Cuando hablo de vacaciones siempre pienso en playas, sol y cocteles a media tarde, lo más lejos del frío que el presupuesto resista, pero cuando recibí la invitación para conocer el sur argentino no pude decir que no. “Es un viaje a la Argentina profunda”, me dijo Juan, al otro lado de la línea. Acompañar a un artista a un viaje de inspiración no es una simple convocatoria, es un honor frente al cual uno no puede menos que sentirse honrada. Treinta días más tarde, nos reuníamos en el Aeropuerto de Ezeiza, listos para iniciar nuestro periplo bajo un cielo translúcido después de tres noches de tormenta eléctrica.

Las medialunas, el mate y los sándwiches de miga, el infaltable cocaví local aparece en cuanto nos adentramos en el camino que nos llevará a nuestro primer destino: Veinticinco de mayo. La ciudad, típica de la provincia de Buenos Aires, posee una arquitectura al estilo de un campamento militar romano y no tiene más de 25 mil habitantes. Al recorrerla, se viene a la mente una reflexión recurrente en la literatura de Jorge Luis Borges: “Son pueblos que se parecen en todo incluso hasta en creerse diferentes”. Leo en la web que cuando Lady Di visitó esta zona quedó maravillada con la pureza de sus cielos y le encuentro toda la razón. Dormimos en el campo Los Machitos, donde los Aguerre preparan algunos de los purasangre más cotizados en la elite del polo mundial.

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Al día siguiente, antes que amanezca, el GPS nos guía hacia la ruta 40, por la que zigzaguearemos incansablemente. Como la 66 que cruza Estados Unidos, la carretera argentina es el hilo conductor del país. Cruza 11 de sus 23 provincias, desde las más australes Santa Cruz, Chubut, Río Negro y Neuquén hasta el límite con Bolivia en la ciudad de La Quiaca en la zona de Jujuy. Dejamos atrás los ombús y los espinillos junto con los álamos y su sinfonía al ritmo del viento. Vamos por el camino suroeste, dejando atrás la provincia de Buenos Aires hacia la pampa. Tomamos la ruta 3 y luego la 5. El paisaje se vuelve más agreste, y la paleta de colores adquiere tonalidades impensadas. La tarde avanza hacia su final, cuando paramos a caminar y sentir lo que sólo en un lugar así se puede sentir. A la hora que los italianos llaman tramonto, cuando los últimos rayos de luz se desvanecen juro que le veo las llagas al sol y no he tomado más que café y agua. A unos cincuenta metros, mi compañero de viaje está sentado en una pequeña roca, con un block en su regazo y un lápiz en su mano. El viento silba alrededor. Más tarde, me comentará: “ Si bien la luz de la pampa y la Patagonia es fría y poco adecuada para la pintura de caballete, el cielo es de un azul tan intenso que sobrecoge y emociona por la pureza del aire y las perspectivas infinitas”.

Tres horas más tarde, estamos en Neuquén para cenar. En el hotel Iberia, donde encontramos alojamiento sin reserva previa, nos hablan de la nueva cocina patagónica, que es un movimiento que propone revisar el pasado aborigen de la región y volver a los alimentos autóctonos, como la carne de guanaco o choique y plantas silvestres comestibles. Pero queremos probar la oferta clásica y tras una breve investigación llegamos al secreto mejor guardado de la ciudad: la parrilla El Tío, donde los ojos de bife nos seducen de entrada. Al día siguiente, más delicias. Ravioles de trucha, cordero al palo, chocolate caliente con churros y masitas varias, pero cuando lleguemos a San Carlos de Bariloche, las fábricas de chocolate serán nuestra perdición. Al igual que el Brew Pub Berlina de los hermanos Ferrari que funciona desde 2005 en el kilómetro 11.7 de la ruta al Llao Llao. Las mejores cervezas locales con toda esa onda que sólo los argentinos saben imprimir a sus espacios.

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Antes, nos desviaremos de la ruta para conocer el paso Aguerre. Un pueblo perdido en la inmensidad de la nada, donde nació Jorge Néstor Aguila, el primer conscripto que murió durante la guerra de las Malvinas durante una operación militar para recuperar Grytviken, en Georgia del Sur. Cuando el helicóptero Puma en el que viajaba junto a soldados del cuerpo de infantería de marina fue derribado por efectivos británicos. También pararemos en cada lugar donde hay señales de los primeros habitantes que tuvo la zona: los dinosaurios. Durante un trekking, nos maravillamos al ver gran cantidad de animales fosilizados y pienso que no hay mejor lugar para aprender historia. Confirmo mi teoría horas más tarde, cuando veo la cara de fascinación que tienen los niños que se mueven por el circuito del parque temático Nahuelito.

El destino quiso que nos encontráramos con la primera gran nevada bien instalados en una hostería en San Carlos de Bariloche, después de haber disfrutado un crucero por las aguas del lago Nahuel Huapi que incluyó una excursión por la isla Victoria y por el mítico parque de Los Alerces que habría inspirado a Walt Disney en la creación de la película Bambi. Así que pudimos asistir a la apertura de la temporada 2014 del deporte blanco. Elegimos cerro Bayo por varias razones. Es el centro de ski más extenso, cuenta con 20 kilómetros de pistas con un desnivel de 700 metros y está a sólo nueve kilómetros de otro imperdible: Villa La Angostura. Rodeado de bosques milenarios y lagos glaciares, ofrece una majestuosa vista del lago Nahuel Huapi. La gran cantidad de mapuches que viven en la zona me sorprende, pero mi compañero de ruta me aclara que esta región es donde la integración entre ambos países es más latente.

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Cuando esperamos el tour que nos llevará a conocer el glaciar Perito Moreno desde Calafate, Juan Aguerre resumirá nuestra travesía en pocas palabras. “La paradoja de estos días es que yo te invité a cruzar mi país y lo que conseguiste fue encontrar las raíces del tuyo. La identidad andina es una sola”, afirma, mientras el cielo comienza a oscurecerse anunciando una tormenta.