Ya van 10 días desde que comenzó este sueño llamado Teacher Training de Yoga (curso para ser instructor de Yoga). Desde muy joven que empecé a practicar Hatha Yoga, y siempre formó parte de mi vida. Un día llegué a Bikram Yoga Las Condes (técnica con posturas de Hatha Yoga pero en una sala que está a 42 grados de calor) y me enamoré aún más de este estilo de vida. En Chile yo enseñaba Yoga a niños, pero hace tiempo que quería comenzar profesionalmente a hacerlo con adultos y, además, hacer de esta práctica parte de mi vida cotidiana.

Siempre fue parte del plan durante el viaje pasar por India a hacer el curso, pero estaba estipulado para diciembre, en algún momento algo pasó en mi que necesité venir ahora, así fue como me aventuré y llegué a Rishikesh, ciudad a unos 300 kilómetros de Nueva Delhi.

Nada de lo que pudiera haberme imaginado se compararía a todo lo que he vivido estos días, por una parte no hice mucho estudio sobre el lugar más allá de saber que es la ciudad donde vienen todos a estudiar Yoga y meditación, pero me declaro bastante ignorante sobre India. Coincidentemente en el avión desde Londres hasta Nueva Delhi, me tocó sentarme con una niña con la que no hablé hasta la mañana siguiente, y pues, venía a hacer el mismo curso que yo a la misma escuela, mi buena estrella no me abandonaba, no me tendría que ir en ese taxi desde Delhi a Rishikesh sola.

Al llegar al aeropuerto de Nueva Delhi, nos esperaba un taxi de la escuela, ahí empecé a dimensionar en el lugar en donde estaba. Nos subimos al taxi y nunca más dejé de escuchar las bocinas y sentir que todos los autos estaban sobre nosotros y nosotros sobre ellos. Con los días he entendido que aquí usan la bocina casi como para saludar, yo aún lucho por no reaccionar ante el ruido. Y así fue como un camino de 300 km. nos tomó 7 1/2 horas en llegar, carreteras de una vía, vacas, y caminos con muchos sobresaltos.

Llegamos y me doy cuenta que aquí todo convive, la gente, los autos, las motos, el olor a excremento, la basura, las vacas, la comida ambulante, el río Ganges, las bocinas. Me quedo quieta un minuto y me doy cuenta que esto será un desafío importante.

Para que se hagan una idea, mi día parte a las 5 de la mañana, donde apenas entiendo quién soy y donde estoy, pero me levanto para ir a una clase de Hatha Yoga, luego de 2 horas, una clase de Pranayama (técnicas de respiración para activar nuestra energía vital).

Recién a las 9:00 vamos por el desayuno, que a medida que pasan los días el comedor que compartimos con otra escuela de Yoga se transforma en una pequeño campo de guerra silenciosa, todos tenemos hambre y todos queremos que hoy nos toque la silla, porque si no, volvemos a sentarnos al suelo, como lo hacemos todo el día. A las 10:30 Mantras, Filosofía del Yoga, Ayurveda, o alguna clase por el estilo, hasta las 13:00 que comienza el almuerzo. Volvemos a clases de anatomía del Yoga a las 15:00, para ya a las 16:00 entrar a dos horas de Yoga Ashtanga, en una sala en la que el profesor apaga los ventiladores y ahí nos tiene por 2 horas dando el extra una y otra vez. A eso de las 18:15 empieza la última clase de meditación y relajación. A esas alturas ya no sabes ni como te llamas. 19:30 comida, 20:30 estás volviendo a tu pieza, feliz porque lograste un día más, pero ya preparándote mental y físicamente para el siguiente.

Llegar a la pieza es como una bendición, tu pequeña cuevita que te alberga, te acoge y te provee de un ventilador. Agarrar el celular y ver el whatsapp que te mandó un(a) amig@ es como un regalo divino. Todo lo sientes pero el doble, entonces es una sensación tan grata y acogedora- no estás sol@- y te sientes bien. Así siento que puedo darle una perspectiva positiva de las cosas a los que me escriben porque yo estoy bien y en esa sintonía. Siento que les hablo con extra amor. También pasa al contrario cuando tengo mañanas en que solo quiero renunciar y devolverme a Chile.

El otro día pensé… “(…)Cuando esté en Chile voy a(…)” y  al instante me dije nuevamente, “(…) Quizás ni llegas a Chile (…)” Ahora estoy aquí, sigamos aquí por el tiempo que me corresponde. A veces me da mucho placer pensar en todas las cosas que quiero hacer cuando vuelva pero estoy aprendiendo a controlarlo para no llenarme de ansiedad y de expectativas de cómo quiero que sean las cosas. Y esto no tiene que ver con que no desee cosas para el futuro, las deseo y las visualizo con fuerza, pero de aquí a que lleguen me estoy dedicando a lo que me toca en este minuto.

Irme a dormir es todo un ritual, terminaste de comer a eso de las 20:30 y sabes que no te quieres dormir más allá de las 22:00 porque si no al día siguiente pesa y mucho. Entonces vuelves a la pieza, te das una ducha, que es lo mejor que te pudo pasar en la vida, ya no importa cómo sea el baño. Luego limpias el piso del baño porque todo es agua, te poner pijama, y comienzas a hacerte masaje en todos lo lugares de dolor, o sea casi que todo el cuerpo, pero principalmente los pies, los músculos de las piernas y la espalda (lo que alcanzo).

Luego me acuesto piernas para arriba y me hago un masaje en el estómago con algún aceite esencial, porque de la guata, el 75 % de las personas está enferma, me incluyo, ya es una constante, así que tuve que aprender a vivir con eso. Y ahí me quedo un rato, intento leer o ver si puedo mandar algún mensaje por Whatsapp, chequeo con Dios Internet a ver si es posible (el internet es pésimo aquí). Me tomo el último sorbo de agua con limón y miel, escucho alguna canción, apago la luz, y le pido al universo que me de fuerza y energía para el próximo día.

Hoy fue el primer día libre que hemos tenido desde que todo esto empezó y he aprendido más de lo que pudiera expresar en palabras, de hecho me es difícil escribir este post porque estoy constantemente procesando todo. Y lo que vas sintiendo, pensando, aprendiendo y reflexionando va mutando, y se que me va a tomar tiempo digerir toda esta experiencia.

He encontrado gente linda que hacen de estos días agotadores, días más dulces. Aquí todo importa, sobretodo los pequeños detalles, y realmente valoras lo que sabes que en alguna parte tienes: tu casa, tus amigos, un baño, una ensalada que no sea pepino con zanahoria (sin limón), un abrazo de tu mamá, una silla, agua de la llave, un pan con palta y huevo.

Próximo reporte cuando finalice el curso. Los invito con mucho cariño a visitar mi nueva página web www.fioreyogini.com Aquí podrán encontrar estos post, más otros sobre viajes, Yoga, y más, de a poquito iré subiendo todo el material que tengo.

Hasta entonces,

Namasté.

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