“¿Y ya fuiste a Australia o piensas ir más adelante?”, es la pregunta que hacen los encargados de Recursos Humanos a muchos jóvenes profesionales que buscan trabajo por primera vez en una empresa. Una interrogante que revela lo común que se ha vuelto entre las nuevas generaciones trabajar un tiempo para ahorrar y salir a recorrer un poco el mundo antes de asumir las responsabilidades de la vida adulta. 

A tanto ha llegado esta verdadera fiebre exploradora que en ocasiones colapsan las páginas web para solicitar la famosa visa Working Holiday, que permite trabajar y vacacionar en los países de mayor demanda. Nueva Zelanda, por ejemplo, abre en octubre su postulación a esta visa para los chilenos y prácticamente en dos horas se copan los mil cupos disponibles. Chile tiene además convenios de este tipo de visa con Canadá, Australia (1.500 vacantes), Alemania, Dinamarca y Hong Kong.

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Las principales motivaciones que estos aventureros esgrimen para emprender sus vuelos por el mundo van desde aprender otro idioma hasta conocer nuevas culturas, hacer amigos y ahorrar dinero suficiente para seguir “patiperreando” por otros destinos. Es así como es posible encontrar hoy a chilenos que antes de los 30 años ya han estado en más de veinte países, como es el caso de Carla Francisca Neira Magliocchetti, periodista de 28 años, quien tras titularse en la Universidad Católica y trabajar un año en una agencia de comunicaciones local, reunió lo que necesitaba para comprar sus pasajes a Australia y seguir los consejos de un amigo que había estado allá. 

“Llegué a Sydney en mayo de 2012 con la visa Working Holiday, que es por un año. Ganaba entre 600 y 900 dólares semanales, con tres empleos simultáneos, pero era muy sacrificado porque debía hacer turnos agotadores. Hice de todo: fui recepcionista, cajera y mesera en un local de comida mexicana”, recuerda.

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Claro que el sacrificio valió la pena, porque así pudo darse el lujo de recorrer India y Nepal, donde visitó lugares como el famoso Taj Mahal e hizo el clásico safari en camello en Jaisalmer, la mítica “Ciudad Dorada”. A su regreso a la capital australiana volvió a trabajar de cajera en un local de ensaladas y jugos naturales cerca del Opera House. Carla Neira si bien viajó sola, conoció a muchos compatriotas con los que hasta el día de hoy se reúne una vez al año a celebrar lo que han llamado “La junta Australia”. Actualmente está haciendo un diplomado en Marketing Digital.

LA RUTA AUSTRALIA – NUEVA ZELANDA – SUDESTE ASIÁTICO

Lo cierto es que hay rutas claramente preferidas por los chilenos a la hora de partir, las que son aprovechadas al máximo para conocer varios países. Una de ellas es la clásica ruta Australia-Nueva Zelanda-Sudeste Asiático.

El joven médico viñamarino Enrique “Kike” Merino Lara (27) reconoce que él y sus hermanos fueron de los pioneros cuando estalló el boom a Nueva Zelanda. Su hermano mayor, Martín, tras titularse de agrónomo en 2007 se fue con su polola un año a trabajar allá. También hizo lo mismo el hermano menor de la familia, en 2008, pero tras finalizar la enseñanza media en el colegio.

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“Kike” Merino congeló sus estudios en la Universidad de Valparaíso, en 2009. Tenía 22 años y cursaba tercero de Medicina cuando junto a su compañero de curso, Francisco Trucco, partieron a Nueva Zelanda. Lo primero que hicieron fue comprar a medias un auto de apenas mil dólares para recorrer el norte de la isla. Después se trasladaron al sur porque su hermano Martín les había dado el dato de que faenando en la recolección de frutas —cherries, damascos, duraznos y ciruelas— se ganaba más y en poco tiempo. 

