‘En un crucero se gana aproximadamente un kilo por día…’, esa era la frase que mi mente repetía cada vez que recordaba el artículo que leí en el New Yorker poco antes de partir a navegar en el Celebrity Reflection durante una semana en la que visitaríamos las islas caribeñas de San Juan, St. Thomas y St. Maarten.

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El dato era preocupante… siete días de navegación, muchas experiencias, entrevistas, fotos y siete kilos de más.

“Yo soy chef pero además me declaro adicto a la comida y la verdad es que luego de los 4 meses que estoy a bordo del Celebrity llego a casa con 8 kilos de sobrepeso… esa es la proporción real”, nos intenta tranquilizar Thomas Stellbrink, chef jefe del Celebrity.

¿Tranquilos? La verdad es que depende de cada uno porque la buena y variada oferta gastronómica es una de las razones principales para elegir un crucero como opción de vacaciones. El sistema es todo incluido y se puede elegir paquete extra de bebidas o agua.

“Para los pasajeros el 80 por ciento de su viaje lo representa la hora de comida y especialmente si la compartes con amigos y quieres tener una buena experiencia”, cuenta el chef Thomas, quien además está a cargo de los restoranes temáticos del crucero.

En un solo día se puede llegar a preparar desde 15 mil a 17 mil platos y solo para repostería se utilizan 800 kilos de harina y 300 litros de crema diarias. Por eso siempre hay un turno 24/7 en la cocina.

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El buffet, el más masivo, está abierto todo el día para los tres mil pasajeros del Celebrity, la mayoría americanos que se escapan del frío invierno. Para el desayuno, frutas, pasteles, jamones y salames, todo tipo de quesos; para el brunch, sandwiches, helados, pizzas y a la hora de comida una variedad de opciones desde el estilo tailandés hasta el italiano y americano.

Es que en un crucero nada puede quedar al azar. Se revisa la lista de pasajeros antes de abordar y se preparan los menús de acuerdo a los gustos de cada país. “Los latinos prefieren el pollo y las pastas, los europeos y americanos, las carnes y los pescados”, explica con seguridad el chef.

Nos instalamos en la piscina y veo pasar unos niños con unas gigantes hamburguesas con papas fritas. ‘¿De donde vienen?’, pregunto. ‘Del segundo piso, del Master Grill… son exquisitas’, responden como si quisieran tentarnos. Al mediodía el barbecue es muy demandado, pero la espera es breve gracias a la atención y rapidez de los cocineros.

Es que en el Celebrity la consiga es que el servicio sea el mejor, eficiente e intuitivo. Casi no hay atochamientos ni filas y, hay muchas ofertas a la hora de almorzar y comer.

Son las 13.30 hrs. Lunch time. Un suave crêpe relleno con tomates deshidratados, mozzarella y albahaca llega a la mesa. Fresco, liviano, recién hecho por los chefs del Bistro on Five, quienes además de opciones saladas tienen dulces. El más solicitado: el crêpe relleno de plátano y nutella. Hay que probarlo.

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La sensación de culpa es imposible de controlar. Nos dan un dato para mantener nuestro peso y poder seguir probando los exquisitos platos del chef Thomas. Ir el gimnasio día por medio (nada de fácil), subir lo más posible las escaleras del crucero y elegir el menú con la certificación SPE,  las iniciales de ‘Sanitas Per Escam’ (salud a través de la comida), platos sabrosos y saludables enfocados en la procedencia de los insumos, es decir, con poca azúcar, bajos en grasa, sin lactosa o libre de gluten. “Yo bajé 4 kilos en un mes consumiendo sólo platos de ese estilo, realmente funciona”, nos confiesa Thomas.

Hay esperanzas….

Si se cansa del buffet están los restoranes temáticos, el Toscano ofrece una carta estilo italiano, el Murano con sofisticadas preparaciones francesas o las asiáticas en el Silk Harvest.

Pero si realmente quiere innovar no puede dejar de reservar en el Qsine. No existe nada igual… Una experiencia única y extraordinaria. 

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Para comenzar el menú se selecciona a través de un iPad y los comensales eligen al capitán del grupo quien será el responsable de enviar los pedidos una vez que se hayan puesto de acuerdo todos. Tarea nada de fácil porque son diez las opciones que hay que seleccionar. Pero la tecnología ayuda porque hay videos y fotos de cada preparación y una descripción de sus ingredientes y el país en el que se inspiraron. Así van llegando uno a uno los platos: unos sushi presentados como lolipops, luego unos conos con centolla que parecen helados, unos vasos con mariscos gratinados de suave textura. Y cuando ya pensamos que estábamos acabando llega nuestro quinto pedido y ¡sorpresa! es un verdadero edificio de platillos hindúes con cordero a la menta, humus y una serie de sabores de la región que nos transportan a otro país.

