La primera vez en Nueva York nunca se olvida. Es de madrugada y la oscuridad ni se nota. Infinitas luces brillan intensamente sobre el río Hudson. Miles y miles de imágenes se apoderan de mi mente a medida que nos adentramos en el llamado “centro del mundo”. Manhattan se siente como si uno ya lo conociera. Algunos insisten en que ‘hay que vivirlo intensamente’ y qué mejor manera que hacerlo en un recorrido de 48 horas arriba de un BMW —la firma automotriz está cerca de cumplir cien años. 

“Welcome to Manhattan, now you can go out and find yourself here” (Bienvenida a Manhattan, ahora puedes salir a recorrer y encontrarte a ti misma) me dice el encargado del lobby del hotel cuando me entrega la llave de la suite. Por unos segundos dudo entre salir o quedarme. La noche parece estar arrancando en la ciudad. Pero miro el reloj y me doy cuenta de que es solo un espejismo: son las cuatro de la mañana. Es que la Gran Manzana parece estar siempre despierta. Lo cantó en su tiempo Frank Sinatra y hoy Jay-Z junto a Alicia Keys, “the city that never sleeps” (la ciudad que nunca duerme). Un par de horas más tarde lo compruebo, las luces de Times Square me despiertan reluciendo intensamente en mi cara. Me asomo por la ventana y las calles ya están colapsadas, entre taxis y peatones corriendo con vasos de café, algunos hasta con uno en cada mano, la mañana ya había comenzado hacía rato.

Fashion 

La Quinta Avenida se ha transformado en el paraíso de los amantes de la moda, donde enfrentan las tiendas de importantes diseñadores internacionales con piezas arquitectónicas como la catedral de San Patricio.

Wp-NY9_450

“¿Mimosa, Madame?”, me preguntan dos garzones al mismo tiempo apenas instalo un pie en la terraza interior del piso 23 del hotel Westhouse. La vista hacia los rascacielos más altos de la ciudad es imponente. El jazz suena de fondo mientras llegan más huéspedes y por un segundo me olvido de que estoy en Estados Unidos. Exquisitos viennoiserie aparecen en bandejas que entran simultáneamente y se llevan toda la atención con el clásico pain au chocolat y el cotizado pain aux raisins que hacen imperdibles los brunch en la Gran Manzana. Chinchín y es momento de salir a explorar.

Wp-NY8_450

A dos cuadras se encuentra la Quinta Avenida, justo en la intersección donde se enfrentan los 20 mil metros cuadrados de la tienda de cuatro pisos de Louis Vuitton con Burberry, Christian Dior y Tiffany & Co., un sueño para cualquier fashionista. Pero lo que sin duda alguna ‘se lleva’ en esta prestigiosa calle es ‘la onda propia’. Finalmente, así es como nace la vanguardia neoyorquina, donde un par de zapatillas puede llegar a costar 11 mil dólares y se combinan a la perfección con un outfit para ir al trabajo. Pero lo cierto es que Nueva York esconde muchos otros rincones que se han consagrado como exclusivas joyas para la industria de la moda, como las boutiques del Soho y las tiendas de diseñadores internacionales de primera línea como Stella McCartney, Alexander McQueen y Christian Louboutin en el Meatpacking District, el antiguo matadero de la zona y que al más puro ‘estilo New York’, hoy brilla por su reinvención como uno de los barrios más visitados de Manhattan. 

Wp-NY5_450

Pero la recepción había sido tan sólo una pincelada de lo que sería el resto de mis horas en Manhattan. A eso de las 6 de la tarde nos reunimos en el lobby del hotel. ¿Qué llave prefieres?, me dice en tono de broma Dan Christian Menges, el steering manager de Américas de BMW. Salimos a la calle y frente a nosotros, un verdadero oasis en el desierto. Una seguidilla de los últimos modelos de BMW se estaciona frente a nosotros, entre los que indiscutiblemente resalta el deportivo i8, no sólo por la modernidad de su diseño —algunos de sus trazos en azul eléctrico atraen la mirada de los transeúntes—, sino porque es una combinación de lujo y sustentabilidad gracias a un motor eléctrico y uno de combustión —como un híbrido que se recarga—. Es la hora peak del tráfico y el revuelo que genera esa cuadrilla de BMW es evidente, tanto más si se considera que en Manhattan tan sólo un 23% de los hogares tiene un auto, según los datos del último censo del país. 

Wp-NY6_450

Me subo a uno de ellos y cuando me detengo en un semáforo en la calle 8, me doy cuenta de que por primera vez los neoyor quinos dejan de ir con la mirada al frente y giran para contemplarlo sin disimulo. En cosa de segundos dos asiáticos se acercan al auto y se toman una selfie: “Para el recuerdo”, me dicen en inglés. Continuamos nuestro recorrido en las profundidades del Central Park y luego paramos en el Museo de Arte Metropolitano, donde acaba de ser la MET Gala de Anna Wintour.

Pero Nueva York es más que moda y el primer día no podría terminar sin probar su gastronomía que, como el sello de la ciudad, también es cosmopolita. El atardecer se puede ver desde el noveno piso del Museo de Arte y Diseño de la ciudad, ubicado frente al Columbus Circle, en el restorán Robert, donde el Mad Manhattan es el cóctel perfecto para esa ocasión y donde la chef Luisa Fernández cautiva paladares con sus exquisiteces. Desde queso de cabra con vinagreta de papayas y carpaccio de tuna y salmón hasta el pato a la cereza acompañado de puré de patata y trufa con vista panorámica a todo el parque y a las luces de Broadway. La mejor manera de finalizar la primera jornada.

Wp-NY4_450

Ya para el segundo día no sabía qué esperar. Habíamos paseado en los nuevos modelos por lugares emblemáticos de Manhattan —sin duda me costará encontrar una forma más glamorosa para volver a recorrer la ciudad—. Pero Nueva York siempre sorprende. En plena calle 55 al oeste, Christine Graeber, mánager de comunicaciones corporativas del grupo BMW en Latinoamérica y el Caribe, me dice: “Ahora sentirás la verdadera velocidad de estos autos”, al tiempo que me pasa las llaves del deportivo que alcanza hasta los 250 kilómetros por hora sin problema. Me armo de valor y tomo el volante. En plena ruta i-95, que une a la isla con Nueva Jersey, un policía nos aterriza a la realidad y toma una fotografía desde su auto: “Nice car” (qué lindo auto), me dice. Entonces me acuerdo de que estoy viviendo una fantasía, pero real. Estacionamos en el boulevard Harbor y la vista es, con todas sus letras, majestuosa. Por un día había olvidado que estaba inmersa dentro de todas esas imponentes construcciones que desde ahí me hacían sentir verdaderamente minúscula. Una pareja de novios posa con ese telón de fondo. Es sin duda la fotografía perfecta con el Empire State y el cuarto rascacielos más alto del mundo, el One World Trade Center. 

Wp-NY10_450

Ya en el aeropuerto, antes de regresar, repaso las 48 horas vividas en la Gran Manzana. Y me cuesta creer haber estado al volante de un BMW recorriendo uno de los lugares más visitados y retratados del planeta: 47 millones de turistas la visitan cada año. Estuve en el corazón del mundo, me digo y mi corazón late con la misma intensidad que la vida palpita por las calles de Manhattan.