Bienvenidos al país más joven del mundo. Así se autodefine para el planeta Nueva Zelanda, nación cuyos paisajes —los mismos descubiertos tardíamente por la civilización occidental (de allí el lema)— serán vistos a distancia este mes por millones de personas gracias a la película El Hobbit, un viaje inesperado, de la que es el escenario natural.

Compuesta por dos grandes islas, tiene una diversidad de climas y parajes. Un activo natural —de playas, bosques, montañas y glaciares— que en las últimas décadas las autoridades han explotado, desarrollando un turismo con foco ecológico, de adrenalínicas experiencias con deporte aventura y también de intercambio ancestral con la cultura maorí que se mueve como grupo embajador de esas latitudes.
Los exploradores extremos se dirigen directo a Queenstown, en la isla sur (habitualmente comparada con el sur de Chile). Allí viven la fuerza del río Kawarau en balsas de rafting o en ‘tablas’ para surfear en agua dulce. En el mismo curso, a 20 minutos de la ciudad, los visitantes se concentran para realizar saltos en bungee desde el puente principal, un panorama que se extiende hasta altas horas de la noche. Para los más osados está la cabina a 134 metros sobre el río Nevis, como para fantasear sin traje espacial la experiencia del austriaco Felix Baumgartner.
También desde Queenstown se coordinan las excursiones a otros puntos de la isla sur. ¿Lo más requerido?: Escalar montañas, lanzarse en paracaídas con vista a lagos (como el Pukaki y Wanaka), realizar caminatas extremas por hielos eternos (como el glaciar Fox o el Tasman) y experimentar la velocidad en un bote-jet de propulsión a chorro entre los estrechos cañones del río Shotover. En ánimo más pasivo están los paseos desde Kaikoura para avistar ballenas, con un 90 por ciento de satisfacción.

En la isla norte sigue primando el turismo de naturaleza. Los volcanes son protagonistas (Ruapehu es el más visitado) con diversos enclaves termales asociados, que aparecen por decenas cerca de ciudades (Waiwera está a poco más de media hora de Auckland) o en puntos más retirados. El clima es más cálido en dirección boreal, las playas (algunas vírgenes) atraen con sus arenas y aguas cristalinas, ideal para escapadas paradisíacas.

Dentro de los límites urbanos, el país tiene atractivas ciudades con vida nocturna, museos, costa y una variedad gastronómica cosmopolita, dada por la herencia europea y la cercanía a los sabores asiáticos. Auckland es la mayor metrópolis en la isla norte; le sigue en actividad Wellington. En el sur Christchurch es la ciudad más populosa. Pero todas son urbes manejables para el visitante.
Miles de jóvenes chilenos ya han sido atraídos a Nueva Zelanda gracias al programa Working holiday visa, que permite trabajar y estudiar por un año. La mayoría regresa con la experiencia de su vida.

Mundo Hobbit: Tras el incremento de visitantes a Nueva Zelanda gracias a la saga de El señor de los anillos, las autoridades kiwis apuestan a repetir el fenómeno con la nueva trilogía El Hobbit, basada en la historia de J.R.R. Tolkien y nuevamente dirigida por Peter Jackson. En torno a estas películas han estrenado la campaña turística del país bautizada 100% Tierra Media.  Por eso hoy los pasajeros del aeropuerto se encuentran con una instalación virtual que simula el paisaje de ficción y son invitados a ‘un lugar donde la fantasía se hace realidad’. En paralelo a la agresiva iniciativa en las redes sociales de la oficina nacional de turismo, en Wellington motivos alusivos a los menudos personajes decoran las vitrinas de la ciudad. Y hasta los políticos, desde el Primer Ministro John Key hacia abajo ponen sus fichas en un repunte de la economía gracias a esta producción.

Restoranes y más:

Floriditas, Wellington Destacado por Time Out como el lugar donde hay que ir a tomar un café en la calle más ondera de la capital kiwi. Aunque atiende del desayuno a la noche, la hora para ver y ser visto es el brunch, cuando su salón art dèco está repleto. Pastelería, huevos, salmón y buenos tragos conviven en su democrática carta. 161 Cuba Street Te Aro Wellington City Wellington 6011. www.floriditas.co.nz

Imperial lane cafe, Everybody’s bistro y The roxy, Auckland El clásico edificio que fue teatro, se abrió el año pasado para acoger a tres locales. El primero es para café de día y tapas de noche, el segundo para una comida y bar en tono más relajado y el último es alta gastronomía. 7 Fort Lane 44 Queen Street, Auckland. www.theimperiallane.co.nz, www.everybodys.co.nz, www.roxy.co.nz

The boiler room, Queenstown Para irse de fiesta y brindis consecutivos. Se puede bailar arriba de las mesas hasta el amanecer con música en vivo o con la selección de un Dj que se pasea de hits que van de los ’70 a los que suenan hoy en la radio. 88 Beach St, Queenstown. www.theboilerroomnz.com

Boatshed cafe, Christchurch Para relajarse al desayuno, brunch y almuerzo en su terraza que da al embarcadero de botes a remo. 2 Cambridge Terrace, Christchurch. www.boatsheds.co.nz

Matamata: El mundo de Bilbo Dos horas en auto al sur de Auckland se encuentra Matamata, zona de colinas ondulantes en que se centró el rodaje de El hobbit. La película dejó su impacto en la verde naturaleza de la región de Waikato, ya que hoy sus parajes acogen a un verdadero parque temático: Hobbiton. Tras el fin de los trabajos de las dos primeras cintas de la trilogía, el director Peter Jackson (quien es dueño del 50 por ciento de la nueva atracción turística) mantuvo los sets intactos para que los fanáticos de Tolkien conozcan la aldea de ‘La Comarca’ donde viven los personajes de la Tierra Media. Si el interés va más allá de la ficción, en las cercanías de Matamata se encuentra la imponente cascada Wairere Falls, de 153 metros de altura. Desde su entorno hay una excelente vista general del valle, que se caracteriza por el turismo rural. Para aquellos con ánimo de explorar está la ruta Rapurapu Kauris, de fácil ejecución porque son poco más de seis kilómetros de caminata cruzando ríos suaves y bosques.
www.hobbitontours.com Entrada: $ 25.000  www.newzealand.com/int/matamata/

Guerreros de mar y tierra: Por estos días Nueva Zelanda puede promocionarse ante el mundo con los personajes menudos de pies grandes y peludos del imaginario de Tolkien. Pero por décadas la verdadera imagen con que este país atraía a los turistas era la de sus habitantes originarios: el pueblo maorí. Enigmáticos, sexys y guerreros.
De origen polinésico, cruzaron el océano en canoas hasta estas tierras: Aotearoa. Su tradición, transmitida por siglos de manera oral, tiene su manifestación más popular en el baile nacional de la haka. Danza con cantos a viva voz en que hombres marcan el ritmo con las manos y golpean el suelo con los pies. Una coreografía que en el pasado era usada para intimidar a los enemigos y que hoy revive internacionalmente el seleccionado de rugby neozelandés, que la ejecuta ante sus rivales.
Otro legado son sus tatuajes, que muchos todavía exhiben en sus rostros. Estos tienen los mismos motivos geométricos de sus esculturas en madera. Hoy esta cultura se abre para que el turista conozca sus manifestaciones artísticas, gastronómicas y coordenadas geográficas. www.inz.maori.nz

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