Cada 1 de noviembre los habitantes de San Pedro de Atacama alistan las mesas y cocinan los mejores platos para recibir a sus antepasados. Esa noche —en el momento justo cuando la Vía Láctea, que simboliza un río lleno de almas, se ve pegada a la Cordillera de Domeyko— los difuntos, representados por las estrellas, están tan cerca, que pueden bajar por los cerros y visitar a sus familiares vivos. Esta historia es parte de la cosmovisión andina y también del relato del tour astronómico que dirige Claudia Hernández, jefa de excursiones del Hotel Cumbres de San Pedro de Atacama. El público envuelto en mantas y recostado sobre el piso de piedra del observatorio, escucha silencioso, algunos emocionados mientras clavan sus ojos en el cielo repleto de cuerpos celestes en un entorno de boca de lobo. El tour —que se realiza a pedido casi todas las noches— además contempla observación con telescopios y una charla científica.

Esta y otras experiencias permiten vivir el desierto en plenitud. Y ese es el lema que Hotel Cumbres San Pedro de Atacama —premio Travellers’ Choice de TripAdvisor 2017 y 2018 y parte de los 25 hoteles más populares del país— prioriza. “La vivencia es inolvidable, porque hay un contacto directo con lo ancestral y lo místico. San Pedro mantiene su arquitectura de siglos pasados que contrasta con la naturaleza, los colores y sus atardeceres inolvidables. Es una zona única en el mundo”, dice el gerente Víctor Huerta. La idea es que los huéspedes sientan que llegan a su casa.

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“Nuestra misión es ayudarlos a descubrir lo que significa estar en el desierto más árido del mundo. Y eso se logra arriba de un volcán, en medio de un salar, mirando el cielo más limpio, pero también en el bar del spa, sobre una reposera junto a una de las piscinas”, agrega Susana Cárdenas subgerenta del hotel.

Con ocho hectáreas de terreno y 6.500 metros cuadrados edificados en las afueras del pueblo, la construcción diseñada por el arquitecto Cristián Boza es un oasis de lujo. Sus 60 habitaciones, orientadas hacia el sagrado volcán Licancabur, están agrupadas en pequeñas comunidades, emulando a los ayllus o poblados atacameños, tal como se ha distribuido por siglos la población autóctona. Decoradas, en tonos tierra, en armonía con el contexto, las habitaciones están revestidas de piedra, barro y entramados de coligüe en los techos. Todas cuentan con terraza independiente y ducha exterior. El paisajismo está compuesto por flora nativa donde destacan chañares, algarrobos, diversos cactus, pimientos y otras especies desérticas.

EXPLORADORES PROFESIONALES

El pueblo con sus callejones y casas de adobe tiene encanto propio. La iglesia (1641), el museo arqueológico del padre Le Paige, en reparaciones, y la Casa incaica son parte de los atractivos a los que se une la pureza del cielo y una geografía prodigiosa. Una delicia para arqueólogos aficionados y profesionales.

“Se recomienda recorrer San Pedro, donde podrán apreciar una de las iglesias más hermosas y antiguas de la región, vivir el contacto con la gente y sus costumbres, disfrutar de una rica gastronomía típica y sentir en el aire que estamos en otro siglo. En sus alrededores se encuentran lugares imperdibles, maravillas de la naturaleza como el Salar de Atacama y sus lagunas Chaxa llena de flamencos y Cejar famosa por su belleza, sin olvidar las hermosas lagunas altiplánicas y los géiseres del Tatio”, recomienda Víctor Huerta. No es casualidadad que en Cumbres exista una sala de exploradores. Ahí está el centro neurológico donde se organizan todas las salidas. Además de una tienda con recuerdos, hay bicicletas gratuitas para los huéspedes, algunas para personas con capacidades diferentes, incluso para no videntes. “Tenemos tablas especiales para que cualquiera, sin importar su condición física, pueda deslizarse por las dunas o flotar en las lagunas”, cuenta Claudia Hernández.

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A las clásicas visitas al Valle de la Luna, las lagunas, Ojos del Salar, Tebinquinche y el Pukará de Quitor, por nombrar algunas de las atracciones, cuentan con recorridos exclusivos. “Vamos al valle de Puque donde se producen los vinos a mayor altura del país. También hacemos ascenciones a volcanes, yoga en el desierto, una ruta gastronómica”. Todas las excursiones tienen catering gourmet preparado por el restorán.

El equipo es experimentado y con preparación en primeros auxilios. “A través de un programa de reconversión hemos incorporado guías nativos, que hablan perfecto inglés, lo que les permite liderar excursiones de grupos nacionales y extranjeros”, añade Hernández.

