Para ambientarse lo más recomendable es pasar unos días en Nairobi, la bulliciosa capital donde se pueden encontrar los más chic restoranes, hoteles y tiendas, pero donde aún el 70 por ciento de la población vive en chozas que se entremezclan con modernos edificios.

Hay que acostumbrarse a que desde el agente de inmigración en el aeropuerto hasta los taxistas le pidan, luego de haber pagado su visa o su servicio, unos dólares más para un trago después del trabajo. Se habituará muy pronto a agregar un par de billetes al total de las cuentas… es parte del lenguaje.

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Podría temer por su vida mientras enfrenta el tráfico de la ciudad pues es tierra sin ley ni orden, los ‘matatu’, esos minibuses que son el principal transporte público de las ciudades de Kenia se atraviesan y pueden doblar en U en el momento menos esperado. Pero todo esto parecerá muy lejano cuando se adentre en la sabana.

La extraordinaria geografía y variada fauna de Kenia han atraído visitantes durante más de un siglo y la palabra safari se asocia fácilmente con este país africano —que celebra el centenario de su independencia de Gran Bretaña en diciembre de este año— , evocando filas de Land Rovers con guías expertos en divisar a los grandes cinco (búfalo, león, leopardo, rinoceronte y elefante) del continente. Sin embargo, Laikipia es un cuento aparte. Es territorio samburu, una tribu de pastores seminómades emparentada con los más conocidos Masai, que viven en una extensa llanura que se extiende desde las laderas del monte Kenia hasta el borde oriental del valle del Rift, en la zona norte de Kenia. Allí los 4 x 4 son reemplazados por camellos o simplemente por una caminata acompañada por los que más saben: los propios samburu. En este extenso territorio de escasos y rústicos caminos, la forma más fácil de llegar a la casi veintena de hoteles del distrito es volando en avioneta desde Nairobi.

Nuestro destino es un camping de lujo llamado Lemarti’s camp. Primero hay que llegar a Loisaba, comunidad ubicada a una hora y media de viaje por tierra hasta el destino. La mayoría de los huéspedes chartean un helicóptero, pero también hay vuelos diarios desde Nairobi hasta Loisaba.

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Casi todas las propiedades en Laikipia son privadas pues datan de la época de la colonización británica, cuando los terratenientes miembros del grupo de millonarios inmigrantes que residía en Nairobi a principios del siglo pasado, compraron miles de hectáreas aquí en el norte y lo convirtieron en el parque de diversiones del happy valley set como les llamaban. Hoy muchos de los descendientes de esta elite han construido en sus terrenos lujosos hospedajes. Sin embargo, Lemarti’s camp sobresale por sus diferencias.

Todo comenzó con una historia de amor digna de Hollywood. Sus dueños Anna Trzebinsky, reconocida diseñadora de modas de origen alemán, pero que reside en Kenia desde muy pequeña, y Lemarti, guerrero samburu nacido y criado en la sabana norteña, se conocieron cuando él fue su guía de montaña hace poco más de diez años en un periodo en que ella intentaba escapar del dolor causado por el asesinato de su primer marido, el artista Tonio Trzebinsky en Nairobi.

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Entonces se refugió en la comunidad Koija en Laikipia, lugar donde ahora se ubica el lodge. Esta combinación surgida de tan dramáticos eventos, dio origen a un proyecto de turismo sustentable que ellos llaman canvas chic (elegancia en lona). Sacado como de un espejismo, a la sombra de enormes higueras y palmeras, a orillas del río Ewaso Nyiro, el campamento consiste en cinco cabañas de lujo diseñadas con el exquisito gusto de Anna que no dejó nada al azar. Camas de madera de cedro tallada en los dormitorios en suite con los baños al aire libre que permiten ducharse a la intemperie o darse un baño de tina mirando la estrellada noche africana. Puede amedrentar a más de alguno saber que aquí no se cuenta con electricidad ni agua potable, pero al poco andar uno se da cuenta de que no es necesario.

Estilosas linternas cuelgan de los árboles y el agua caliente es provista diariamente por su atento personal. Glamping, le llaman. Pero lo mejor llega con el día. Lemarti siempre está ahí y lidera el safari ya sea en camello o a pie. En su staff tiene a 12 guerreros samburu como él y dependiendo del número del grupo se asigna uno por persona. Llegan muchas familias a Lemarti’s camp y los niños son los que más disfrutan de las enseñanzas de su guerrero-guía porque en este concepto lo más importante es la integración a la comunidad y aprender del entorno.

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Aunque el avistamiento de animales salvajes no es menor y Lakipia tiene una de las mayores poblaciones de elefantes y perros salvajes de Africa. Eso sí, los grandes cinco no están garantizados como sí ocurre en la sureña reserva Masai Mara, por ejemplo.

Pero caminar a través de las planicies salpicadas de acacias con los guerreros, usando su misma indumentaria y aprendiendo a utilizar sus machetes, es sin duda una experiencia inolvidable para niños y adolescentes. Las actividades se adaptan a los acontecimientos del día en la comunidad de Kojia.

Una boda samburu, un consejo de mujeres de la aldea o ceremonias de iniciación incluyendo el rito de beber sangre tibia de cabra recién sacrificada son el deleite de huéspedes que han venido a imbuirse de una cultura totalmente diferente en un ambiente de lujo dejando que sus instintos más ancestrales salgan a la superficie.