La vista desde el avión que se acerca a esta bahía en medio del Pacífico da pistas de lo que se avecina. Grandes rascacielos en medio de un paisaje tropical me hacen sentir como en Miami. Al aterrizar, los acomodadores de aviones no parecen sentir el calor y la humedad que minutos más tarde me golpea de pies a cabeza. Estamos en septiembre, época de lluvia, y el calor no es tanto, se supone.

 “¡Recuerda que estás en el Caribe!”, me digo.  Palmeras, pantanos y mucho verde rodean la carretera que, en quince minutos, me instala en la moderna ciudad que vi desde el avión. La larga avenida Balboa que costea la bahía me recibe con un día espectacular. El desarrollo se ve en cada rincón: las carreteras, los autos de lujo, la arquitectura, los negocios…

El mejor lugar para visitar durante el 2012 fue el título que le otorgó The New York Times. ¿La razón? El país vive un auge luego de haber recuperado hace quince años el control del Canal de Panamá —obra que facilita la comunicación entre las costas del Atlántico y el Pacífico e influye significativamente en el comercio mundial— que hoy cumple cien años. Panamá tiene una posición privilegiada en varias clasificaciones de desarrollo de América Latina: es el país con mayor crecimiento económico y el segundo más competitivo de la región según el Foro Económico Mundial. Además, acaba de ganar cinco de los premios más relevantes en los World Travel Award, también conocidos como los Oscar del Turismo, entre ellos el ‘mejor destino de negocios de Centroamérica’. Un destino premium.

Apenas poco más de tres millones de habitantes componen esta república en donde la oferta es mayor que la demanda de trabajo , lo que ha abierto las puertas a más de 100 mil inmigrantes que buscan alcanzar el anhelado ‘sueño americano’. No solo atraídos por los negocios, sino también por la inmensidad de paisajes, los turistas poco a poco están prefiriendo este destino que antes sólo era un lugar de tránsito. Pese a su crecimiento, el país conserva sus tradiciones y eso le da más que un par de puntos a su favor.

Para conocer mejor la capital es importante explorar sus dos caras: la moderna y la tradicional. Ruinas del año 1500 y pequeños pueblos costumbristas se sumergen en medio de la urbe. Un imperdible es el Casco Antiguo. Fundado en 1673, el también llamado Panamá Viejo, es el centro histórico y de moda. Espectaculares edificios coloniales de estilo español, francés y americano conforman este Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Galerías, bares, restoranes y otros comercios atraen no solo a turistas, sino también a los mismos panameños. Entre las paradas obligadas se encuentran el Palacio Presidencial —al que puede ingresar solicitando una visita guiada en el departamento de protocolo—, la Plaza de Francia que fue diseñada como un tributo al intento de los franceses por construir el canal y la más destacable de todas: la iglesia del Altar de Oro. Toda una leyenda en la ciudad, ésta representa el tiempo en que los piratas acechaban el oro del sector. El nombre del templo es iglesia de San José y la historia cuenta que cuando el pirata Morgan saqueaba y destruía Panamá La Vieja, al padre de la parroquia se le ocurrió pintar de alquitrán el altar para esconder su verdadero valor. Sin inconvenientes, puede acceder y tomarse fotos con el impactante altar de fondo.

Pero la gran atracción es el canal de Panamá, que este año cumple cien años. Una infraestructura que convirtió al país en un punto de encuentro de culturas provenientes de todas partes. Es una obra que facilita la comunicación entre las costas de los océanos Atlántico y Pacífico y que influye significativamente en el comercio mundial. Desde su apertura el 15 de agosto de 1914, el canal ha proporcionado un servicio de tránsito a más de 700 mil barcos y desde el punto de vista técnico, es uno de los mayores logros de la ingeniería moderna. Del Atlántico al Pacífico mide 80 kilómetros de largo; tiene una profundidad que no supera los 14 metros y además posee uno de los mayores lagos artificiales del planeta, el Gatún.

Por su posición geográfica ofrece una amplia plataforma de servicios marítimos, comerciales, inmobiliarios y financieros, entre ellos la Zona Libre de Colón, la zona franca más grande del continente y la segunda del mundo. Este año implementó un sistema que ha mejorado considerablemente la calidad del rendimiento. Debido a la congestión que sufría el canal por las obras de ampliación, se estableció un servicio de reservas que ofrece cupos de tránsito para un máximo de 24 navíos por día. Se espera que el tráfico se regularice con el fin de la ampliación que comenzó ocho años atrás y tiene fecha de término para diciembre de 2015.

Algunos de los mejores lugares para conocerlo y verlo en funcionamiento son las esclusas de Miraflores y la zona selvática que rodea Gamboa. Miraflores es el lugar ideal para observar las operaciones de la obra a tan solo 20 minutos del centro de la ciudad. Posee grandes balcones desde donde se puede apreciar cuando se abren y cierran las compuertas para el ingreso o salida de los buques. Además de verlo en vivo y en directo, el lugar cuenta con un museo y un cine en donde se emite una renovada película sobre la construcción del canal. La entrada al recinto cuesta 15 dólares y pese a que el canal funciona las 24 horas del día, se recomienda ir por la mañana. 

Otra opción es Gamboa. A 35 minutos del centro se encuentra esta división de dragado del canal, donde el río Chagres se une al lago Gatún. Es un destino ecológico y de aventura. Aquí es posible hacer recorridos por el canal viendo de cerca los trabajos de ampliación en un viaje en lancha de una hora y media. Esta zona selvática es considerada una de las más ricas en biodiversidad de todo el planeta y en el paseo se aprecian águilas, monos, perezosos, tortugas y cocodrilos que comparten su hábitat con el paso de barcos de todo tipo y tamaño. Ojo con los hoteles boutiques de la zona, son una muy buena opción para hospedarse.