Hace algo más de una década, los ideólogos del turismo brasileño lanzaron un eslogan: “Brasil crea adictos y tú ya eres uno de ellos”. Recuerdo escalas eternas mirando el cartel y pensando que no había mejor manera de graficar el sentimiento que genera este país con 8.5 millones de kilómetros cuadrados, el quinto más grande del mundo. No importa cuantas veces uno regrese, entre sus 8 mil kilómetros de costa y más de 2.000 playas e islas, es imposible no encontrar algo nuevo con que sorprenderse. Y es que como diría Bogart: “siempre tendremos Brasil”.

Es mi séptima vez en la tierra de la samba y la primera en la zona que el escritor peruano Mario Vargas Llosa describió magistralmente en su novela La Guerra del fin del mundo.

Al anochecer, tras una escala en Sao Paulo, llegamos a Natal. La primera parada es en uno de los hoteles más emblemáticos de la capital del estado de Río Grande del Norte. Levantado en el 1900, Majestic es sinónimo de elegancia y sofisticación. De cara a la popular playa de Punta Negra, ofrece una vista majestuosa del litoral, en especial cuando el reloj ronda las 5:30 y se ve salir el sol entre medio del mar. Horas más tarde, cuando recorramos las dunas de Genipabu volveremos a sentir la misma adrenalina de la primera vez que nos subimos a una montaña rusa. Un pasaje a la niñez invaluable, en el que aparecen dromedarios y burros, una laguna de agua dulce que antecede a la playa donde abundan los chiringuitos.

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En dirección a nuestro destino final, Pipa; hacemos una parada en la concurrida playa de Pirangi. Ahí, nos espera el primer festín: camarones y pescados en el restorán Marina Badahue. Aunque enero y febrero son los meses peak, la temperatura siempre ronda los 28 grados y las lluvias se van tan rápido como vienen. Antes de continuar, caminamos algunos metros hasta una de las grandes atracciones locales: Cajueiro. Según los record Guinness es el árbol de castaña más grande del mundo, que con 8.500 metros cuadrados da más de 80 mil frutos al año. Ya en la carretera nos enteramos de la importancia estratégica de la zona en la Segunda Guerra Mundial —hay una base de la Fuerza Aérea norteamericana que data de ese tiempo— y escuchamos del explosivo avance de la industria de la energía eólica. Aquí están los mejores vientos que hacen danzar a las delgadas palmeras.

La tarde cae cuando llegamos al distrito de Tibau do Sul, cuyo nombre significa entre dos aguas en alusión a sus vecinos más famosos; la Laguna de Guarairas y el Océano Atlántico. La luz del tramonto, que todo lo hace más bello, acompaña el trayecto en barco hasta un banco de arena donde nos recibe una pequeña delegación de chilenos con vinos y cervezas artesanales, frutas y delicias con sabores exóticos. Aunque son los argentinos e italianos quienes más han hecho de este lugar su hogar, los chilenos han aumentado paulatinamente, especialmente después del mundial de fútbol del año pasado. El rey de la recepción es el músico Joe Vasconcellos, quien ha sido invitado por la Secretaría de Turismo local como embajador cultural. Cae la noche y al son de los brindis, se escuchan historias de quienes dieron un giro al destino y decidieron quedarse. Se repiten las palabras paz, relajo, armonía, playa y surf. Ya estamos en Pipa y algo nos dice que no será la última vez.

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Localizada en el mayor santuario ecológico de la región, Pipa ofrece más de 10 kilómetros de playas con aguas turquesa y arenas blancas que no exigen más que una buena dosis de bloqueador solar y un traje de baño. Las piscinas y miradores naturales se suceden entre imponentes acantilados, peñascos y ensenadas, mientras la Mata Atlántida da el marco perfecto para momentos inolvidables en los que uno literalmente siente que se funde con la naturaleza, como en la costa de Madeiros. Si la idea es no moverse mucho lo mejor es caminar unos pasos hasta la playa del centro, donde los vendedores ofrecen desde bebidas, empanadas y choclos hasta pareos y bikinis.

Más al norte está el lugar que congrega a hordas de surfistas de todo el mundo. Se trata de la playa del amor, cuyas olas forman en la orilla un gran corazón. También es conocida como la de los ahogados por sus corrientes traicioneras. Ahí aparece la roca con forma de Pipa que explica el nombre del balneario y que fue lo que más llamó la atención a los portugueses que iniciaron aquí la conquista. Siglos después, es en este rincón entre Fortaleza y Recife, donde el viajero puede encontrar lo mejor de Brasil concentrado. Progreso y belleza, en un ambiente que es considerado el más seguro de todos los estados.

