“For tomorrow trekkers breakfast”, así terminaba mi comida en cada hostal donde alojé durante el circuito de Los Annapurnas- y por la mañana, esa mañana escarchada me esperaban dos huevos, tostadas, papas, salchichas, poroto y café negro.

El paisaje en este lugar cambia, no queda un solo árbol. Hay grandes explanadas, vegetación a ras de suelo, riachuelos por todas partes, lomas que se ven mansas y son chúcaras y roqueríos. En frente, majestuosos picos de 7.000 metros relucientemente blancos, con acantilados tan marcados que parecen cortados con un cuchillo recién afilado.

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High Camp, en mi campamentos base, son las 7 de la tarde y el frío es polar. Somos trece personas de diferentes partes del mundo, todos unidos por el gusto de disfrutar de la naturaleza y viajar. Aquí no hay fuego ni ningún tipo de calefactor, el viento sopla fuerte y esa majestuosa montaña se deja sentir imponente. Se oye soplar, se siente al respirarla; helada, fría.

Mañana a las 05:00 AM comienza el ascenso hacia la cumbre…

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Camino al Throng La, el paso más alto del mundo con 5.416 metros de altura, pienso en lo importante que será esta experiencia, ya que llevo once días caminando.
Pero el frío me jugó una mala pasada y no fui capaz de cruzar el paso, llegué a los 5.200 metros y llorando a las 08:00 AM, decidí bajar al Throng Pedi, un campamento más abajo que High Camp.

Tomar la decisión de bajar cuando estas tan cerca de la meta es una decisión difícil, lo haces cuando realmente “no das más”.

Respiré hondo, tomé una sopa de ajo (típica de los pueblos en altura) y di gracias a los Annapurnas e Himalayas por la maravilla que son, y la energía que entregan todos los días para que los cientos de trekkers sigan caminando.

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*Si ustedes se animan en esta aventura extrema, les aconsejo llevar ciertas cosas:

-Cámara de foto con mucha memoria y batería.

-Libreta de notas, es tan espectacular todo y tendrán tanto tiempo libre en las tardes, que les gustará tener donde guardar sus reflexiones.

-Libro Into thin air del famoso escritor Jon Krakauer, mismo autor de “Into the wild”.

-Dulces para regalar a todos esos niños que esperan ansiosos a los caminantes para pedirles “sweet-candy”, viven en las alturas, en medio de una suciedad y en una pobreza pertubante.

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-Buena música y audífonos.

-Naipes, harán nuevas amistades jugando cartas.

En esta lista no voy a mencionar lo que podríamos llamar típico como parca, pantalones, pastillas purificadoras de agua, porque todo ello lo encontrarás en cualquier guía turística.

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