“Estuve trabajando dos meses en la fruta pero después fui a Queenstown, que es una ciudad equivalente a nuestro Pucón, que tiene centros de esquí y mucho deporte aventura. Allí tuve dos trabajos: uno en un hotel y otro en un restorán. Ganaba unos 500 dólares a la semana, de los cuales ahorraba siempre la mitad. Con toda la plata que ahorré en esos 10 meses recorrí Nueva Zelanda y después estuve en el Sudeste Asiático (Tailandia, Laos, Cambodia, Singapur, Vietnam y Malasia). Es muy barato”, explica.

Y si bien tenía muchas ganas de quedarse otro año más en Nueva Zelanda, decidió volver y titularse de médico, porque “no me veía detrás de la barra de un bar a los 30 años”. “Kike” Merino trabaja ahora haciendo turnos en unidades de urgencia en el Hospital Gustavo Fricke, en un SAPU de Reñaca Alto y en el Hospital de Niños y en el Hospital Naval en Viña del Mar.

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María de los Angeles Pizarro (27) terminó su carrera de Kinesiología y alcanzó a trabajar dos meses en Chile antes de seguir el consejo de su padre que la motivó a salir a conocer el mundo. “El vivió fuera un tiempo y me dijo que es algo muy enriquecedor y sirve para saber lo que tenemos y no tenemos en nuestro país”, explica.

Entre abril de 2013 y abril de 2014 estuvo viviendo su aventura exploradora con tres objetivos en mente: aprender inglés, madurar y conocer nuevos amigos. “Partí sola sin hablar una gota de inglés y sin conocer a nadie en Australia. Postulé a la visa e hice el examen y me dieron el resultado: obtuve el mínimo para pasar la prueba. Unos chilenos conocidos de una amiga mía me recibieron en su casa los primeros cuatro días. Empecé a buscar pega y al mes conseguí empleo en Gate Gourmet, una empresa multinacional de catering que hace la comida para los aviones. Estuve trabajando con compañeros japoneses, chinos, griegos, filipinos, y permanecía hasta 15 horas de pie. Me pagaban cuatro mil dólares al mes, pero en pagos semanales, porque allá todo se paga semanal: los arriendos, las cuentas, etcétera”.

María de los Angeles dejó la comodidad de su casa con su pieza y baño para ella sola y su auto, para vivir en un departamento de dos dormitorios compartiendo gastos con cinco personas más: tres hombres y dos mujeres. Consiguió otro empleo, esta vez de housekeeper en el hotel Hilton, donde tenía que limpiar los baños y las piezas: “Fue espantoso, no me gustó nada, pero decidí que tenía que bancármelas solita y aguanté hasta el final”.  Asegura que logró los tres objetivos que se propuso, porque se sintió obligada a valerse por sí misma. 

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La historia de Camila Bühler Calcagni (19) es diferente. Egresó de enseñanza media en el Colegio Alemán de Santiago con 17 años y de ninguna manera quiso ponerse a estudiar una carrera universitaria siendo tan joven. Cuatro años antes, con su familia, había estado en Australia, país del cual se enamoró. “Quería aprender a vivir sola y salir de mi zona de confort para expandir mis horizontes y aprender tantas cosas que la universidad en Chile no te entrega”, explica desde Alemania, donde actualmente vive.

En Sydney, Australia, trabajó como au pair, término que se emplea en Europa y Estados Unidos para las cuidadoras de niños. “Encontré a la familia donde trabajé en www.grataupair.com y fue una vivencia maravillosa”, relata Camila.

Con un sueldo de 350 dólares australianos a la semana, acorde a la tercera ciudad más cara del mundo, ella dice que el promedio de lo que ganan habitualmente las au pair era de cien dólares menos. Camila está estudiando en Magdeburgo, Alemania, una carrera llamada Ingeniería Cultural, que es una mezcla entre Economía, Logística y Cultura. 

LA RUTA INDIA – NEPAL

Gabriel Maldonado Caviedes (27) es abogado de la Universidad de Chile. En 2009, congeló la universidad y pasó un año viajando. Estuvo nueve meses en Australia y por primera vez visitó la India, donde afirma que su vida cambió. Tras titularse, volvió allí para hacer un curso de profesor de yoga en 2013. En agosto de ese mismo año consiguió un trabajo en un lodge en medio de la selva de Chitwan y Bardia, en Nepal. Desde entonces no ha regresado a Chile, aunque no descarta volver.

