Cansados de sus vidas, que por ese entonces carecían de sentido y transitaban entre la inercia y el letargo, Xavier Molins (37) y Carme Corretgé (36) decidieron dejar lo establecido y recorrer el mundo. Tomaron la determinación cuando él había probado más de 12 empleos en distintos rubros, además de un paso por el ejército y otro por la cárcel (por evadir las filas militares) y ella se desempeñaba como sicóloga de selección en una empresa de recursos humanos. Se habían conocido hace poco y sus sueños de libertad los unieron como pareja y luego como compañeros en esta aventura que hoy va en su tercera etapa.
Su principal motivación para recorrer el globo fue según Xavier “Escapar de la comodidad y el statu quo”.
La primera vez, en 2005, y con el objetivo de vivir la vida y aprender de ella, viajaron desde su Barcelona natal hasta Buenos Aires, con un pasaje de ida. No sabían cuándo regresarían, ni si algún día lo harían.

Cuenta Carme: “El viaje fue totalmente improvisado sobre la marcha. Fuimos donde nos apetecía y disfrutamos el momento sin tener en cuenta planificaciones ni horarios, un tipo de vida muy diferente al que estábamos acostumbrados a vivir. Sin duda fue una experiencia maravillosa, de la que aprendimos mucho y de la que atesoramos muy lindos recuerdos. Visitamos Argentina, Chile, Paraguay, Perú, Ecuador, Estados Unidos, Tailandia, Laos, Vietnam y Camboya, países que conocimos en profundidad, a su gente, sus pueblos y su cultura. En doce meses hice lo que no había hecho en casi 30 años. Por encima de los conocimientos, aprendí a valorar lo bueno de la vida en su esencia: la libertad, la amistad, el amor, la diversidad y dejé de apreciar sus sucedáneos: el dinero y los lujos”.

Regresaron sin muchas ganas a Barcelona, por razones netamente financieras. Carme volvió a su antiguo trabajo y Xavi se dedicó a buscar nuevos clientes para la pequeña empresa de programación digital que ambos tenían y que fue su sustento económico durante el viaje. “Contrario a lo que habíamos imaginado, todo seguía igual. Pasaron dos años y no había día en que no me preguntara qué hacía viviendo una vida que no me hacía feliz. Los dos sentíamos lo mismo, así que no fue difícil decidirlo: tomamos nuestras mochilas y nos embarcamos en el segundo viaje por el mundo”, afirma Carme.

Antes de partir, recopilaron fotos, anécdotas y escribieron su primer libro, Todo al 69. Con las ganancias juntaron parte del presupuesto para la segunda etapa, que comenzó en 2008 y duró ocho meses. Se dejaron llevar. Recorrieron República Dominicana, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Nicaragua, Estados Unidos, Malasia e Indonesia, donde realizaron labores humanitarias en algunas ciudades, ayudando a pueblos nativos.
Aunque la única determinación al inicio del viaje fue que la ruta fuera más larga que la anterior, los problemas económicos marcaron el fin de este trayecto y los llevaron de regreso a retomar sus antiguas ocupaciones y a escribir su segundo libro Pasaporte hacia ninguna parte, la continuación del anterior. Luego de unos meses y con algo de dinero, viajaron por India y Nepal por cuatro meses. Desafiando tormentas y monzones, recorrieron más de 27 ciudades y acabaron por enamorarse de sus costumbres y de sus habitantes. De vuelta, el próximo viaje fue a Egipto, por tres meses, donde se toparon con una mala sorpresa: una bacteria de origen desconocido había atacado a Xavier y debían volverse a España.

Tras varias visitas médicas, finalmente descubrieron que el parásito se había adherido a su estómago en India y que debía seguir un largo tratamiento de cuidados intensivos. ¿Diagnóstico? La bacteria le había destrozado la flora intestinal, lo que los obligaba a permanecer en Barcelona hasta que la salud regresara. “Esto tomó cuatro meses y cuando estábamos planificando nuestra tercera vuelta al mundo, sucedió algo aún peor que lo anterior: le detectaron una enfermedad vascular a Xavi, que le paralizaba las piernas. Fue ahí cuando nos hizo sentido la famosa frase de John Lennon La vida es todo aquello que sucede mientras tú haces planes. Lo había atacado el Síndrome de Buerger, una enfermedad minoritaria causada por el tabaquismo”.
Actualmente, ambos sanos y con su primera hija en camino —“la llamaremos Asia, por los maravillosos recuerdos que este continente nos ha dado”—, están en su tercera vuelta al mundo, que empezó en 2011 con India como primera parada, nuevamente sin mayor planificación, pero con varios destinos de todos los continentes en el horizonte.

