El viento impacta fuerte en Puerto Natales. Poco importa que aseguren que las veloces ráfagas no son tema durante el invierno —y que en el período estival pueden superar los 100 kilómetros por hora—, porque durante nuestra visita esta condición era tan extrema que hasta se hacía difícil salir del hotel. Pero después de tres horas y media en avión hasta el aeropuerto de Punta Arenas, más otras tres por vía terrestre hasta Puerto Natales —por un camino que parecía pista de hielo y un paisaje tipo Las Crónicas de Narnia— lo mejor es dejarse llevar.

En Puerto Natales hay al menos una decena de hoteles de primer nivel para recibir a los turistas que cada año llegan por miles, convirtiendo a este extremo punto del país en uno de los más visitados a nivel internacional: franceses, alemanes, ingleses —por mencionar sólo a algunos que vienen desde distintos puntos del planeta— recorren miles de kilómetros sólo para conocer uno de los paisajes declarados reserva de la biosfera y que hoy postula para convertirse en la octava maravilla del mundo —donde compite con otros 300 destinos— en el concurso del sitio web VirtualTourist.com, del grupo TripAdvisor Media Group.

Wp-Puerto-Natales-450

A tres horas en van (en verano pueden ser menos, pero los caminos congelados toman su tiempo) las Torres del Paine son una visita obligada. Sin esto, la travesía magallánica no estaría terminada. Todos los hoteles cuentan con guías y tour especiales a la región. Y en el pueblo hay una serie de operadores que ofrecen desde viajes por el día, hasta empresas que llevan a los turistas con carpas y todo, comida all inclusive.

Lo importante es madrugar para iniciar a tiempo la travesía y cruzar los dedos para que al final del intenso trayecto pueda encontrarse cara a cara con las torres. Porque aquí el factor suerte es fundamental; en cuestión de segundos el cielo puede cubrirse de nubes y la lluvia precipitarse sin vuelta. Lo anterior sin contar que las torres sencillamente pueden estar tapadas por la densa niebla, cosa que —tenga presente— suele ocurrir, ya sea invierno o verano. Por eso hay que salir temprano. Y un dato: cuentan los natalinos que, por alguna misteriosa razón, el macizo siempre se deja ver (aunque sea por algunos instantes) a eso de las 11:00.

Para los que ya han realizado este clásico viaje y también se conoce de memoria la Cueva del Milodón (otro típico de la zona), o tocó que las inclemencias del clima le impiden ir muy lejos, está el centro de deportes invernales Valdelén, a sólo cuatro kilómetros del centro de Río Turbio, en la Patagonia Argentina. Asentado en la sierra Dorotea, Mina 1. Tiene una superficie de 100 hectáreas entre un frondoso bosque de lengas, cerros y quebradas. Sus tres pistas iluminadas permiten a los amantes del esquí deslizarse hasta bien entrada la noche, un detalle que le valió el orgullo de ser la primera pista iluminada de Sudamérica.

Wp-Puerto-Natales-450-4

Los fanáticos de las cabalgatas tienen su paraíso en Sierra Dorotea, a cinco kilómetros de Puerto Natales. Desde las alturas es una larga formación situada en la inmensa pampa patagónica. Con sus casi mil metros sobre el nivel del mar, ofrece una vista espectacular hacia el occidente de la provincia, lo que la convierte lejos en el mejor mirador natural de la ciudad. Desde aquí se observa en su plenitud el golfo Almirante Montt, el canal Señoret y el fiordo Ultima Esperanza; la gran cordillera Sarmiento con su montaña Dama Blanca y el monte Balmaceda junto al campo de Hielo Sur.

Toda la sierra está cubierta por densos bosques nativos de lenga y coihue de Magallanes, que se erigen a ambos lados del río Dorotea. Por cierto que la aventura se realiza a caballo, y no estaría completa sin un asado de cordero al palo. Se trata de un producto emblemático de la zona: luego de horas bajo el fuego, con la paciencia propia de los gauchos patagónicos, el resultado es una carne rojiza que se deshace al solo contacto con el paladar.

Wp-Puerto-Natales-450-3

A la vuelta, hay que conocer la hacienda Cerro Dorotea, una casa natalina de 500 metros cuadrados, construida con madera de antiguos galpones de esquila y donde se vive la auténtica vida de campo, con criadero de caballos chilenos y comida local, todo preparado por Rosario Godoy, su dueña.

Laguna Sofía es el secreto mejor guardado de los natalinos. El sector se ubica 30 kilómetros al norte de Puerto Natales, entre sierra Señoret y cerro Benítez y es el lugar de veraneo de los locales, que vienen aquí a practicar deportes náuticos, pesca o simplemente a bañarse en las gélidas aguas turquesas; en invierno, imperdible hacer trekking cerro arriba por la ladera, para luego contemplar una impresionante vista a la laguna y de los paredones de roca sedimentaria, atributos muy valorados por los escaladores. Tampoco es raro apreciar el vuelo de los cóndores, que se cuentan por decenas y anidan entre los escarpados muros sedimentarios. Tan cerca están, que se aprecian a corta distancia mientras bajan a tierra a buscar alimento.

Porque Natales es la gran puerta de entrada, pero también mucho más. Es cosa de darse un paseo por el pueblo para encontrarse con al menos una decena de restoranes, los que echan mano de los reconocidos recursos gastronómicos con que cuenta la región. De hecho, la buena mesa es una de las actividades que más practican los natalinos. Sobre todo tomando en cuenta que aquí oscurece temprano (a las 5 de la tarde ya es de noche), lo que sumado a las condiciones climáticas, lleva a que los panoramas sean indoor, más que nada si se trata de comer y tomar, algo que bien vale la pena practicar sin remordimientos cuando sobre la mesa se tiene una maravillosa centolla, un salmón, un cordero magallánico, sopaipillas con pebre o una humeante paila marina.

Wp-Puerto-Natales-450-2

Para acompañar, qué mejor que una cerveza recién hecha, o un pisco sour de calafate, un berrie de sabor ácido, propio del lugar y que ha dado origen a que algunos locales aseguren que quien prueba su fruto siempre vuelve a este extremo de la Patagonia. Y nada de andar contando calorías: será el combustible necesario para los siguientes días, cuando sea el momento de conocer algunos de los paisajes más espectaculares de la Tierra. Así, literalmente. Porque sin duda este extremo del mundo tiene mucho que mostrar y promete aventuras en cualquier época del año.