Cuando el avión United toca la losa del imponente Aeropuerto Intercontinental George Bush, todas las imágenes que uno tenía de Houston, Texas, quedan reducidas a animaciones grotescas. Mientras un ferrocarril acompaña el viaje al downtown de la ciudad, esta se muestra como una belleza sin pretensiones. Hace pocas horas cayó una tormenta gigante y Houston ni lo notó. No por nada la revista Forbes dijo que es la ciudad más cool para vivir en Estados Unidos. Otros medios la han calificado como la nueva It city. Lo cierto es que después de recorrer sus barrios, parques, museos, restoranes y tiendas, cualquier recomendación queda corta.

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La saludable Houston —la que tiene los centros médicos más respetables del mundo— ha hecho su camino a contramano del país. Mientras Estados Unidos flotaba en la burbuja inmobiliaria que estalló con la crisis económica de 2008, Houston navegaba estable con su economía que, más allá de la poderosa industria energética, se diversificó a la logística, al área aeroespacial y médica, reforzando la imagen de una ciudad que es mucho más que hombres con sombreros y botas manejando camionetas llenas de barro. No. Aquí se nota sofisticación despreocupada, elegante simpleza, que, dirigida por Anisse Parker —la alcaldesa gay y demócrata en un estado conservador, que ayudó a darle nueva potencia a la ciudad—, incluso se prepara para recibir el Superbowl en 2017, el evento deportivo que vuelve locos a todos los norteamericanos y que impulsa como cohete las obras públicas, listas desde ya para recibir visitantes a manos llenas.

La mayor urbe del estado de Texas funciona como reloj suizo, entre sus espectaculares obras arquitectónicas, su bullente gastronomía, llena de influencias texmex, francesa e incluso vietnamita, y una oferta cultural que puede competir con Nueva York sin complejos.

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Sus bajos costos de vida además sitúan a Houston, la cuarta urbe más poblada de Estados Unidos, como el empleador número uno del país. El crisol de inmigrantes —es la ciudad con mayor diversidad étnica— la posiciona como una potente puerta de entrada para cientos de latinoamericanos, tanto para negocios o turismo. Compartiendo frontera con México y en línea recta a Sudamérica, dejan a Houston como destino obligado para conocer una cara amable de Estados Unidos.

Imperdibles a la hora de visitar la ciudad es recorrer el Space center, donde funcionan las oficinas centrales de la Nasa y resuena el famoso “Houston, tenemos un problema”. Aquí viven y entrenan astronautas de todas partes del mundo y se construyó un museo que reúne toda la historia aeroespacial norteamericana, con cápsulas, naves, simuladores y un circuito que hace ver como niños a abuelos. Siempre hay charlas e incluso la posibilidad de codearse con astronautas retirados que pueden responder dudas prácticas y regalar anécdotas increíbles.

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De regreso al centro de la ciudad, la visita al moderno downtown de Houston es obligada. Hace años, acá penaban las ánimas desde temprano, pero ahora, lleno de espectaculares parques, bares y una organizada red de 20 kilómetros de túneles que unen el centro financiero y dan respiro cuando el calor sofoca, convirtieron al downtown en un espacio muy amigable, donde se ve a gente haciendo yoga y parquímetros que funcionan con paneles solares, todo flanqueado por una mezcla de arquitectura clásica y moderna que se abraza y respeta. Desde lo alto de los rascacielos se ve el estadio de los Rockets, su equipo de básquetbol, grandes áreas verdes y centros comerciales desperdigados por toda la capital. Capítulo aparte se lleva la zona de outlets, que puede volver locos incluso a consumidores moderados.

La oferta cultural es tan amplia como impresionante. La zona teatral de varias cuadras tiene estrenos de nivel mundial, los mismos de Broadway. No lejos está el acuario local, uno de los más impresionantes de Estados Unidos.

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Y si de espectacularidad se trata, el distrito de los museos deja con la boca abierta. Son 19 recintos que están conectados en la ciudad y que presentan alternativas como el Jung Center (sobre la obra del sicólogo), The Health Museum (un impresionante centro interactivo de salud y ciencia) o el de Bellas Artes, que tiene una colección de más de 20 mil obras. Hay un tranvía ultramoderno que comunica a todos los museos del distrito. Más comodidad ¿dónde?