La lancha avanza rápido esquivando plantas, raíces, enredaderas… nos adentramos en un brazo del río Momon, uno de los afluentes del Amazonas. Después de 30 minutos de viaje desde el puerto Bellavista en la ciudad de Iquitos nos encontramos con los Bora, una de las 65 etnias que viven en este territorio (la cuenca hidrográfica más grande del mundo). Camila Véjar, Ariel Chacón y Aldo Mena apuntan sus cámaras hacia la selva y enmudecen de la impresión. Frente a ellos un grupo de 15 indígenas, entre niños y adultos les dan la bienvenida a su comunidad. Camila, Ariel y Aldo son los representantes chilenos en Cuido mi destino, uno de los programas de responsabilidad social más exitosos de Lan, que busca promover el turismo sustentable. Junto a ellos viajan su profesor Francisco Mancilla y el voluntario de Lan Jaime Lira, lo mismo hace una delegación de Bariloche. Los tres tienen 17 años, están en cuarto medio y estudian electricidad en el liceo politécnico Cardenal Raúl Silva Henríquez de Punta Arenas y están aquí porque ganaron la versión realizada en Chile. Los Bora bailan una danza que deben seguir los visitantes, toman a los estudiantes de la mano y se mueven mientras cantan y llevan el ritmo con sus báculos. Como todas las viviendas del Amazonas y de los ríos que rodean Iquitos, la casa está hecha de madera, cortezas, techo de fibra vegetal y dispuesta en pilotes que la sostienen sobre el agua. Porque en la selva tropical el paisaje es agua y vegetación, sólo en los sitios abiertos aparece el cielo.

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Lan nos invitó a conocer el trabajo que realizan con alumnos de colegios de países sudamericanos y fue una sorpresa mayúscula, no sólo por el voluntariado que realizan, también porque descubrimos un sitio único. Iquitos está a 1.012 kilómetros de Lima. Es la capital del departamento de Loreto —el más grande de Perú, tiene la misma superficie de Alemania— y en realidad es una gran isla porque está rodeada por los ríos Amazonas, Nanay e Itaya. No existen carreteras que la unan con el resto del país. Sólo se puede llegar hasta ella por avión o barco.

La ciudad tiene una actividad frenética, representada muy bien por su tránsito vehicular, compuesto en su mayoría por unos 40 mil mototaxis que se mueven como un enjambre de mosquitos furiosos por las calles. Este es el medio de transporte por esencia. También hay micros con coloridas carrocerías de madera y sin vidrios. Los autos son escasos. Tiene sentido, aquí no hay caminos. De hecho, es la ciudad más poblada del mundo sin acceso terrestre.

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Fundada alrededor de 1560, vivió su época dorada a fines del siglo XIX y comienzos del XX con la explotación del caucho. De entonces son las magníficas mansiones y palacetes del centro y del malecón que bordea el río, incluso hay una obra de Eiffel: la casa de fierro (1890), frente a la plaza de armas. Muchos de estos edificios son patrimonio arquitectónico, están bien conservados y tienen una placa identificatoria. En el malecón también se vive la noche. Cuando se va el sol y baja la temperatura (30 grados y 90 por ciento de humedad en invierno) todo el mundo sale a pasear junto al río, donde bares y restoranes bullen con un ambiente cosmopolita. Lenguas de todo el mundo intercambian datos de expediciones. 

Lejos del centro, las calles se llenan de vendedores, ferias y mercados similares a los del Sudeste Asiático, donde las frutas tropicales se apilan en los puestos: plátanos, tumbos, coconas, aguajes, carambolas, camu camus, hay muchos sabores para probar. Las cocinerías a leña se toman las veredas con platos de la zona: piraña, cocodrilo, suri (gusanos), jabalí, caracoles y pollo, mucho pollo.

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Los tres jóvenes chilenos miran todo con curiosidad. “Es como si me hubiesen abierto los ojos, la mente… Aquí todo es muy diferente”, dice Camila Véjar. La misión que tienen, junto a alumnos del colegio nacional de Iquitos, es limpiar y plantar árboles en una plaza junto al malecón, también pintarán un mural creado por el artista plástico Flavio Caporali. Pero además de participar en el programa de Lan, los niños recorren la ciudad, aprenden de la forma de vida de sus nuevos amigos y conocen los atractivos.