“Mi misión es hacer clases de yoga, llevar a los huéspedes en safaris cuando necesitan, enseñarles sobre la cultura de Nepal y ayudarlos en todo lo que necesiten. También organizamos el torneo mundial de Polo sobre Elefantes, donde fui el árbitro”, cuenta desde Nepal. Dice que gana lo suficiente para vivir y como no tiene gastos de vivienda y comida, prácticamente ahorra todo su sueldo.

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La joven arquitecta de la Universidad de Chile Camila Abbott Navarrete (27) siempre quiso empezar su vida laboral en otro país, pero nunca imaginó que llegaría tan lejos y se instalaría en el estado de Goa, en la costa oeste más turística y occidentalizada de la India. “Llegué en plena época de monzones, en junio de 2012, y durante dos meses prácticamente no paró de llover”, relata.

Había mandado su currículum a distintas oficinas de arquitectura en India. La empresa que la contrató en Panaji, la capital de Goa, fue su sponsor para obtener una visa que se da a los practicantes. El idioma en que siempre se desenvolvió fue el inglés, pues allá existen tantos dialectos que entre los mismos indios se comunican en inglés.

 “El sueldo en la oficina me alcanzaba para vivir, era lo equivalente a 280.000 pesos mensuales de hoy más 50.000 para pagar mi casa, que quedaba a media hora en moto de donde trabajaba. No es mucha plata acá pero en India todo es tan barato que siempre alcanza”, dice.

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Camila Abbott está trabajando en Santiago en la oficina de la arquitecta Cazú Zegers. Pero en julio del año pasado volvió a Goa a visitar a sus amigos y a comprar para su tienda en Facebook: India Kromatik.

LA RUTA ESTADOS UNIDOS- CANADÁ

Pedro Saratscheff Bosch (22), estudiante de Ingeniería Civil Industrial en la Universidad Católica, estaba en su primer año de carrera cuando una compañera le contó que había estado trabajando en Estados Unidos por tres meses en un centro de esquí en Lake Tahoe, California. “Me dijo que lo pasó espectacular y que había ganado un dineral. Lo encontré entretenido, porque sé esquiar desde los siete años y me encanta”, cuenta.

Empezó a averiguar los trámites a través de una agencia de trabajos de verano que le recomendó su amiga: la We USA, que ayuda a obtener la visa J1, que permite a los jóvenes universitarios trabajar en Estados Unidos por un plazo no superior a cuatro meses. “Lo malo es que la agencia te obliga a comprar con ellos los pasajes y te cobra por sus servicios, lo que encarece todo”, dice. Esa visa además, impone como condición visitar distintos centros culturales y ciudades, al menos una vez por semana estando allá.

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Pedro viajó en diciembre de 2013 hasta Lake Tahoe donde fue contratado como asistente de instructor de esquí para niños entre 5 a 9 años, un trabajo muy sencillo que consistía en ayudarles a prepararse y darles la comida. Estando allá se certificó como instructor para nivel 1 y en vez de ganar 8,5 dólares la hora pasó a 14 dólares la hora.

Los sueldos se pagaban cada dos semanas y en promedio llegó a ganar US$ 1.320. Junto a seis personas vivía en una cabaña que le costaba 300 dólares al mes. “La verdad es que me alcanzó para pagarme finalmente el viaje. La experiencia la recomiendo, porque yo quería perfeccionar mi inglés”. 

Canadá es otro de los países favoritos de los jóvenes chilenos para obtener la visa Working Holiday, y el proceso de postulación 2015 se abrió recién a mediados de febrero. Sin embargo, hay que ser muy cuidadoso a la hora de escoger un destino y buscar ayuda, porque se han dado casos de estafas que ya han sido denunciadas. La Cancillería lanzó hace poco una advertencia sobre esta visa a través de un comunicado en su página web. La idea es que esta aventura no empiece mal, cuando menos no para el espíritu explorador de estos nuevos chilenos.