Viven solos casi los 365 días del año en un terreno de diez hectáreas sin señal de celular ni internet. El pueblo más cercano se encuentra a 30 kilómetros y sólo se puede llegar en barcaza, aunque ellos, muy avezados, dicen conocer estas tierras y poder recorrerlas a caballo si tuvieran. Elvis y Sergio son las únicas personas que habitan Puerto Cristal y están a cargo de cuidar lo que alguna vez fue la mina más próspera de la Patagonia chilena.

Ubicado entre Puerto Sánchez y Puerto Ibáñez, en la ladera norte del lago General Carrera en la Región de Aysén, este antiguo campamento minero aún mantiene gran parte de las estructuras originales. Grandes instalaciones –como las iglesias; católica y evangélica, la escuela y los casinos– siguen en pie. Los libros de clases, medios de prensa de la década de los 80, ropa de los inquilinos, utensilios del laboratorio, un par de camas y algunos afiches de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS) y el Ministerio de Salud que enseñan, por ejemplo, a no cargar exceso de peso y los síntomas de la tuberculosis y el sarampión –enfermedad que cobró varias vidas en Puerto Cristal–, siguen repartidos por varios de sus edificios deshabitados.

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Llegar a esta bahía no es fácil. Sólo se puede acceder por el lago General Carrera y hay que tomar una barcaza desde Puerto Tranquilo o Puerto Ingeniero Ibáñez que demora cerca de dos horas. Eso, cuando el clima es óptimo y el viento sopla a favor. De lo contrario, el zarpe puede tardar varios días, incluso semanas.

Su origen se remonta a 1936 cuando Guillermina Inallao jugaba con su hermano mayor y encontró unas piedras azules brillantes que llamaron su atención. Las guardaron y su padre se comunicó con José Antolín Silva Ormeño –fundador de Balmaceda– quien viajó a Europa a analizar las piedras. Los resultados fueron asombrosos. Esos pedazos de rocas sin valor aparente tenían un 63% de plomo, uno de los mayores porcentajes de pureza en el mundo. De inmediato las inscribió a su nombre y comenzó a explotar el terreno que llamó Puerto Cristal por el color de una de las vertientes que bajaba desde lo más alto de las montañas. En 1945 comenzó la construcción de la mina gracias a los aportes de la minera española Tamaya y para 1952 la bahía ya era conocida como “la nueva California”.

En un comienzo, la mayoría de las personas que llegaron al puerto eran hombres solteros provenientes del Archipiélago de Chiloé. Con el pasar del tiempo, se expandió el rumor de que la mina era grito y plata. Varios llegaban escondidos en equipajes y embarques, e incluso algunas familias viajaban varios días a caballo con tal de conocer la tierra de la que todos hablaban.

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Hernán Contreras Mansalva (57) llegó a Puerto Cristal en los 60. Su madre fue matrona en la posta y participó de varios partos, donde él la acompañó: “Cuando nacían las guaguas les daban una cucharadita de vino tinto”. Al cumplir 20 años, Hernán comenzó a trabajar en la mina. Entre lágrimas recuerda como funcionaba este antiguo yacimiento de plomo. “No había charlas de seguridad y cada uno tenía que salvarse como podía. Con los accidentes en la mina aprendí a ser fuerte”.

Pocos años después, el sindicato logró grandes avances para los residentes. Los hombres solteros dormían en las habitaciones de los casinos que estaban divididos por clases; obreros y empleados, y las familias eran acreedoras de casas con televisor a color, cocina y baño. Además, en todo el pueblo existía agua caliente gracias a los termos eléctricos instalados por la compañía. La Empresa Minera Aysén (EMA) era la encargada de la mayoría de las necesidades de los cristalinos y subsidiava gran parte de sus requerimientos. Incluso, se instalaron antenas parabólicas y Puerto Cristal fue el primer pueblo de la Región de Aysén en recibir señal abierta de televisión, un hito que demostraba la época de gloria que se vivía en la zona.

A pesar del sentimiento de alegría y prosperidad que reinaba en la ciudad, nada evitó que la mina disminuyera su valor y pronto pasó a manos de Corfo con el fin de recuperar su potencial. Sin embargo, su desplome fue inevitable debido al bajo precio del plomo y zinc en el mercado. En 1992 comenzó el declive y cuatro años después cerraba sus puertas para siempre. Al mismo tiempo, las diez hectáreas eran compradas por Luis Casanova, un agricultor de la zona quien recién en 2006 descubrió el tesoro histórico que había adquirido.

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En febrero de 2013 Olga Aldauc (46) visitó Puerto Cristal junto a varios cristalinos. El viaje fue grabado para un documental emitido este año en el Día Nacional del Patrimonio (29 de mayo) en Chile Chico. “Es muy fuerte volver. Se encuentran sentimientos, historia, abandono, ganas de preservar. La posta todavía tiene hasta las fichas personales, la medicación, fue como que alguien dijo abandonen con lo puesto.”

Hace 14 meses, Sergio Cárcamo Camán (38) arribó a este lugar después de conocer a Luis Casanova y ofrecerse para el trabajo de cuidador. Duerme en una casa con cocina y baño, una de las mismas donde vivió un minero con su familia hace más de 20 años. Su labor es cuidar y restaurar el campamento minero. Varias de las lámparas y ventanas utilizadas en la actual casa de huéspedes fueron restauradas por él, y la mayoría de las reparaciones eléctricas son su responsabilidad.

La desconexión y soledad no son temas para Sergio. Confiesa que prefiere el distanciamiento para “no meterse en problemas”. Es feliz con su televisor –que sólo sintoniza Canal 13– y no le importa que no exista señal de telefonía celular o internet. En su tiempo libre conversa con su compañero de labores Elvis y no lee el diario ni ve las noticias con frecuencia. “Las noticias te mienten y te estresan mucho más que el trabajo”. De vez en cuando va a Coyhaique y se comunica con su hermano que vive en La Unión. Gracias a el se entera de lo que está pasando en Chile y el mundo.

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Como parte del destino Aysén-Patagonia, iniciativa a cargo del Sernatur que busca fomentar el turismo en la Región, Puerto Cristal pretende posicionarse como una parada obligatoria en la ruta patrimonial de la zona. Aunque la tarea no es sencilla, ya que primero hay que restaurar por completo la ciudad, la familia Casanova no se rinde. La mayoría de las reparaciones han sido costeadas por ellos y gracias a algunos fondos del Estado han logrado arreglar techos y muros. En 2008 la ciudad fue nombrada Monumento Histórico Nacional, categoría que ayudó a su protección.

En los 60 Puerto Cristal llegó a tener más de 1500 habitantes y fue el tercer poblado con más personas en toda la región. Contaba con un colegio, una posta con dentista y matrona, laboratorio, retén de carabineros, cuartel de bomberos, casinos para las comidas, pulpería, cementerio, mueblería, bodegas y las iglesias. También existían cuatro equipos de fútbol: los administrativos, los empleados de planta, los navales y los mineros, y había un centro de madres que se encargaba de impartir actividades extraprogramáticas para los escolares, como clases de música e inglés. Las mujeres contaban con un equipo de voleyball femenino y se hacían varios torneos regionales.

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Todos los años en el mes de febrero cerca de 50 personas viajan junto a sus hijos y nietos para recordar lo que alguna vez fue su hogar, y que hoy lucha contra las inclemencias del clima y la burocracia para mantenerse. Durante las visitas, muchos concurren al cementerio de Cristal donde aún están sus padres y abuelos, y recuerdan lo único que no les pudieron quitar; esos momentos impagables que vivieron en estas diez hectáreas en la orilla del lago General Carrera.