El cóndor pasa. Bueno, muchos cóndores. Y el instante en que esas inmensas alas se despliegan ante los ojos del viajero, este último da por pagada su escapada al fin del mundo. La Patagonia es generosa en esos gestos de la naturaleza, aunque últimamente también en otros más elaborados.

Hoy para muchos la mochila es más pequeña al aterrizar en Puerto Natales desde Santiago (Sky estrenó vuelos directos). Esas tierras extensas reciben a todos: a quienes buscan la aventura y a aquellos que son felices con un lujo excepcional y la sola contemplación del paisaje.

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Vivimos esas dos experiencias con el hotel The Singular Patagonia como exclusivo centro de operaciones. Elegido por quinto año consecutivo con el premio Traveler’s Choice de Tripadvisor y único miembro chileno en la organización de lujo The Leading Hotels of the World, la apuesta fue a una escapada superior.

Vedette de la zona por su origen —fue el Frigorífico Briones que conectó a inicios del siglo pasado la pujante industria ovina con múltiples destinos desde su puerto—, The Singular retoma ese protagonismo a orillas del canal Señoret con una reinvención turística de cinco estrellas. A esa construcción post victoriana (Monumento Histórico) se agrega la visión de estilo del diseñador Enrique Concha (integrante AdD).

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Con la ventaja de estar fuera del Parque Nacional Torres del Paine y a sólo 10 kilómetros de Puerto Natales, el ‘menú’ de aventuras ideado por el equipo de exploradores del hotel es amplio. La primera invitación es a sólo quince minutos en auto: una caminata hasta la cima del Cerro Benítez con la promesa de avistar cóndores. Nuestro fotógrafo Diego logra la meta y se impacta con las grandes dimensiones del ave de collarín blanco. Metros abajo, opto por la contemplación de la Laguna Sofía. Los ágiles y los no tanto terminan el paseo juntos con brindis a los pies de la montaña.

El segundo panorama, la carta del restorán del hotel, reúne a los dos tipos de viajeros. Ideada por Laurent Pasqualetto y ejecutada in situ con maestría por el chef Mariano Martín Salaberry, la propuesta es por productos australes como centolla, cordero, guanaco, merluza austral, ostiones, quesos de Punta Arenas, legumbres y berries. Cocteles con calafate, cervezas artesanales y una cava de vidrio con vinos de curatoría esperan en el bar. ¿Algo más rústico? El Asador, grill para comidas íntimas y conversación a fuego lento.

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Al día siguiente, la agenda propone cabalgatas y más trekking entre ñirres y lengas. La alternativa es el descanso entre sábanas de infinitos hilos en la habitación con vista a cisnes de cuello negro que juguetean en el Seno de Ultima Esperanza. Desde los dormitorios hay apenas algunos pasos hasta el spa. Allí está la piscina temperada que mira al muelle, los saunas y salas de tratamientos que eliminan todo tipo de estrés.

El reloj avanza, y hay un cambio de paisaje: el almuerzo incluye lancha privada hacia la estancia La Península. Con el glaciar Balmaceda en el horizonte, en una travesía de media hora con aperitivo a bordo, el destino es una casona patagónica (también decorada por Enrique Concha) donde esperan gauchos y chefs personales. Anfitriones con una vida de pampa y ovejas, que también aparecen para ser rápidamente guiadas por disciplinados perros barbuchos hasta el galpón de esquila. En segundos, el experto Marco Triviño saca esa codiciada lana que pronto estará en proceso en algún punto del planeta.

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De regreso, el descanso previo a una ‘noche’ (la oscuridad llega a las 23.00 horas) de entretención en el pueblo.

Puerto Natales tiene de todo para seducir a turistas: desde un restorán africano (Afrigonia) hasta otro de carta kawésqar (Ancestro) con rituales incluidos. Un paseo por la costanera y parada en la Plaza de Armas, corazón social con su café y souvenirs en Ñandú, pizzas en la Mesita Grande y cervezas en Baguales. Un taxi y en apenas cinco minutos de regreso a esas sábanas de hilos seductores. Un lujo.