Me gusta que los lugares me sorprendan y Riga lo logró aún antes de aterrizar en ella. Mientras el piloto anunciaba el descenso vi, desde la ventana, la luz del sol crepuscular iluminando frondosos bosques en todos los tonos de verde imaginables y cuando ya comenzamos a aterrizar una serie de domos dorados refulgían desde edificios cercanos al río que atravesaba la ciudad y al que adornaban unos puentes que me recordaron desde el cielo a los de París cruzando el Sena o a los de Manhattan en el Hudson. Riga, la capital de Letonia puede invocar muchos lugares, pues su oscilante historia le ha dado una apariencia heterogénea, pero su carácter permanece singular y único. Puede ser tentador llamarla la Nueva York del Este, el París del Báltico, la nueva Praga o el pequeño Moscú. Posee una estatua de la Libertad, el Monument of Freedom. Erigida en 1935, esta es una columna de 43 metros coronada con una figura femenina de cobre que sostiene tres estrellas doradas símbolos de las regiones históricas de Letonia: Kurzeme, Vidzeme y Latgale. Sobresale también en la silueta de la ciudad una torre, con un nombre más prosaico y de construcción más moderna, se trata de la torre de Radio y Televisión que domina la capital báltica desde su ribera izquierda. Sin embargo, lo más parisino de la ciudad es su barrio Art Noveau ocupando gran parte de la ribera derecha del río Daugava, que concentra la mayor cantidad de edificios de este estilo de Europa.

Paseando por el laberinto de angostas calles de su casco antiguo, designado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es imposible no pensar en Praga. Los edificios grandiosos de techos terracota, los músicos callejeros, las iglesias y hasta un famoso café llamado Kafka. Y luego, su pasado ruso como tercera ciudad en importancia del imperio zarista durante los siglos XVIII y XIX después de San Petersburgo y Moscú, ha dejado profunda huella en construcciones, gastronomía e idiomas, ya que más de un 50 por ciento de la población habla perfecto ruso y esta es la segunda lengua después del letón.

riga450-1

Una vez en tierra, el aeropuerto de Riga es otra sorpresa. Terminado en el 2001, para el aniversario número 800 de la ciudad, sus tres terminales dan fe de ser el más moderno de Europa del Este. Un ejemplo de diseño y eficiencia, es la puerta de entrada a esta pequeña capital de 690 mil habitantes. Antes de cruzar uno de los grandes puentes viene la primera reminiscencia: estas casas del barrio de Algenskans las he visto cientos de veces en el sur de Chile. Aquí es donde vivía la clase trabajadora en los tiempos de preguerra y su arquitectura es la misma que muchos inmigrantes europeos llevaron a nuestro país durante ese periodo, las mismas casas de madera, ventanas de cuatro marcos y techos de tejas.

Camino al hotel la ciudad vibra. Es verano y es viernes. Innumerables bares y restoranes con terrazas donde jóvenes letones toman alguna de las 50 cervezas artesanales del país y prodigiosos músicos ofrecen pequeños conciertos callejeros. Luego de comer el tradicional arenque ahumado caminamos por las estrechas callecitas medievales del casco antiguo en busca del ‘bálsamo negro’. Queremos probar este elíxir de la juventud, como llamó alguna vez el dramaturgo y poeta alemán Goethe a este brebaje original de Letonia. Mezcla de 24 especies de plantas y vodka, este aguardiente de 45 grados creado con fines medicinales por un farmacéutico local en el siglo XVIII, hoy se toma on the rocks, con más vodka, cerveza o Coca Cola pero no se abandona Riga sin probarlo. No nos demoramos mucho en encontrarlo: el bar Black Magic es el lugar ideal para la iniciación, pues fue originalmente el laboratorio de su inventor. Un oscuro pero acogedor bar donde hasta el té viene con el bálsamo que tanto queríamos probar.

Son más de la una de la madrugada en Riga y la noche sigue con júbilo en las calles. Se respira la seguridad que uno podría encontrar en una pequeña aldea, pero con la vida nocturna de una gran capital europea. Es probable que esta contradicción tenga origen en su pasado como estrella del Báltico. Por siglos la ciudad mantuvo el status de estratégico puerto comercial europeo hasta que en junio de 1940 quedó recluida tras la Cortina de Hierro al ser ocupada por los soviéticos y hoy con cierta timidez recupera su días de gloria.

riga450-2

Ya en el siglo IX, el río Daugava era utilizado en la ruta mercante de los vikingos. Riga fue fundada el año 1201 como una base para caballeros cruzados alemanes, convirtiéndose en centro de operaciones de la Liga Hanseática durante tres siglos. Disputada luego por Polonia y Suecia la ciudad quedó esta vez bajo domino sueco hasta que durante el imperio del zar Pedro el Grande, en 1721, la codiciada Letonia, no solo pasó a formar parte del imperio ruso sino que se transformó en importante centro industrial del Este. Fue en este periodo cuando Riga creció a pasos agigantados, más allá de las murallas medievales que hasta entonces la rodeaban y a fines del siglo XIX se construyeron sus amplios bulevares hoy rebosantes de joyas arquitectónicas. Luego de un corto periodo de independencia entre las dos guerras mundiales, vino una época trágica para Letonia cuando el ejército alemán ocupó el país en 1941 y lo declaró territorio nazi dejando como consecuencia más de 70 mil judíos asesinados y todas las sinagogas quemadas. Una de las mayores masacres durante la Segunda Guerra Mundial ocurrió cerca de Riga cuando 25 mil habitantes del gueto judío fueron ejecutados en el bosque de Rumbula. Hoy, varios monumentos honran a los muertos durante el holocausto letón y en Riga destacan el Memorial del Holocausto y el Museo del Gueto. Cuando la guerra terminó, el país volvió a sus orígenes rusos pasando a ser parte de la Unión Soviética hasta que en 1991 se estableció la República Independiente de Letonia y Riga al fin se transformó en la capital de un estado independiente.

