinflamatorio… todo vale para estar a la altura de Sin City

24/7 “Living Las Vegas” llega a su fin. No fue un espejismo… fue real.