Todavía queda el postre. El capitán había visitado nuestra mesa y nos recomendó especialmente el Silver Bullet. Un suave helado de coco y mango servido en una copa con forma de bala de plata. Genial.

Hemos probado 8 platos en solo una noche… digno de Guinness…

Un grupo de niños y adultos caminan disfrazados de zombies hacia la piscina. Van a ensayar sus clases de Thriller, el clásico video ochentero de Michael Jackson y que esta noche presentarán en público. Se les ve animados y siguen al pie de la letra las instrucciones del profesor.

“Los pasajeros americanos son muy simpáticos… ellos están acostumbrados a navegar en crucero y tienen la cultura y saben que lo van a pasar bien. Les gusta hablar con la gente, son respetuosos y además son motivados, participan en todo”, cuenta Daniela Moya, una chilena que luego de estudiar pedagogía en inglés decidió postular para ser parte de la tripulación del Celebrity y hoy lleva casi dos años como vendedora de una de las tiendas a bordo.

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“Hay mitos que se hablan de los cruceros: que es aburrido, caro y sólo para el adulto joven. Hay que desterrarlos porque acá hemos visto que todos los días hay actividades distintas: clases de zumba, fiestas temáticas de los años 70 u 80, un bar de hielo, otro sunset bar en el exterior donde se puede tomar un trago al atardecer, hay competencias con la tripulación y un amplio casino. Tampoco es caro porque un paquete en cabina interna aquí lo puedes obtener desde mil dólares, lo cual es un precio súper accesible. Y el mito de que es un crucero solo para adultos no es real porque hay muchos niños, en esta nave hay 450 de los 3 mil pasajeros y hay entretenciones para ellos como canchas de basketball, flippers, juegos Xbox, entre muchas cosas”, explica Javiera Gálvez,  subgerenta comercial y marketing de Interexpress, empresa que representa la marca Celebrity Cruises.

La demanda mundial por los cruceros ha crecido y en Chile también se ha visto esta tendencia. Hoy las ofertas de rutas por el Caribe, Mediterráneo y Báltico atraen a los turistas nacionales con precios atractivos. “La industria de cruceros en nuestro país ha mantenido un crecimiento sostenido en los últimos años. Para este se espera un aumento del 4 por ciento llegando a los 23.000 pasajeros. El turista chileno se ha vuelto más experto. Para el que quiere sol y playa en vacaciones, quedarse en Cancún y Punta Cana una semana es aburrido. Evolucionó y se da cuenta de que en el crucero puede tener lo mismo pero de tres destinos distintos, maximiza el viaje. En el barco desarmas tu maleta y no la vuelves a hacer más”, agrega Javiera Gálvez.

“Los chilenos están siendo más exigentes, quieren mejores cosas y experiencias únicas y con esta opción estás obteniendo primer nivel de gastronomía, en diseño, wellness y destinos. Es el concepto del lujo moderno a bordo”, nos resume Javiera.

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¿Claustrofobia en un crucero? Otro mito. Las cabinas del Reflection son amplias y de diseño sofisticado. Hay interiores y con balcón. Si se quiere una atención más personalizada están las suites con sorprendentes ventanales de piso a techo, productos de perfumería Bulgari y mayordomo 24/7 al estilo europeo.

Existe una categoría única en el Celebrity para los amantes del wellness, se trata de  las suites Aqua Class, verdaderos refugios inspirados en un spa. Tienen acceso al Aqua Spa del crucero y al restorán Blu, que cuenta con un menú de cocina limpia que ofrece platos frescos y saludables.

La semana ha pasado rápido. Tres de los siete días los dedicamos a visitar las islas de San Juan, St. Thomas y St. Marteen. La noche antes de llegar a puerto nos dejaban en las cabinas un boletín con las actividades del día siguiente y las opciones de tours en cada destino. Impecable organización. Nuevamente nada al azar. 

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Reconozco que luego de nuestros recorridos por playas y sitios históricos regresábamos felices al crucero. Antes de abordar, en el muelle, la tripulación nos esperaba con agua fría, rodajas de limón y toallas húmedas para refrescarnos del sofocante calor caribeño. Un detalle 5 estrellas.