Los Rapa dicen que a la isla hay que ir a aprender, no sólo a divertirse. Imposible no hacerlo. Son 160 kilómetros cuadrados de museo e historia viva al aire libre: Los moais, esos enigmáticos rostros tallados en piedra volcánica que se levantan y miran a su pueblo en señal de protección y defensa, se distribuyen a lo largo de la costa; vestigios de casas hechas de piedra y en forma de canoa, construidas por quizá quién y cuándo; cerca de 800 sistemas de conexiones subterráneas, donde se escondían los locales de los ataques extranjeros. Y mucho más…

Ubicada a 3.500 kilómetros de la costa continental y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2005, Rapa Nui es la isla habitada más remota del planeta.

Ubicada a 3.500 kilómetros de la costa continental y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2005, Rapa Nui es la isla habitada más remota del planeta. Y se nota. No en vano se le bautizó como te pito o te henua, el ombligo del mundo. Sus 5.802 habitantes (Censo 2012), se concentran en el único poblado del lugar, Hanga Roa. En sus calles empedradas confluyen autos, motos, bicicletas, caballos, y no se ven prácticamente señales de tránsito. De igual forma, no existe el caos.

El clima es subtropical marítimo y las lluvias son tan repentinas como frecuentes. Por ello, los visitantes deben llevar chaquetas y paraguas, pero también mucha protección para el sol. Es que todo es impredecible: En Hanga Roa llueve, en Anakena, una playa a 25 minutos en auto, el calor es abrasador. Así, y viceversa. Los atardeceres: una postal. Se recomienda verlos desde el complejo Tahai, cerca del pueblo, pero la verdad es que desde cualquier punto de la isla, las nubes y el sol —que acá pareciera doblarse en tamaño— hacen una imagen única.
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Isla de Pascua se formó hace más de 3 millones de años, por una serie de erupciones volcánicas y moldeada por los embates del mar. Los pobladores, eso sí, comenzaron a llegar a partir del siglo IV de la era cristiana provenientes de la mítica isla de Hiva, y guiados por su primer rey, Hotu Matua, a quien le rinden permanente homenaje. En el aislamiento más absoluto desarrollaron niveles de progreso cultural cada vez más complejos para subsistir. Hasta que en 1772, el navegante neozelandés Jakob Roggeveen, en un viaje a Oceanía, descubrió este lugar para los ojos de Occidente. Fue el mismo día de Pascua de Resurrección, de ahí el nombre que le otorgó. A su llegada, describió a los Rapa Nui como “un sutil pueblo de mujeres hermosas y hombres amables”. En 1887, se anexó al territorio chileno, haciendo del turismo su principal fuente de ingreso. Y los lugares son muchos. En la costa sur se encuentra la plataforma de moais más grande. Una fila de 15 estructuras —la más alta pasa los 14 metros—, se para sobre un Ahu, plataforma hecha de piedras perfectamente encajadas. Su tamaño es imponente. En 1960, el terremoto de Valdivia trajo una ola que dejó a toda la formación en el suelo y a 100 metros tierra adentro. Con la ayuda de Japón y luego de más de 10 años de trabajos, se volvieron a levantar.
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El complejo Tahai-Ko Te Riku es un sitio arqueológico donde se ven casas de piedra, gallineros, sitios ceremoniales, tres plataformas con moais y un embarcadero construido completamente de piedras. Queda en medio de Hanga Roa y, a sólo unos metros, el museo antropológico Sebastián Englert, que promueve la comprensión de la compleja cultura Rapa Nui.

A pesar de todos sus kilómetros de costa, sólo cuenta con dos playas de arena blanca y mar color turquesa: Anakena y Ovahe. La leyenda cuenta que por la primera llegó el rey con toda su familia. En ese entonces, el sitio se utilizó como centro habitacional y de organización política, social y cultural. Con sus aguas tibias, palmeras polinésicas y moais de fondo, se hacen un destino imperdible, cargado de belleza y misterio.

Tres volcanes coronan cada punta de la isla, que tiene forma de triángulo.

Tres volcanes coronan cada punta de la isla, que tiene forma de triángulo. De hecho, Rapa Nui es una enorme montaña submarina de alrededor de cuatro kilómetros de altura de la cual sólo emergen sobre el nivel del mar las cimas de los cráteres principales, Terevaka, Katiki y Rano Kau. Estos volcanes dieron origen a una red de cuevas subterráneas que los primeros habitantes utilizaban como refugio frente a los ataques de los invasores. Vale la pena un recorrido por esos lugares para impregnarse de la historia que envuelve el lugar. La mejor forma es hacerlo en moto para sentir el clima, los olores y colores de manera más directa y real.

A pesar de que los turistas llegan en masa y a lo largo de todo el año, el alojamiento no es una preocupación. Desde lujosos y cómodos hoteles, como el Hanga Roa, hasta hostales que alojan a visitantes de todos los bolsillos y de todas partes del planeta. El precio promedio bordea los 100 dólares por noche y la mayoría cuenta con una espectacular vista a la enormidad del Pacífico.
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En cuanto a la actualidad de la isla, Petero Edmumds, alcalde de Rapa Nui, y que acaba de asumir su quinto periodo, quiere implementar un nuevo modelo con su proyecto Rapa Nui con amor. “A: autosustentabilidad; M: mejoras continuas; O: optimización y R: responsabilidad social”.

Edmunds dice que hay que mostrar que la isla puede mantenerse de forma sustentable, verde y crecer a partir de ahí. “Que no exista basura en las calles. El visitante deja de ser turista y pasa a ser amigo del lugar. Queremos que se convierta en la Suiza de la Polinesia. Que todos, desde el más alto cargo, al más bajo, tengan el mismo concepto de responsabilidad y cuidado por la isla”.
El sol empieza a esconderse y en el horizonte se ven tormntas marinas. Hace calor y comienzan a caer las primeras gotas. Nadie sabe por cuánto tiempo.