‘Pirihuei… Pirihueico, Panguipulli… Allá va, allá va. Allá viene…’. La clásica cueca Lagos de Chile es la opción obvia que sale de los parlantes del transbordador Hua Hum apenas abandona Puerto Fuy rumbo a Argentina. Travesía idílica que llega de a poco a oídos de los ‘nortinos’ que arriban a la zona en busca de nuevas rutas por la Patagonia Norte.
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La mayor parte de los turistas que se mueve por la Región de los Ríos retrocede a Pucón para cruzar por tierra al transandino San Martín de los Andes, cuando la novedad —y accesible, por lo demás ($ 16.390 el auto y $ 870 por peatón)— es hacerlo por las aguas del Pirehueico (nombre oficial, sin la “i” de la cueca). Ruta que, de paso, permite visitar uno de los sectores que mantiene ese encanto de lo que todavía no está totalmente descubierto, pasando por un circuito de termas y pueblos con gastronomía mapuche.

En medio del pueblo rústico está la opción boutique a orillas del Pirehueico: el Hotel Marina Fuy, con el restorán de alta cocina Agua Fuy a cargo del chef y gerente Gerald Müller, muelle propio, yates, piscina, hot tubs (tinajas de madera con agua caliente). Sofisticación tan pura como el verde que lo rodea.

Desde ese elegante ‘cuartel general’ parten excursiones de pesca y paseos en las cercanías de Puerto Fuy. El más popular es el treking que bordea el río Fuy, entre Farellones, cruzando puentes colgantes, bosque virgen, sorteando vertientes y con vista a dos miradores de caídas de agua conmovedoras: el salto del Puma y el salto Huilo Huilo, con un descenso entre rocas que ensordece.

Aquellos con vocación por lo extremo tienen agenda variada. Esta última va desde recorrer el mismo río y sus rápidos en kayak, hasta el ascenso al glaciar del cercano volcán Mocho-Choshuenco. El nombre que recomiendan en el pueblo para estas actividades y otras expediciones profesionales es Alvaro Pinchetti, instructor ‘a lo Pelotón’ con cursos de especialización en el extranjero.
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En la zona también hay otros operadores que tiene excursiones por hielos y bosque nativo en 4×4. Recomendable para evitar riesgos en un sector que todavía está virgen.
A ritmo más pausado están las visitas a las laderas del Mocho-Choshuenco, donde la reserva privada Huilo Huilo (un Disneyland ecológico-hotelero que suma y suma proyectos) tiene un centro invernal con cafetería, arriendo de esquíes y tablas de snowboard (pese a que no hay pistas formales), además de una zona para tirarse en tubing —opción más pro de la nostálgica cámara de neumático—.

El toque de cultura va de la mano del Museo de los Volcanes, el ambicioso proyecto de Víctor Petermann (magnate de Huilo Huilo) que recopila su amplia colección de arte indígena con material prehispánico. Un lugar que juega con el concepto de espiral para, a partir de una hoja de raulí, explicar el inicio del universo.

San Martín de los Andes es la siguiente parada cuando ya están cubiertas las actividades en Puerto Fuy. Aunque el Pirehueico todavía ofrece playitas escondidas y hasta el exclusivo lodge Termas del Lago, para sumergirse en troncos con aguas calientes.

Cruzando en el transbordador (con sólo un viaje diario de hora y media –ida y vuelta– en temporada de invierno) se llega a Puerto Pirehueico…

Cruzando en el transbordador (con sólo un viaje diario de hora y media –ida y vuelta– en temporada de invierno) se llega a Puerto Pirehueico y a los trámites de frontera en el Paso Hua Hum a 11 kilómetros de allí. Todo rápido. Desde esas oficinas a la par argentina, para tomar un camino ancho en buen estado dirección a San Martín. Paseo por el Parque Nacional Lanin en donde se enclava esta ruta de poco más de 40 kilómetros.

Casi al llegar está la primera vista del destino en el Mirador Las Bandurrias. Turistas, corredores, ciclistas y aficionados al trekking se encuentran en esta parada ineludible con vista del pueblo montañés a orillas del lago Lácar.
Cinco kilómetros abajo está la civilización, en estos días con total vocación por el ski en sus vidrieras con ofertas de equipos, vestuario para vivir con todo la experiencia blanca y traslados al centro de operaciones para la práctica de deportes de invierno: Chapelco.

Cerca de 12 mil personas por hora trasladan los andariveles en ese centro invernal de 22 pistas a media hora de San Martín. Rumbo al cerro Chapelco —y en sus laderas— también hay atractivos alternativos, desde wine bars, campings, casa de té y canopy al mirador El Arrayán.
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Punto para el encuentro en el ‘after ski’ es el restorán Torino. Su carta patagónica y barra —con un altar dedicado a Gustavo Cerati— en el trasnoche de los fines de semana da paso a la fiesta con pista de baile y dj. Es uno de los tantos lugares dedicados a la buena mesa, donde priman salmones, ciervo, truchas.

San Martín tiene vocación por los fogones y gastronomía. Y, tal como en la cercana Bariloche, el chocolate es rey. Hay sitios dedicados al fondue y tiendas del dulce. ¿El orgullo local? Mamusia, chocolatería de inmigrantes polacos que mantiene la técnica artesanal en su elaboración por más de medio siglo frente a la plaza San Martín. Hay que sacar número, ya que los turistas arrasan con sus bombones, alfajores y barras. También abrieron una heladería con el mismo cacao y frutos de la zona. Para llevar un dulce recuerdo del paseo argentino.