Todo este pasado está vivo en cada esquina y aunque es casi imposible hacer un rating de importancia, ya que aquí todo parece tener una gran historia detrás. En los alrededores de la plaza principal (la Ratslaukums), a pocos metros de distancia entre ellos, están tres de los más significativos edificios de Riga con estilos tan diversos como los periodos que representan. El primero es una edificación de granito parecida a un gigantesco container cuya visita es fundamental para entender el último siglo de historia: se trata del Museo de la Ocupacion Letona. Frente a este, está la Casa de los Cabezas Negras, construida en 1334 como sede de una orden seglar de mercaderes solteros que ostentaban el nombre que lleva la casa hasta hoy. Destruido en varias oportunidades durante la agitada biografía del país, este edificio de ladrillos rojos se ha reconstruido varias veces recogiendo estilos a lo largo de los siglos. Hoy se presentan allí desde conciertos hasta exposiciones de arte y una exhibición permanente que relata la historia de la vivienda. La tercera construcción en este triángulo es la iglesia de San Pedro, detrás de la plaza. Construida en los comienzos de Riga, mantiene intacta su arquitectura gótica con una torre a la cual se accede en un rápido ascensor, que otorga una de las más impactantes panorámicas en 360 grados de la ciudad.

riga450-3

Un sábado en la tarde decidimos arrendar un bote a remos y recorrer el City Canal que zigzaguea a lo largo del trazado donde estuvo alguna vez la muralla medieval. A cada lado de este canal los habitantes de Riga disfrutan del parque Bastejkalns haciendo picnics, trotando, andando en bicicleta. A pocos pasos desde el embarcadero, se llega a la calle Elizabete, la arteria principal del barrio Art Noveau donde las casonas del arquitecto Mikhail Eisentstein despliegan todo su esplendor con sus gárgolas y doncellas en piedra.

Si algo caracteriza a Riga es su resiliencia y capacidad de reinventarse una y otra vez con maestría. Un ejemplo de ello son los nueve hangares para zepelines construidos durante la Primera Guerra Mundial y que hoy albergan uno de los grandes atractivos de esta ciudad: el mercado central. En sus tres mil puestos ofrece variedad de pescados frescos, cecinas, mucha miel, artesanía de ámbar, 30 tipos de pan centeno junto a productos más exóticos como la mantequilla negra de cañamo o la savia de abedul.

El último día, almorzamos aquí antes de dirigirnos a la vecina estación de buses. El próximo destino sería Jurmala, un paraíso costero al que con justicia llaman la Riviera Francesa del Báltico. Aunque para mí Letonia no necesita comparaciones.

CÓMO LLEGAR

El viaje más corto es volar desde Santiago a París en Air France y hacer conexión a Riga en vuelo operado por Air Baltic. www.airfrance.com

DORMIR

Hotel Metropole: Justo en el límite del casco antiguo y el centro moderno de la ciudad su ubicación es perfecta. Con un pasado de espionaje e intrigas políticas en tiempos de preguerra, hoy ha sido renovado y las habitaciones ofrecen vistas a los diferentes distritos. www.semarahhotels.com/en/metropole-hotel

riga450-4

St Peter’s Hotel Boutique: Habitaciones modernas en un edificio histórico del siglo XV y en pleno casco viejo. A pasos de la plaza municipal y la iglesia de San Pedro ofrece todas las comodidades de un recinto corporativo. www.stpetershotel.lv/en/page/about.html

COMER

Vincents: Su chef Martins Ritins cree en el concepto de slow food que presenta en este restorán de ambiente chic y con una carta muy gourmet. Entre los comensales que han comido acá se encuentran el príncipe Carlos y Elton John. www.vincents.lv/en/

Rozengrals: Una antigua bodega medieval del siglo XIII ofrece también menús de aquella época como ciervo ahumado, ensalada de codorniz o jabalí. Transporta en minutos a los tiempos de los caballeros cruzados y las doncellas. http://rozengrals.lv/en/

riga450-5

MUSEOS

Museo de Art Noveau: Una vez hogar de Konstantins Peksens, arquitecto responsable de más de 250 edificios de la ciudad, su interior ha sido decorado como un apartamento de clase acomodada de los años de pre guerra y muestra la historia detrás de las fachadas del barrio Art Noveau.

Mentzendorff Museum: Muestra la vida de los residentes más adinerados de Riga durante los siglos XVII y XVIII. Cada habitación decorada en diferente estilo, destacan sus cielos razos y los frescos de sus muros. Cuenta con 2.000 objetos en exhibición que cuentan la historia de la casa además de tener una interesante galería de arte moderno en el subterráneo.

Casa de los gatos: Esta curiosa casa oculta una historia de venganza. Su propietario al ser excluido del poderoso Gran Consejo de la época ordenó construir dos felinos en las cúpulas cuyas colas apuntaran hacia el edificio del consejo para demostrar su ofensa.

riga450-6

VISTAS PANORÁMICAS

Skyline Bar: En el piso 27 del hotel Radisson Blu el aperitivo es de rigor. Un bar moderno pero que se vuelve romántico con la vista de los domos de Riga desde las alturas. https://www.radissonblu.com/en/latvijahotel-riga

riga450-7

Academia de las Ciencias: Situado en la ribera izquierda es legado de la etapa soviética y su decoración exterior ostenta martillos y hoces. Fue el primer rascacielos de Letonia y la llaman la torta de cumpleaños de Stalin. Su mirador del piso 17 merece una visita.