Sin luz artificial ni señal de Internet. La invitación era a desconectarnos de la inmediatez en Iquitos, capital de la Amazonía Peruana. Una ruta hacia una de las ciudades destacadas por Lonely Planet en 2011 que hoy toma menos de cinco horas de viaje en total, gracias a la inauguración de tres nuevos vuelos semanales de Latam Airlines desde Santiago a Cusco y otro desde el antiguo centro operativo de los Incas hacia Iquitos.

El aterrizaje en el aeropuerto internacional Alejandro Velasco Astete de Cusco es entre imponentes cordones montañosos que alojan a una de las urbes más importantes del virreinato. Construcciones como su histórico hotel Monasterio son la parada perfecta antes de llegar a Aguas Calientes, el pueblo que conecta a más de siete mil turistas diarios con Machu Picchu.
Desde el valle sagrado, a una hora por tierra desde Cusco, el hotel Aranwa se transforma en un enclave de relajo máximo y wellness. El espacio cuenta con uno de los spas más grandes de Latinoamérica y suites de lujo estilo colonial construidas a orillas del río Vilcanota, un paisaje que invoca el descanso sobre las tierras de una antigua hacienda del siglo XVII.

Sin embargo, para los amantes de las aventuras outdoor, la travesía sigue con vuelo desde Cusco directo hacia Iquitos, en el corazón del río Amazonas. A medida que nos acercamos a la selva, la señal de roaming va disminuyendo y, lentamente, perdemos todo tipo de conexión telefónica: primer presagio de que se avecinan días de detox virtual.

A nuestro alrededor, el paisaje asombra con una gama de tonos verdes flúor. Con máximas de 35 grados y más de 90% de humedad, la selva se siente cerca. Nos adentramos en la Avenida José Abelardo Quiñones, la única calle que conecta al área metropolitana con el aeropuerto internacional, una pincelada a una realidad colmada de mototaxis, la forma más común de moverse en Iquitos.

Machu-Picchu-3

El recorrido sigue hacia el puerto Bellavista Nanay, llamado así en honor al afluente tributario del río Amazonas. Antes de embarcarnos, paramos en el mercado para degustar las bondades de la cocina selvática. Triunfan las carnes de lagarto y los famosos anticuchos de gusano, protagonistas de una cocina amazónica noble, baja en azúcares y sumamente alta en proteínas.

DESCONEXIÓN SALVAJE

Embarcamos para recorrer las oscuras aguas del Nanay y nos adentramos en las del Amazonas, el más caudaloso del mundo. En la confluencia de estos dos ríos se da la unión serpential de las aguas, fenómeno admirado por científicos y turistas del mundo. Así lo explica Luis Rodríguez, guía turístico del Irapay Amazon Lodge.

Ubicado a orillas del río Momón (afluente del Nanay), el Irapay cuenta con 36 bungalows que invitan al relajo pleno en la selva. Nos recibe Silvia Hernández, gerenta de marketing del Irapay. “Aprovechen de cargar sus cámaras y teléfonos… ya que solo los podrán usar para sacar fotografías”. La luz eléctrica se corta desde las 23:00 hasta las 8 de la mañana. Es lo que este espacio entrega a sus huéspedes: desconexión en medio de paisajes naturales con el fin de generar un mayor nivel de descanso, además de meditaciones guiadas y sesiones de bienestar.

En un principio fue duro, pero en cuestión de horas nos acostumbramos a dormir cuando la luz natural se iba, a despertar cuando los gallos cantaban y a descansar escuchando los ruidos de los búhos y grillos del Amazonas.Entre las expediciones más cotizadas están los avistamientos de aves, las visitas al mariposario de Pilpintuwasi, y las caminatas guiadas por la selva para conocer especies nativas como el árbol seringueira, causante de la fiebre del caucho por la explotación de su líquido interno en 1879: el látex. Un buen panorama para después de estos trekkings es presenciar el atardecer desde las balsas-taxis de Iquitos, donde el horizonte se tiñe de espectaculares tonos fucsias, anaranjados y amarillos.

Justamente sobre las macizas laderas del río es donde aún habitan comunidades de nativos como los Bora y los Yaguas, quienes cálidamente muestran sus ritos y danzas a grupos de turistas. Para mantener su lengua, sus nuevas generaciones asisten a colegios bilingües en el centro de Iquitos, donde les enseñan castellano y se preocupan de preservar su lengua originaria, además de apoyarlos con el desarrollo de indumentaria típica hecha de paja y artesanías, como collares y pulseras de escamas de pez.

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El Amazonas también es uno de los espacios más apetecidos para el descanso de la mente. A un costado de los nativos, nuevos centros de meditación se levantan . “Aquí se practican sesiones guidas de Ayahuasca, el tradicional alucinógeno indígena que induce a viajes espirituales”, cuenta Luis Rodríguez. Unos 100 dólares cuesta la terapia grupal con la madre ayahuasca, como la llaman los chamanes y curanderos. En auge también están los baños con barro amazónico y los florales, para recibir las bondades de la naturaleza en el cuerpo con el fin de liberar estrés y preocupaciones.

Así termina un viaje a la ciudad más grande del mundo a la que no se puede llegar por carretera, solo en avión o en barco, motivo geográfico que impulsa a sus visitantes a liberarse de lo que pasa en tierra firme. En este pulmón tuvimos que dejar de lado el mundo virtual que nos abraza 24/7 con inmediatez y excesos de pantallas.