A pasos del malecón comienza la comuna de Belén, llamada también la Venecia peruana. Una zona donde el hombre le ha ganado miles de metros cuadrados al río. Son las favelas peruanas, porque a pesar de su miseria y alta peligrosidad se han convertido en un gran atractivo turístico. El consejo es visitarla con alguien que conozca bien cada canal. Allí todo flota: la escuela, la iglesia, la disco, la basura… El agua sirve para el alcantarillado, para bañarse y para cocinar… los tablones de madera, sostenidos uno tras otro, conforman callejuelas flotantes que tejen un intrincado barrio, donde viven unas 65 mil personas. El medio de transporte es un bote, incluso el almacén es itinerante.

Camila visitó a una de sus compañeras de trabajos de Iquitos. “Quedé impactada. Vive en una casa que tiene las ventanas tapiadas para evitar que entren a robarles. Es impresionante cómo toda la familia está encerrada en su propia casa”. Pero aunque Belén tiene los índices de pobreza más altos de Perú, ya está consolidada. Muchas de las casas muestran antenas de televisión satelital y hasta el gobierno entregó viviendas después de la última crecida del río (hasta 8 metros puede subir en época de lluvías).

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Cruzando estos mismos canales se llega al Amazonas, que con sus aguas achocolatadas —que corren a siete kilómetros por hora hacia el Atlántico— se distingue de los afluentes. Es una de las siete maravillas del mundo natural, tiene la quinta parte del agua dulce del planeta (en él desembocan más de mil ríos y transporta más agua que los 10 ríos que le siguen en magnitud juntos), su selva es además ‘el pulmón’ de la humanidad. En la parte más angosta mide 1.6 kilómetro y en la más ancha, con lluvia, llega a los 48 kilómetros. Sus 6.800 kilómetros de longitud, serpentean entre porciones de tierra ultraverde. Hay islotes, recovecos, pasadizos llenos de vegetación donde viven ocultas comunidades, tribus y también asentamientos dedicados al turismo. La fauna y flora son prodigiosas y únicas. El 20 por ciento de los primates de la Tierra vive aquí, hay unos 3 mil tipos de peces, 4 mil clases de mariposas, unas 2 mil especies de aves. Y habitantes ilustres como el delfín rosado. Hay recorridos para todos los gustos y bolsillos, desde dar una vuelta cerca de la ciudad hasta una travesía con destino a la triple frontera Perú-Brasil-Colombia, que dura tres días durmiendo en hamacas. Claro, hay otros más rápidos y lujosos, es cosa de regatear, una condición para cualquier transacción en la región.

La única forma de proteger este ecosistema es a través de reservas naturales. Allí se preservan especies endémicas de flora y fauna. Las más cercanas a Iquitos son la reserva nacional de Allpahuayo Mishana y el mariposario Pilpintuwasi, que incluye más de 40 especies de insectos, principalmente mariposas. Allí también está el orfanato de animales del Amazonas. Una alternativa para ver varios de los animales amazónicos en cautiverio es el balneario de Quistococha —a seis kilómetros del centro— que tiene zoológico, acuario y serpentario además de restorán, zona de picnic y laguna con playa artificial.

El viaje termina con el anuncio de los tres estudiantes peruanos ganadores del proyecto en Iquitos. Alfredd Moreno, Joseph Vásquez y Jean Piero Bocanegra se abrazan felices, en unos meses partirán a una ciudad sudamericana con un clima y paisaje muy diferente a su selva. Allí ayudarán, conocerán, de seguro se sorprenderán y querrán volver como Camila, Aldo y Ariel, los jóvenes chilenos que acompañamos a la Amazonía peruana.

Cómo llegar; dónde comer y dormir.

Cómo llegar. Lan tiene cuatro frecuencias desde Lima. El vuelo demora 1 hora 50 minutos. Y su valor promedio es de 108 dólares.

Dónde comer. La huirallera: Es un restorán informal, de playa con platos típicos de la zona. Hay piraña, suri, pescados amazónicos y todo tipo de cebiches. Está en el complejo turístico de Quistococha. Carretera Iquitos/ Nauta km 6.5.

Dónde dormir. Victoria regia: Es ideal  para el viajero  de  negocios o  el turista que está de paso. Las instalaciones incluyen  confortables y  equipadas habitaciones y suites,  internet inalámbrico, restorán, café –bar , piscina  y  una moderna sala de conferencia. http://www.victoriaregiahotel.com/

*Contenido con Realidad Aumentada