Fotos Diego Bernales

En vacaciones de invierno dan pocas ganas de tomar la maleta y cambiar de hemisferio. Y para qué hacerlo, si nuestro país ofrece destinos inigualables. Estos son cuatro lugares del sur de Chile que harán que sus días libres parezcan pocos… Lamentablemente.

Puerto Varas, ecovacaciones. Por Claudia González.

Puerto Varas tiene tanta naturaleza que falta tiempo para seguir respirando aire puro. Y aunque hay varias novedades para este invierno, ninguna visita está completa sin el clásico recorrido por la orilla del Llanquihue y el paseo al volcán Osorno. Se puede tomar un tour medio día o día completo, pero hay que asegurarse porque hay veces en que el clima impide la visita.

¿Imperdibles 2012? En primer lugar, el canopy del cerro Phillipi, con una vista espectacular a toda la ciudad, el lago y los volcanes. Ideal para quienes no han experimentado este deporte por considerarlo ‘extremo’: aquí el cerro se baja con calma y relajación.
En la caminata por la Costanera es parada obligada el restorán El Miraolas, especializado en cocina vasca de productos del mar, langostas, ostras y otros mariscos vivos. En esa misma esquina se puede abordar el Capitán Hasse, un barco a vela hecho con maderas nativas tal como los que usaron los colonos, que hoy permite navegar por el lago. Y ya que la Costanera tiene tantos atractivos, qué mejor que alojar ahí mismo, en el Hotel Dreams de Los Volcanes. Además de ser cinco estrellas, ¡tiene el casino en el primer piso!
La vida nocturna es toda una experiencia, porque con tanto aire limpio los puertovarinos tienen energía hasta la madrugada… Muy entretenido es el Club Orquídea bar-lounge. Ubicado en el centro de la ciudad, tiene un ambiente muy moderno y, además de comer, se puede bailar. En el Pizzaiolo está la mejor comida italiana: pizza a la piedra, lasagna boloñesa, calzone, bruschetta y un excelente bar. Entre los cafés, el clásico Cassis de Pucón llegó hace poco a Puerto Varas con forma de casa de chocolate. Famosas son sus medialunas argentinas y los helados italianos.
Y el que necesite más datos, puede sencillamente dirigirse a la Casa del Turista, ubicada en la Costanera de Puerto Varas, en el sector de Piedraplen. Allí entregan ayuda a cualquier visitante e información sobre la gran variedad de posibilidades que ofrece la ciudad para alojar, comer y conocer.

Termas de Chillán, relajo en las alturas. Por Lucy Willson.

Nieve en bata blanca y traje de baño. Sí, existe una alternativa invernal para quienes no tengan las habilidades deportivas de lanzarse cerro abajo en trajes térmicos. Con una majestuosa vista a las canchas de esquí, el Gran Hotel Termas de Chillán aparece como un resort de montaña que complementa su cercanía a los andariveles con una cartilla de spa, gastronomía y casino.
Ubicado a 1.600 metros sobre el nivel del mar (altitud que no produce ningún tipo de mareo o incomodidad), el hotel tiene un ala dedicada ciento por ciento al wellness. Con fumarolas volcánicas cercanas, es altamente recomendable su plan de fangoterapia, que aprovecha las propiedades del barro vegetomineral de manera terapéutica y de belleza. Además, están los tratamientos de algas, variedad de masajes (incluidos el tailandés, con piedras calientes y el shiatsu), reflexología, reiki, baños con aromaterapia y el tan de moda watsu (ejercicios de descompresión en el agua). Zambullirse en las tres piscinas (una techada) —abiertas hasta la una de la mañana—, tampoco es mal panorama.
Los fanáticos del deporte blanco tienen diversas alternativas: desde paseos en trineos tirados por perros siberianos a excursiones en motos por los cerros y ‘batallas de paintball’ en una cancha blanca. El esquí también está en el menú con el estilo nórdico (que se practica en terrenos más planos) y el nocturno con la pista de principiantes iluminada.

La pureza del aire cordillerano es notable en las caminatas organizadas desde el hotel —destaca la que va a la Gruta del Pangue, sendero de coigües que finaliza en una caverna con saltos de agua a sólo 2,5 kilómetros—, como también en el circuito de arborismo (caminar por un puente colgante entre las copas de los árboles) y canopy (nueve estaciones a mediana altura). Actividades que cuentan con monitores y son aptas para todas las edades. Los niños, en todo caso, tienen su propio club independiente. Instructores les arman diversos panoramas, incluyendo charlas al aire libre que explican —y muestran— la flora y fauna de ese sector cordillerano.
Con turistas cada día más exigentes, las demandas por excelencia llegaron a la cocina. El restorán El Montañés acaba de renovar su carta con ostras gratinadas, blinis de centolla, caviar y salmón ahumado, crema cappucino de champiñones, raviolones de centolla y tomate seco, torta de trufa blanca con naranjas al ron.
¿La siguiente parada? Ruleta, tragamonedas y dados en el casino del hotel. Pura adrenalina… complemento ideal de tanto relajo.

