A las 7 de la tarde suena el teléfono con el reporte climático. Llevamos una semana esperando en Punta Arenas a que mejoren las condiciones. Se requieren menos de 30 nudos de viento, suficiente visibilidad y contraste para un seguro aterrizaje en la pista de hielo de Glaciar Unión. Vamos al campamento privado de una compañía norteamericana cuyo centro de operaciones se encuentra allí, a más de 2.000 kilómetros al sur de Punta Arenas, en la latitud 80.

Wp-pinguino-450

Esquiar hasta el Polo Sur tirando su propio trineo, emulando expedicionarios como Amundsen, Scott y Shackleton o tomando la opción más fácil de volar hasta allá en un avión bimotor. Acampar junto a una colonia de pingüinos emperadores. Escalar las montañas más altas del continente helado con guías especializados, son algunos de los sueños comprados por una elite en busca de sensaciones extremas. Otros simplemente quieren pasar unos días en el campamento base, donde entre otras cosas, se corre la maratón más austral del mundo.

Wp-antartica-450-7

Hay varios cruceros que visitan la Península Antártica, pero en ellos es imposible llegar al interior de esta inmensa masa de hielo y nieve donde el blanco es eterno y no hay señales de vida, con excepción de una colonia de pingüinos emperadores y un tipo de microorganismo hallado por científicos en un lago subglaciar hace algunos años. Un destino que atrae a los más atrevidos y acaudalados, pues los precios están fuera del alcance de la mayoría, pero el dinero no basta pues se necesita también el deseo y espíritu aventurero, ya que ni todo el oro del mundo puede pagar una habitación con baño privado y calefacción. Aquí todos duermen en carpas, espaciosas y con cómodas camas, pero carpas al fin y al cabo.

Cada temporada aumentan los turistas de Rusia y China, hombres y mujeres de negocios de Oriente. Llegan en sus aviones a Punta Arenas y algunos ya están planeando aterrizajes con sus Gulfstreams (súper jets) en Glaciar Unión para la próxima temporada.

Wp-antartica-450-3

La excitación es general cuando subimos al impactante monstruo ruso: el Illushyn 76, una aeronave de carga. Son más de cuatro horas de vuelo hasta destino. En una pantalla gigante miramos el exterior y la sensación de aventura se hace más latente al ver la pista de sólido hielo azul frente a nuestros ojos.

A las dos de la mañana la puerta del avión se abre. El sol está en lo alto (de octubre a febrero no oscurece). Un vehículo naranja nos lleva al campamento a ocho kilómetros de la pista. A diferencia de otros puntos, este enclave está rodeado de montañas que lo protegen de los temidos vientos catabáticos. Hay carpas comedores, containers-oficinas, carpa médica, estación meteorológica. La ropa lavada cuelga intentando secarse sin congelarse en los 14 grados bajo cero de este día. Un estofado casero, por tradición, espera a los viajeros a la llegada y nos sentamos a comer antes de retirarnos a nuestras carpas. Durante la estadía se puede llegar a olvidar que se está en uno de los lugares más remotos del planeta saboreando verduras frescas y un buffet preparado por tres chefs venidos de Noruega, Gran Bretaña y Chile.

Wp-antartica-450-6

Las cosas han cambiado desde que en enero de 1989 se hizo el primer ‘tour’ al Polo Sur con 11 personas, incluidos guías y dos expertos que abrían paso detectando grietas. Eran los tiempos del sextante mucho antes de que el GPS apareciera. Siete turistas esquiaron entonces desde Hercules Inlet, en el borde del continente antártico, hasta el Polo demorando 55 días. Hoy este recorrido, que en aquellos tiempos costó 100 mil dólares por persona, vale 60 mil dólares y el récord para la misma distancia acaba de ser roto por un británico que lo hizo en 29 días. Antes de esta épica travesía, llegar al Polo Sur era privilegio de pocos científicos.

Wp-antartica-450-2

Al ‘amanecer’ las nubes cubren parcialmente el campamento. Aquí el horario es arbitrario, pero se rigen por la hora chilena. A las 8 de la mañana se toma el desayuno. Una cosmopolita y concurrida mesa se deleita con lo preparado por Malin, la chef noruega. Desde salmón ahumado hasta quesos franceses. Todos han venido a cumplir un sueño distinto. Unos estadounidenses buscarán meteoritos por los alrededores, otros volarán hasta el paralelo 89 y esquiarán el ‘último grado’, un tercer grupo escalará el monte Vinson, el más alto de la Antártica. Ralf, un excéntrico alemán avecindado en Londres y coleccionista de arte chino, prefiere subir montes nunca antes escalados. Un director de cine, ganador de un Oscar, grabará escenas para su nueva película. Karen Lo, una bella empresaria china, que vive entre Hong Kong, París y Toronto, invitó a un entourage de seis amigos a acampar por tres días junto a los pingüinos emperadores. Seis oligarcas rusos volarán en Twin Otter al Polo Sur y alojarán un par de noches en el campamento provisorio de la misma compañía. Y Mr Li, un multimillonario chino, desea ser fotografiado en traje de baño y con una enorme capa roja en la cumbre de un cerro al que llegará en moto de nieve mientras su asistente sobrevolará en un pequeño avión cuyo arriendo cuesta 7.000 dólares la media hora. Otro cuento son los expedicionarios que vienen a romper récords y realizar grandes travesías para las que se han preparado por meses. Ellos serán transportados en un avión DC- 3 sobre esquíes a sus puntos de partida.

Wp-antartica-450

Mientras tanto, los días en Glaciar Unión pasan rápido, a pesar de las eternas horas de luz, hay entretención y relax. Se puede enviar emails, llamar por teléfono vía satélite, pasear en bicicleta, en moto, esquiar en los cerros cercanos, trekking sobre nieve, hielo y hasta hatha yoga.

Ya en el avión de regreso y mientras nos elevamos, no puedo dejar de pensar en Amundsen o Shackleton, aquellos héroes antárticos que probablemente estarían muy felices de que su espíritu de aventura polar siga vivo.