La sucesión de atentados terroristas que sacudió a Francia en los últimos años trajo consigo dos hechos irrebatibles: las Fuerzas Armadas se tomaron las calles en un patrullaje incesante y las leyes de excepción que han regido durante este tiempo siguen sin contar con el beneplácito de toda la población. Sin embargo, si pensamos que el objetivo del Estado Islámico o ISIS era dar una estocada mortal al estilo de vida de la metrópolis del hedonismo, los parisinos bien pueden gritar victoria. Ni la alerta de “intensificación del riesgo de ataques terroristas” que Estados Unidos emitió hacia las principales capitales europeas ni el fin de la luna de miel con el presidente Emmanuel Macron, cuya desaprobación alcanza el 57%, han logrado opacar el goce con que los parisinos observan la transformación de su ciudad.

Desde la segunda quincena de noviembre, tal como reza la tradición, las fachadas de los tradicionales almacenes, como Printemps Haussmann y Galeries Lafayette, muestran lo último y más sofisticado en decoración navideña.
Desde los interminables árboles navideños, plagados de detalles irrepetibles, hasta originales juegos de luces y hologramas que envuelven a los visitantes en una aura de fantasía; la cuna del refinamiento sí que honra en estas fechas su apelativo de “ciudad de la luz”. Basta con subir al autobús panorámico “Illuminations de Paris” para comprobarlo. Cuando la noche cae y las luces intervienen mágicamente las fachadas de la ópera Garnier, el Arco del Triunfo, la Torre Eiffel y el Museo del Louvre, es imposible no conmoverse ante tanta belleza. En este paseo ­—catalogado por las revistas de viajes como imperdible—, se puede apreciar el retorno de una vieja tradición: la instalación de la Gran Noria de la Plaza de la Concorde que desde sus 70 metros de altura brinda una panorámica de París perfecta.

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Para el chileno Jaime Riffo, residente en Francia hace cinco años, es la testarudez tan propia de esta idiosincrasia la que mejor explica la manera de enfrentar la inminente amenaza terrorista. “Desde el comienzo, primó un sentimiento de manifestación contra el miedo, de difundir la idea de que no había por qué dejarse llevar por el terror. Al contrario, había que seguir la misma vida de antes. Los ataques fueron contra lo que los musulmanes extremos consideran manifestaciones impuras mundanas que son en definitiva la esencia del vivir local, entonces la manera de enfrentarlos fue seguir haciendo lo mismo. A diferencia de los norteamericanos, los franceses no quisieron cambiar su estilo de vida”.

Si la idea es bucear un poco más profundo en la cultura parisina, los mercadillos son una buena alternativa en Navidad. Aunque su existencia data desde la década de los 90, se han transformado en espacios insuperables para encontrar artículos de fiesta, productos regionales y objetos artesanales. Uno de los más populares es el de Notre-Dame que reúne a más de 50 artesanos, diseñadores de moda y escultores de vidrio. Dicen que no existe mejor lugar que este para degustar la receta original de los bretzels o saborear un pan de jenjibre.

Para los niños, el mejor panorama sigue siendo deslizarse por las pistas de patinaje sobre hielo al aire libre instaladas junto a la torre Eiffel. Y si la estadia se prolonga más, recibir el 2018 en algún rincón de los Champs-Elysées, bajo un espectáculo pirotécnico, puede convertirse en una experiencia inolvidable.