“¿Una copa de Kir Imperial?”. Sumergida en la gran tina del hotel Monasterio de Cusco, con sales energizantes, hojas de coca y velas aromáticas a mi alrededor, el mayordomo de baño —un lujo que sólo se da en hoteles verdaderamente top— se esmera por hacerme sentir como una princesa incaica. Discreto como un sirviente inglés, preparó todo personalmente, incluida la copa con el kir y la bandeja de queso andino fresco. Una delicia. Para creer que la vida puede ser maravillosa, lejos la mejor manera de reunir energías en el hotel más famoso de Cusco y nuestro punto de partida para una aventura de primera clase hacia Machu Picchu.

Nada de mochilas, de hostales o comer en alguna cocinería por ahí. La ruta entre la ciudad de Cusco, pasando por Ollantaytambo hasta Aguas Calientes y de ahí al gran destino final, Machu Picchu, no es sólo para jóvenes sedientos de experiencias. También puede ser una aventura de lujo, recorriendo lo mejor de la oferta turística y gastronómica de Perú, en un periplo digno de un rey.

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La travesía comienza en la ciudad de Cusco, la más antigua de América y capital histórica del país, centro del imperio Inca y una de las más importantes del Virreinato del Perú. Bautizada como la ‘Roma de América’, sus invaluables tesoros arquitectónicos la llevaron a ser distinguida por la Unesco como patrimonio de la Humanidad en 1983.

Hay que hacerle frente a la altura antes de aventurarse  por sus calles adoquinadas. Una infusión de coca debe ser el rito diario de rigor y llevar siempre a mano agua y algunos dulces. En cuanto al clima, hay que estar preparado con ropa ligera y un cortavientos en caso de lluvia, que aquí puede comenzar inmediatamente luego de un sol radiante.

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Por la cantidad de lugares turísticos que ofrece esta ciudad no puede ser visitada en menos de tres días. Imperdonables —si es que aquí hay algo que no lo sea— es la iglesia de San Blas, construida en 1562, y que se erige en el barrio más famoso del lugar, con los talleres de los más talentosos artesanos cusqueños.

Prácticamente en cada piedra se encuentran los rastros del feroz poder colonizador de los españoles sobre la población y tradiciones incaicas. El mejor ejemplo es el convento de Santo Domingo, construido sobre el legendario templo del inca de Qoricancha (El patio de oro), saqueado por los soldados de Pizarro, entre ellos un gigantesco disco de oro que representaba al Inti (Sol) y un altar ceremonial de nada menos que 100 kilos de oro puro. Los gruesos muros del monasterio intentaron sepultar este símbolo de la grandeza inca, hasta que luego del terremoto de 1950, gran parte de la edificación española cayó al suelo dejando al descubierto los muros originales.

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A unas horas de Cusco se encuentra Moray, un conjunto de terrazas en forma de círculos concéntricos donde los incas realizaban experimentos agrícolas, debido a las condiciones especiales del lugar, con diferentes tipos de tierra, vientos, humedad, clima y abastecimientos de agua distintos en cada uno de los niveles.

Muy cerca está el salar de Maras; reservorios individuales donde la sal que llega a través de aguas subterráneas es puesta a secar para luego ser extraída por los pobladores locales.

Pero el gran viaje hasta Machu Picchu todavía espera. Le recomendamos partir desde la estación de trenes del pueblo de Ollantaytambo, con calles y viviendas incas casi intactas. Son 90 minutos de trayecto, sin duda uno de los viajes en tren más lindos del mundo; en la medida que el ferrocarril se interna en la selva, bordeando el río, el verde se va volviendo espeso y la magia se siente en la piel. Eso mientras el personal de Perú Rail lo sorprende con snacks y una atención excelente, digna de la primera clase.

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La parada final es en el pueblo de Aguas Calientes. Aquí no están permitidos ni los autos ni las motocicletas, y el negocio turístico es el motor del lugar. Calcule quedarse un par de días para disfrutar de los baños termales y de la intensa, variada y, sobre todo, cosmopolita vida nocturna.

Un excelente hotel es el Sumaq, escogido por TripAdvisor como el mejor de 2013. A su exclusivo servicio se une su privilegiada ubicación frente al murmullo constante del río Vilcanota.

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Para ir a Machu Picchu le aconsejamos levantarse temprano, de madrugada, y esperar el autobús que en menos de 20 minutos lo dejará a las puertas de un lugar soñado donde desde hace algunos meses ronda un rumor: que la tumba del Pachacútec, el gran emperador inca, sí existe y se encontraría enterrada en cámaras funerarias subterráneas ubicadas bajo las ruinas junto a una considerable cantidad de oro y plata. Así lo afirmaría el reconocido arqueólogo francés Thierry Jamin, quien desde hace 15 años lidera expediciones en el sureste peruano. Una historia de lujo que pareciera no tener fin.