MÁS ORGANIZADOS EN SU TRAVESÍA, el itinerario de Jorge Bebin (empresario, 39) y sus tres compañeros de tripulación contemplaba recorrer el Pacífico sur durante un año a bordo del yate Equinoccio II. Durante dos años y con varios libros, cartas de navegación y guías náuticas estudiadas, armaron este plan, el cual tenía dos objetivos: buscar el Shangrilá o paraíso perdido y capturarlo a través de un documental audiovisual.
Jorge llevaba cuatro años trabajando cuando lo dejó todo para emprender esta aventura. No tenía muchos conocimientos como navegante, pero antes de partir participó en la regata de Chiloé, donde adquirió algo más de experiencia. El resto, sobre la marcha. Gastó sus ahorros y junto a los demás tripulantes —todos compañeros del Grange— zarparon el 27 de marzo de 2002 desde el Club de Yates de Valdivia rumbo a la Polinesia. La primera parada, luego de 17 días sin ver tierra, fue Isla de Pascua. Luego vinieron Juan Fernández, Samoa, Tahiti, Islas Cook y muchas otras hasta llegar a Nueva Zelanda. Fue ahí y cuando llevaban varios meses a bordo que se preguntaron ¿y por qué no dar la vuelta al mundo? Apoyados desde el primer minuto por el padre del capitán —y dueño de la embarcación—, realizaron la hazaña en exactos tres años, tres meses y tres días.
A bordo del Equinoccio II, fabricado en 1981 en Inglaterra y con 12 metros de eslora, los más de 25 tripulantes que transitaron a bordo —sólo Jorge y Martín Wescott hicieron el trayecto entero— recorrieron más de 30 países, sortearon tormentas, olas gigantes, se libraron de piratas en Somalia, actuaron como extras en una película filmada en India y evadieron tiburones en aguas dulces.

“Hay que tener tolerancia y ser muy aperrado. Porque hay que hacer guardia en la noche, o de repente los demás están felices durmiendo y la tormenta se pone dura y hay que despertarlos y tienen que ponerse un traje de agua, cambiar las velas… y es fácil hacerse el mareado a bordo. También hay que tener buena comunicación, porque si no hablas, como estás mucho tiempo en un espacio reducido, te vas para dentro y después explotas. Para evitar esas situaciones hacíamos happy hours en la tarde, para conversar de cómo habían sido los últimos días”.

Luego de atravesar tres océanos, Jorge asegura que uno de los lugares que más lo impresionó fue el Archipiélago de Las Luisiadas (Papúa, Nueva Guinea), donde estuvieron cerca de una semana. “La gente llegaba en canoas hacia el yate a intercambiar bienes. Las mujeres nos pedían jabón y a cambio nos daban tomates y los hombres nos traían langostas a cambio de clavos o preservativos, que luego de abrirlos y cortarlos los usaban como carnada para pescar”.
Uno de los momentos más complicados fue cuando ya regresaban y se encontraban en Mar del Plata, donde estuvieron 48 horas sin poder avanzar, escorados y esquivando olas de 10 metros. Finalmente salieron airosos, regresando a Valdivia el 2 de julio de 2005, completando más de 40 mil millas náuticas, más que la circunferencia de la Tierra, y convirtiéndose en los primeros chilenos en dar la vuelta al mundo en una embarcación.

Viaje02LOS GUICHENEY ERAN UNA TÍPICA FAMILIA DE PARÍS, de esas donde el padre y la madre trabajan y los niños van al colegio. Después de mucho pensarlo, lo decidieron: recorrerían el globo en una camper van durante dos años. “Conocer nuevas culturas, formas de ver la vida, ensanchar nuestra visión, perspectiva y entregarles todo esto a nuestros hijos, como una experiencia de vida”. Fue una decisión difícil, porque no escapaban de nada. “Yo disfrutaba mucho mi trabajo, estaba liderando un grupo maravilloso, en un ambiente ameno y relajado, pero me acordé del lema de mi primera compañía Ten el coraje para tomar opciones y así finalmente lo hicimos”, cuenta Jean-Philippe.
Con un presupuesto de 134.600 euros que contemplaba aproximadamente todos los gastos, partieron desde Francia recorriendo primero Europa y luego Asia, Oceanía y finalmente América, etapa que se encuentran realizando actualmente. La hazaña comenzó en 2010, cuando justo cumplían nueve años de matrimonio y sus cuatro hijos —Margaux, Capucine,Victoire y Marin— no alcanzaban tercer grado en el colegio, por lo que no resultó difícil para ellos dejar su rutina y compartir sus juguetes con niños desconocidos.

“Ese era otro de nuestros objetivos, que los niños se dieran cuenta de que la vida es bella, pero también horrible y que conocieran ambas partes, se sensibilizaran y formaran —pese a su corta edad— su propia visión al respecto”, cuenta Anne-Gaëlle, la madre, de 37 años.
Uno de los primeros obstáculos que sortearon fueron las fallas mecánicas del camper, que luego de la primera decena de arreglos en talleres mecánicos, facultaron a Jean Philippe para hacer los cambios y ajustes él mismo. “La convivencia de los niños también fue dura en un comienzo. Se aburrían, preguntaban cuánto faltaba para llegar, que querían volver a casa, que adónde íbamos, pero luego de los dos primeros meses todos nos acostumbramos. Las satisfacciones han sido indescriptibles. Creo que muy pocos padres tienen la suerte de poder compartir y disfrutar los primeros años de sus hijos, ver detenidamente cómo crecen, tener tiempo para responder sus inquietudes y ver en qué tipo de pequeñas personas se van convirtiendo”, concluye Jean-Philippe.

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