En Formentera no había teléfonos, gas o electricidad, y por ello aquello era un paraíso, me dijo mi madre”. Así recuerda Sadie Frost —ex mujer de Jude Law, íntima de Kate Moss, actriz, modelo, musa y en definitiva un símbolo del Londres de los años noventa— su llegada a esta diminuta isla al lado de Ibiza que, junto a otros islotes, forma Las Pitiusas. La escena es de finales de los años sesenta, cuando Frost y su familia se plantaron en una furgoneta al son de ‘Like a Rolling Stone’, de Bob Dylan.

Ibiza representa naturaleza salvaje, sol, mar, libertad y misticismo. De ahí que en pleno auge hippie, la isla mediterránea acogiera a gente de todas partes del mundo para rendir culto a los astros y abrazar la vida etérea. Aquello era un diamante puro que pronto atrajo a personajes famosos, como la princesa yugoslava Smilja Mihailovitch, que pusieron de moda los trajes regionales de la zona, caracterizados por su color blanco roto, amplias faldas, tejidos naturales, volantes y ganchillos.

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En los ochenta, la Duquesa de Alba hacía topless en la playa. La jet-set española celebraba el fin del verano con fiestas en las que las invitadas vestían estampados florales y la gente aplaudía la puesta del sol en El Café del Mar, en el municipio de Sant Antoni de Portmany.
En los noventa fue el turno de los hippies de luxe, como la segunda hija de Mick Jagger, que se estableció en la isla mágica y tiene un atelier de ropa en el casco antiguo. Y en los dos mil, ya con luz eléctrica desde hacía años, se produjo la eclosión definitiva de las macrodiscotecas como Pachá, de las más antiguas; Space, uno de los templos mundiales de la música electrónica; Privilege, la más grande del mundo según reza su slogan; o el Ushuaïa Beach Hotel, cuyas fiestas en su piscina han creado un nuevo concepto de discoteca que ha transformado Ibiza, atrayendo a famosos de todas clases: los hermanos Casiraghi; Kate Moss, que en un encuentro con CARAS hace dos años nos dijo que amaba la isla; o Leonardo DiCaprio, que cada año sube a su yate a su nueva conquista.

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Hoy ya no queda ninguna cala virgen, y la tranquilidad que reina durante el invierno en los pequeños pueblos de la isla da paso en verano a vuelos charter fletados de gente joven procedente de países como Estados Unidos que acude a divertirse non-stop durante un fin de semana. Ibiza es la nueva Florida del Spring Break.

Pero lejos de quemarse como destino, esta gran concentración de famosos por metro cuadrado es precisamente lo que sirve para continuar sacándole rendimiento a la isla blanca. Ahora, en forma de enclave ultralujoso y exclusivo.
Ver en directo al DJ David Guetta y tomar unas copas puede costar unos 200 euros por noche. Paris Hilton ha comprado un departamento —mínimo un dúplex— en uno de los edificios más modernos y vistosos de la ciudad de Ibiza, en primera línea del puerto y en la considerada milla de oro de la capital de la isla (adquirir una casita de playa con paredes blancas de adobe ya no se lleva). Allí descansa por el día, mientras que por la noche celebra su espectáculo de música electrónica ‘Espuma y Diamantes’ en el club Amnesia. La entrada cuesta 45 euros y saludarla, 300.
Todo aquel que es alguien y toda marca que se precie, está presente en Ibiza en forma de negocio. El diseñador Roberto Cavalli tiene restorán y lounge (el Cavalli Club) en el mismo lugar donde vive la Hilton: el paseo marítimo Joan Carles I.

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La marca Hard Rock Hotel también se ha instalado, y a lo grande. Sus casi 500 habitaciones están decoradas para que cualquiera se sienta una estrella del rock después de un concierto. Dormitorios con iluminación de cromoterapia personalizada, paredes acristaladas con vistas al mar, camas King, sabanas de algodón de 300 hilos, mobiliario volado, sofás cama de 120 centímetros, iPod dock station y pantallas planas HDTV de 42 pulgadas.
Si le apetece tocar la guitarra, le subirán una Fender. Y si quiere convertir su suite en un club, le montarán una mesa de mezclas con un Traktor Kontrol Z1 y un portátil. Por supuesto, cuenta con Beach Club y zonas de arena privada para que se sienta como si estuviera solo en una isla.
Por la noche toca fiesta. En sus instalaciones se celebran conciertos y eventos de talla mundial. Por el día, uno retoma fuerzas en su spa de 150 metros cuadrados. Y si se va a casar, puede reservar la sala de novias para su despedida de soltera. Sus damas de honor y usted podrán celebrar una fiesta con exclusivos tratamientos de belleza.

Para cenar, puede elegir entre sus once bares y restoranes. Los más originales son el Estado Puro, donde el chef español Paco Roncero prepara unas tapas en medio de una decoración entre cañí, mediterránea y roquera. Ellos mismos describen el espacio como “canalla” y cuenta con un Jam-rock corner: un espacio/pódium donde actúa el maestro jamonero/Gogó.
Pero el que se lleva la palma del hotel es el Sublimotion, considerado el más caro del mundo en la actualidad: 1.650 euros por barba. Ahora bien, aquí lo que se paga es el show que el mismo Paco Roncero realiza junto con ilusionistas, ingenieros y guionistas, entre otros. En un experimento pionero, doce comensales se encierran en una cápsula que les transporta a un universo que busca estimular los cinco sentidos. Algo así como un ejercicio de imaginación de cómo será una cena de amigos en el año 2050.

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La otra gran atracción ahora mismo es el Heart Club del gran chef Ferran Adrià y su hermano Albert. En colaboración con Guy Laliberté, director del Cirque du Soleil, su espectáculo Terrace o Heart Supper mezclan street food (puestos con comida de todo tipo) con exposiciones artísticas fijas y móviles. El club está ubicado en el Ibiza Gran Hotel, también en el paseo.

Por cierto, el puerto —Marina Ibiza— enfrente de este paseo es el único en todo el Mediterráneo que cuenta con cinco estrellas. Es decir, el colmo de lo exclusivo. ¿Le apetece una botella helada de Louis Roderer? La tiene. ¿Un masajista balinés? También.
Allí un barco grande puede llegar a pagar 2.300 euros al día por el alquiler de un amarre. Pero no es el más caro. En los ocho puertos repartidos por toda la isla, el precio medio de los amarres está en casi tres mil euros el metro cuadrado. De modo que comprar uno grande puede suponer más de un millón y medio de euros. Sin duda, los precios más costosos del país.

Por último, qué mejor ejemplo de la nueva Ibiza que el hecho de que también cuente, por supuesto, con una de las franquicias del mítico restorán Cipriani (el original está en Nueva York), lugar de peregrinación de los más famosos entre los famosos. Fue inaugurado en 2013 por Flavio Briatore.
Ya lo dice Paris Hilton: “Ibiza es el mejor sitio del momento, a donde viene la fauna más interesante del planeta”.