Brasil está de moda. El año entrante es sede del Mundial y el 2016 de los Juegos Olímpicos. Pero en estas fechas, el país también se transforma en un foco de atracción, cuando la nieve se transforma en arena y los villancicos en samba. Siendo el país con el mayor número de católicos en el mundo —64 por ciento de la población, 123 millones de personas—, los cariocas tenían que festejar en grande. Por eso tienen el árbol de Navidad más grande del mundo y no sólo eso sino que además está instalado en el agua, en la Laguna Rodrigo de Freitas en Río de Janeiro.

Mide 85 metros de altura, pesa 542 toneladas y es iluminado por 3,3 millones de ampolletas. Los fieles llegan en masa hasta la orilla de la playa para ver un espectáculo que incluye oraciones y cantos en medio de impactantes fuegos artificiales, cual fiesta de Año Nuevo. Y como el alma carnavalera la llevan en la sangre: las celebraciones duran hasta el 6 de enero, fecha en que los brasileños festejan el Día de Reyes. Un movido comienzo para el 2014.