Como huéspedes de hotel Cumbres participamos en la visita al Tatio. El parque geotérmico más grande de Sudamérica y tercero del mundo, después de Yellowstone (EE.UU.) y la reserva natural Kronotski (Rusia), está a 4.200 metros sobre el nivel del mar y reúne unos 80 géiseres y 100 manantiales donde el agua emerge a unos 86 grados Celcius. Después de partir de madrugada, para alcanzar a ver el amanecer en el parque y subir la Cordillera de los Andes, el espectáculo es simplemente magnífico. Entre los macizos llenos de nieve en esta época, surgen las fumarolas en todo su esplendor. Si bien la actividad es constante, a esta hora se produce la mayor diferencia de temperatura ambiente con el agua que brota de la tierra y produce el vapor más abundante. Decenas de personas fotografían, caminan y se sorprenden ante el espectáculo.

Administrado por las comunidades de Toconce y Caspana, el recinto tiene camarines, una piscina natural de aguas termales y servicios higiénicos. Terminado el recorrido nos espera un reponedor desayuno junto a los géiseres. El regreso tiene dos paradas: la primera en el pueblo Machuca, una calle con 20 casas de adobe y paja, que cuenta con un breve recorrido por la flora autóctona y la iglesia de San Santiago, patrono de la localidad. Las familias se han unido al turismo con la venta de anticuchos de llamo, empanadas de queso de cabra, sopaipillas y una que otra artesanía. La segunda parada está muy cerca de allí, en medio de magníficos bofedales donde se pueden ver sin mucho esfuerzo manadas de vicuñas, flamencos, taguas, gansos y gaviotas andinas, entre otras aves.

DESCANSO ATACAMEÑO

De regreso, lo ideal es programar reposo. “Y qué mejor que hacerlo en el spa más grande de San Pedro (1.000 metros cuadrados) que se encuentra en el hotel bajo la mirada del gran volcán Licancabur”, agrega Víctor Huerta.

El lugar cuenta con tres piscinas de distintas temperaturas y dos jacuzzis al aire libre, sauna, gimnasio y salas para masajes de aromaterapia y piedras calientes. Pero el tratamiento estrella es la oxigenoterapia. “Este innovador método entrega una relajante sesión que, acompañada de aromaterapia, entrega oxígeno de 95% de pureza. Con esto aumentamos el bienestar fisiológico y anímico de las personas. Al mismo tiempo ayuda a revertir los efectos de la altura y previene el envejecimiento prematuro de las células del organismo”, explica la fisioterapeuta Mildred Aliaga.

Entre las excursiones, el spa y lo acogedor de las habitaciones, durante el día se ve poca gente circulando por el hotel, aunque su ocupación supera normalmente el 60%. Es al atardecer cuando las numerosas terrazas comienzan a recibir parejas y grupos en torno a fogones, copas y platos gourmet. A esa hora, como al desayuno, cobra protagonismo el restorán Kunza a cargo del chef ejecutivo Diego Durán, quien ha desarrollado una propuesta de autor. “La experiencia que entregamos es cultural, ese es el sello en la gastronomía y en las bebidas. Las mismas hierbas y especias que usamos en la cocina son las utilizadas para macerar piscos, que luego son parte de tragos propios y también de diferentes propuestas para renovar los sours. Las hierbas principales que usamos —que proveen cultivadores locales— son rica rica, chañar, chachacoma, muña muña, algarrobo. Lo interesante es que son los preferidos por nuestros huéspedes y visitantes, porque también recibimos a clientes externos. Los macerados se agotan rápidamente”, cuenta Bruno Rosales, gerente de alimentos y bebidas.

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Agrega que tienen un programa de días temáticos. “Cada sábado organizamos el quincho bajo las estrellas con buffet de carnes, ensaladas, postres y música en vivo si hay petición especial”. De hecho, para Fiestas Patrias, tienen organizada una celebración en conjunto con algunas comunidades que participarán con una muestra con artesanos de la zona y grupos musicales. Todo abierto a los habitantes y a quienes visiten San Pedro.

DEVOLVER LA MANO

La sustentabilidad es también prioridad para los hoteles Cumbres. “Estamos en el desierto más seco del mundo y el agua acá es un bien y un privilegio que hay que cuidar”, explica Susana Cárdenas. Para ello cuentan con una planta de osmosis que trata las aguas que se extraen controladamente de una napa subterránea, abasteciendo de agua apta para consumo humano. Existe también una planta para el tratamiento de aguas servidas, que una vez procesadas (certificada por la autoridad), se usan para el riego de jardines. Igualmente, para hacer más eficiente el consumo, los baños de las habitaciones tienen un reductor de caudal en las duchas e inodoros de bajo flujo y descarga dual. La lavandería utiliza productos biodegradables y separan los desechos orgánicos, cartón y vidrio para su reciclaje y posterior traslado a centros certificados.

Además, el spa funciona con paneles solares para calentar el agua de piscinas y jacuzzis a través de un proceso de recirculación. La responsabilidad también pasa por el apoyo a las comunidades. “Damos prioridad a los habitantes de la zona para ocupar las plazas laborales que se generan, además privilegiamos a los proveedores y mano de obra local. Con los habitantes de los alrededores podemos cubrir la mayor parte de las necesidades del hotel”, señala Víctor Huerta.