Huilo Huilo, selva fría. Por Alfredo López.

En medio de los bosques valdivianos, entre los lagos Panguipulli y Pirihueico, aparece Huilo Huilo. 60 mil hectáreas que en invierno son el lugar perfecto para esquiar, hacer trekking o sencillamente descansar en familia frente a la chimenea. Fue tras un fracaso en el rubro de la madera que Víctor Petermann decidió emprender un proyecto que uniera el concepto de reserva biológica y hotelería de alto vuelo. Para ello eligió este lugar escondido entre montañas y con senderos que parecen impenetrables, todo poblado de especies endógenas como coigües, alerces y ñirres milenarios que permiten la conservación de ecosistemas únicos, con aves chilenas como el martín pescador, cóndores, chucaos, además de guanacos, pumas y huemules.

Sus principales atractivos son el río Fuy, el volcán Choshuenco y el salto del Huilo Huilo. En cuanto a hotelería y servicios, impacta primero el hotel Baobab, una maravilla arquitectónica que emula la estructura de un árbol. 55 habitaciones, distribuidas en 7 pisos, rodeadas de volcanes y la inmensidad de los Andes patagónicos. También está el Hotel Montaña Mágica y otro en construcción.

Huilo Huilo es un milagro para los amantes del deporte blanco: su temporada de invierno es la más larga de Chile. La nieve, que comienza a caer en julio, muchas veces se mantiene hasta enero. El bosque nevado permite la práctica del esquí, tubbing, snowboard, caminatas con raquetas, paseos en darwinii y motos para llegar hasta la cima del volcán Mocho-Choshuenco. Son cinco pistas de nivel medio a intermedio con dos andariveles tipo trineo. Cualquier visitante puede comprar tickets, pero los huéspedes tienen  precios especiales.
La partida comienza en un sendero de lengas e incluso se bordea un glaciar —Plateau­— a los pies de la montaña… En la tarde, chocolate caliente en el restorán del hotel o en el Café del Duende.
Otras rutas son el bosque de Los Ciervos y el Museo de los Volcanes, con piezas de la cultura local y una enorme exhibición mapuche. También el Salto de La Leona y Sendero de los Espíritus, además de una cervecería artesanal impulsada por el mismo Víctor Petermann.

Nevados de Chillán, mucho más que nieve. Por Paula Palacios.

Nevados de Chillán es el centro de esquí con la cancha más larga de Sudamérica (14 kilómetros) e inigualables termas minerales enclavadas en la montaña. En el corazón del valle Las Trancas, en las faldas de la cordillera de los Andes, esta temporada debutaron cuatro nuevos andariveles de elevación (de un total de ocho), que esperan a unos 80 mil visitantes. El 2013 pretenden terminar un segundo hotel Altos Nevados de cinco mil metros construidos, que tendrá ocho pistas a campo abierto para principiantes y a un costo menor.
Pero no todo es nieve. En el valle Las Trancas (a 8 kilómetros) hay una enorme variedad de panoramas, restoranes, un eco parque para canopy y travesías en alturas para adultos y niños, un observatorio estelar y un sinnúmero de cabañas y complejos vacacionales, desde casas ecológicas hechas de containers (Ecobox Andino) hasta lodges como el Misión imposible. Sus dueños, un matrimonio francés, se instalaron en la zona hace ocho años… cuando no había ni caminos.

El trekking es lo que más se practica. En la tradicional subida al valle, que dura 45 minutos, lo más impactante es el mirador y su vista de los volcanes Chillán viejo y nuevo, la cascada Velo de la novia y el cordón del cerro Las Cabras. “Además están las travesías hacia la laguna Huemul, al sector de Shangrilá, a los ventisqueros, volcanes, cerro Purgatorio y a los ríos de agua caliente. Hay uno y mil caminos para conocer la zona”, dice el montañista del Ejército Eduardo Salinas, dueño de las cabañas Ruca Puken.
La ruta gourmet también se roba la película. Desde exquisitas pizzas en el SnowPub, pastas artesanales con queso de cabra y espinaca en el restorán Bistró (de las cabañas Las Cabras, certificadas por Sernatur), comida española y jamón serrano de primer nivel en el Parador jamón pan y vino, hasta cordero al palo o truchas a la parrilla en el Olivas. Su dueño, Alejandro Oliva (instalado hace veinte años en el valle), entretiene a su público con contagiosas canciones. “Queremos que lleguen clientes y se vayan amigos”, es su lema.

 

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