Como la mayoría de las ciudades francesas, Montpellier tiene ese charme buscado por los visitantes: bellas calles y callejuelas, patrimonio, cultura e historia. 

Su posición geográfica inigualable, un poco más de tres horas en tren desde París, España e Italia y a sólo once kilómetros del Mediterráneo y sus playas, además con casi 300 días de sol al año, pero éstas no son sus únicas atracciones. Desde hace algunos años la ciudad de un poco más de 400 mil habitantes, se agranda y moderniza, reclutando para ello a los mejores de la arquitectura y el diseño mundial.

Wp-Montpellier-450

Un lugar para comenzar es la place de la comédie, gran espacio de encuentro, en el que se puede ver a los artistas callejeros desde las concurridas terrazas de cafés y restoranes. Al adentrarse en alguna de las pequeñas calles que rodean la plaza, los adoquines avisan que entramos al Écusson, el corazón histórico de Montpellier, una de las zonas peatonales más grandes de Francia. En el barrio, la historia se mezcla con la moda, las llamadas concept-store brotan por distintas partes como Cubik, las grandes marcas sobre la avenida Foch o del underground como En Traits Libres, paraíso de los comics y de las camisetas ilustradas. 

Una caminata por los lugares más reconocidos permite disfrutar de la naturaleza y el patrimonio. Una buena idea es pasear por el Jardín de plantas, uno de los más antiguos de Europa, que sirvió de modelo para la elaboración de todos los jardines botánicos de Francia, incluso el de París que apareció 40 años más tarde. Para seguir entre la vegetación, hay que pasar bajo el Arco del Triunfo de la ciudad y llegar a los jardines Peyrou.

Hay que visitar la Facultad de Medicina, una de la más antiguas de Occidente, ubicada en un imponente edificio del siglo XIV. Está al lado de la impresionante catedral de Saint Pierre. Siguiendo los pasos de la cultura, no se puede dejar de visitar el museo Fabre, que presenta una colección permanente con telas de grandes como Delacroix, Gericault, Courbet hasta Soulages y que tiene una exposición de Signac, llamada Les couleurs de l’eau hasta el 27 de octubre. 

Desde hace unos años la urbe se ha enriquecido con proyectos contemporáneos lo que le valió la calificación de la ‘ciudad francesa más avant-gardista’. Gracias a la intervención de los diseñadores Garouste, Bonetti y Christian Lacroix, las líneas del tranvía son una atracción por sí mismas.
Wp-catedral-193

Tomando algunas de estas estilosas líneas podemos pasar del Montpellier histórico hacia las nuevas apuestas urbanísticas. Por la orilla del río Lez y luego de atravesar el neoclásico y controvertido barrio Antigone (se encargó al arquitecto catalán Ricardo Bofill en 1976; para sus detractores, es un ejemplo del delirio del posmodernismo), llegamos al Hôtel de Ville, la municipalidad, que se hizo conocida por celebrar el primer matrimonio homosexual de Francia. Un inmenso cubo azul creado por Jean Nouvel junto a François Fontès, construido sobre un plano de agua. Símbolo de la prolongación del centro hacia el este, este nuevo barrio marca el nacimiento del primer proyecto urbano del siglo XXI.

A unos pasos de la municipalidad abrió sus puertas el RBC, otro edificio diseñado por Nouvel, una especie de paraíso para los amantes del buen diseño. Dentro de su moderna estructura hay showrooms de las mejores marcas, además de una librería y un restorán. Justo al lado se está construyendo Le Nuage, creación de Philippe Starck. Una obra arquitectónicamente singular que acogerá un nuevo concepto de centro deportivo y de bienestar, que abrirá sus puertas en septiembre de 2014.

Montpellier no se quedó ahí con los grandes nombres de la arquitectura internacional y encargó a la premiada Zaha Hadid, la creación de la Cité des Savoirs et du Sport, bautizada pierresvives. Este impresionante edificio de hormigón blanco y franjas de vidrio de color verde, inspirado en la estructura de un tronco de árbol, acoge una mediateca y la sede de los archivos departamentales, además de servicios accesibles al público como un centro deportivo, una galería de exposiciones y un anfiteatro. 

A unos diez kilómetros, las playas del Mediterráneo esperan para relajarse al sol, hacer deportes náuticos o tomar un cóctel frente al mar. Se puede llegar en auto, bicicleta o bus. 

Con aguas a 24 grados durante el verano y sin el ruido y estrés de la costa azul, el litoral de Herault (el departamento al que pertenece Montpellier) ofrece distintas posibilidades. Una de las más cercanas a la ciudad es Palavas-les-Flots, de siete kilómetros, ideal para los que gustan de tener todo cerca: bares, reposeras, duchas, equipamiento deportivo para beach-volley, windsurf o kitesurf. Una alternativa muy parecida a ésta, con arena fina, es Le Grande Motte.

Wp-tranvia-450

Para los que prefieren la tranquilidad y el paisaje, una alternativa es L’ Espiguette al este de la ciudad. Una inmensa playa de arena desértica, cercana al parque natural regional de Camargue. Con dunas naturales y un faro como único edificio. Otra posibilidad es Les Aresquiers, conocida por ser una de las más bellas y aisladas del litoral. Esta playa cubierta de conchas es perfecta para los amantes de la naturaleza. Es un espacio protegido, donde las construcciones están prohibidas. Sus visitantes relajados se mezclan sin problemas entre naturistas y aquellos con traje de baño. Son cerca de 14 kilómetros con lindas playas como Roquille que está cubierta de conchas, la gran Richelieu o Môle y su pequeña playa rodeada de acantilados para los amantes de la tranquilidad. Y Cap d’Agde que es conocida por su estación naturista, una de las más importantes de Europa.