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Si bien es cierto que el boom de Pipa empezó hace algo más de 15 años gracias a los surfistas que echaron a correr la voz sobre sus fantásticas olas, en su pasado hay hechos que muestran que su consagración, como el tercer destino más importante de Brasil, estaba escrita. En 1928, una tormenta provocó la caída de un avión. Inmediatamente, los pescadores se movilizaron hasta el lugar del accidente y tras ver que los pasajeros y el piloto estaban a salvo, iniciaron una fiesta que se prolongó por varios días. Calma, ante todo. Es la consigna que está en el tibio aire nordestino. Esta villa de pescadores ha sabido como integrar a los extranjeros sin perder su identidad. El concepto del lujo está asociado a la rusticidad y a la valoración de lo local. Pero hay algo a nivel humano que explica su poder de atracción: su gente es alegre y amistosa. Esa cordialidad se mezcla con imágenes en mi mente: el paseo en buggie, el nado con delfines, las tortugas o simplemente nada más que mirar donde el cielo se junta con el mar… En Pipa los días pasan rápido. Demasiado rápido.

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CÓMO LLEGAR
GOL es la aerolínea favorita de los brasileños y regresó a Chile en gloria y majestad. Tiene dos vuelos diarios a Sao Paulo, donde se hace la conexión hacia Natal. La compañía cuenta con un espacio Vip que ofrece todas las comodidades para hacer de la espera un agrado máximo. www.voegol.com.br.

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DORMIR

Posada Toca da Coruja: Es una posada de lujo que invita a un fugaz viaje al Amazonas, donde los monos salen a recibir a los visitantes y la mejor música del mundo emerge de entre unos parlantes. Entremedio de esa frondosa vegetación cohabitan un gimnasio, un restorán, un bar y dos piscinas. Un completo servicio de SPA permite a los visitantes reponerse rápidamente. Recomendado: masaje ayurvédico. Avenida Baía dos Golfinhos 464.

Boutique hotel Marlin’s: Ideal para amantes del diseño. En sus habitaciones, uno tiene la sensación de estar inmerso en las cálidas aguas nordestinas. Tiene más de 200 tipos de orquídeas en sus jardines. También, destaca su cocina que sacó el primer lugar en el último festival gastronómico del balneario. Rua Beija-Flor 61.

Hotel Kilombo Vilas SPA: Para quienes buscan privacidad total, este hotel ofrece cinco villas exclusivas con vistas al mar y la playa Sibaúma. Hay piscina y una playa privada. Rua das Tartarugas s/n – Simbaúma.

COMER
Tapas: Los entendidos dicen que en esta taberna con aires europeos se cocina la nueva gastronomía local y no se equivocan. Aquí hacen auténticas maravillas con el atún. Rua dos Bem Te Vis s/n – Praia de Pipa.

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Camarao na fazenda: Al final de una callecita se levanta este clásico de Pipa, donde además de productos del mar, hay carnes de primer nivel. Rua dos Bem Te Vis.

Caxanga: Enclavado en la playa del centro, este lugar está abierto las 24 horas. Para algunos, una de las mejores barras en muchos kilómetros a la redonda. Praia del Centro.

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Barraca de Tonho: Más allá de las exquisiteces locales, aquí la estrella es su postre: banana con merengue y una salsa que impide probar solo un bocado. Zona de Cunhau.

Goldes’s: El mejor lugar para despertar el apetito tomándose una caipiriña desde su terraza. Cocina minimalista, pero sabrosa. Bahía Dos Golfinhos.

Capitao dos mares: No hay mejor lugar para disfrutar una buena langosta que este restorán que ha sido elogiado por las publicaciones gastronómicas. Su carta de principio a fin es una tentación. Tibau do Sul.

PASEOS

Spa: Ponta de Pirambu es la alternativa para relajarse después de tantas caminatas y tardes de deporte aventura. Una piscina natural enclavada entre palmeras al borde de la playa salvaje. Masajes, terapias alternativas y una carta con las mejores especialidades de la zona. Rua Sem Pescoco 250.

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Buggie: No pasear en estos pequeños vehículos es aquí un pecado imperdonable. Hay varias rutas entretenidas. Una local que dura algo más de una hora y pasa por el Chapado, el Morro do Cruzeiro, Ponta do Madeiro, Praia das Cacimbinhas y la Laguna de Guaraíras. El otro requiere el día completo y que va hasta Sibaúma y Barra do Cunha. Se atraviesan acantilados, ríos, manglares y piscinas naturales de Sibaúma y Barra do Cunhaú. La última parada es una fábrica de cachaza, donde degustar las distintas variedades de la tradicional bebida. El mejor bugueiro es Gilson Capoeira. Teléfono 84 994412224.

Más información en www.pipa.com.br/los_videos.