¿Por qué visitar Estocolmo, la capital de Suecia? Más allá de sus atractivos turísticos —que los tiene por montones— por dos razones: su casi mágica atmósfera de felicidad y tranquilidad, sumada a que se trata de una urbe esencialmente ordenada y funcional. Ciertamente, que el país ocupe el lugar doce a nivel mundial del Indice de Desarrollo Humano de la ONU y tenga uno de los estándares de vida más altos de Europa incide en la sensación de bienestar que se percibe en sus calles y explica, de algún modo, la amabilidad de los suecos con visitantes y turistas. Por algo están dentro de la categoría de ciudades clase alfa del Globalization and World Cities Study Group and Network (GaWC).

Un recorrido esencial debería partir en su punto neurálgico: la plaza Sergel, en cuyo centro se alza un imponente obelisco de vidrio de 38 metros. En sus inmediaciones está la Casa de la Cultura, el Palacio de Conciertos, los Rascacielos de Hötorget (cinco edificaciones de 72 m de alto ubicadas en paralelo, una tras otra) y Drottninggatan —o calle de la Reina—, paseo comercial clave y con múltiples tiendas de moda con precios para todos los bolsillos. Llegar al corazón de Estocolmo es muy sencillo: está conectado directamente con la estación más importante del Metro: T-Centralen.

Suecia es un reino donde el rey Carlos Gustavo XVI es el jefe de Estado y el Primer Ministro es el titular de gobierno. Por ello, uno de los espacios icónicos de Estocolmo es el Palacio Real, residencia oficial y protocolar de los monarcas. Concebido en el siglo XIII como fortaleza, a través de los años integró nuevas construcciones, dando lugar al actual palacio; un verdadero coloso que alberga más de 600 habitaciones y es sede de las más importantes recepciones, galas y celebraciones del país, entre ellas, la cena anual ofrecida a los premios Nobel. Recientemente, la capilla del palacio fue la escenografía escogida para que el príncipe Karl Philip —tercero en la línea de sucesión al trono de Suecia— contrajera matrimonio con la exmodelo y chica reality Sofía Hellqvist. La ceremonia atrajo a gran parte de la nobleza europea.

Wp-Suecia-6

No obstante, la verdadera ‘casa’ de los reyes es el Palacio de Drottningholm, construido entre 1660 y 1680. Sus decoraciones interiores son tan fastuosas que la reina Hedvig Eleonora, que lo mandó a edificar, no pudo verlas concluidas, al morir en 1715.

Uno de los lugares más emblemáticos es Gamla Stan, la ciudad vieja. Literalmente aquí nació Estocolmo en el siglo XIII. Verdadero prodigio para el turista, quien se desplaza por el centro de la ciudad, avanza unas pocas cuadras y de pronto se encuentra en la Edad Media. Casonas centenarias, callejuelas estrechas y adoquines se convierten en joyas arquitectónicas y, a la vez, son vitrina para lo más granado del arte de los souvenires locales; es decir, un vertiginoso compilado de imaginería nórdica. Vikingos, troles, duendes, ogros, hadas y brujas, sumados a osos, alces, lobos y búhos, son el sine qua non de las tiendas del rubro. Es como entrar a un reino encantado en donde los humanos han dado paso a seres de fábula.

Wp-Suecia-7

La cronología naval sueca tiene también su propia historia. Pero que raya en lo tragicómico. En 1625, el rey Gustavo Adolfo II ordenó construir el mayor buque de guerra jamás ostentado por su armada, concebido para enfrentar tanto a los enemigos como a las mayores inclemencias climáticas.

Tres años después, el titán estuvo listo para surcar los mares. Pero el monarca quería dar mayor imponencia al navío —que ya pesaba 1.200 toneladas— y pidió instalar otra fila de cañones… El resto se adivina: el 10 de agosto de 1628 se levan las anclas del Vasa y Estocolmo vio como a pocos cientos de metros el barco escoró y comenzó a llenarse de agua. El navío no alcanzó a estar 30 minutos navegando. En 1961 este gigante fue rescatado desde el fondo del mar y hoy se alza —cuán grande es— en el Museo Vasa de Estocolmo, ubicado en una de las 14 islas que conforman la ciudad.

Imposible hablar de la Suecia moderna sin mencionar a ABBA, aquella máquina pop de hacer éxitos y millones. Por curioso que parezca, el mayor producto comercial del país estaba ausente de las rutas turísticas. Eso hasta mayo de 2013, cuando se inauguró ABBA The Museum, la mayor muestra planetaria sobre el grupo.

Wp-Abba-1

Memorabilia por doquier… Así, a una prodigiosa colección de objetos de la banda, entre ellos, artículos de vestuario original, es posible —la tecnología da para todo— cantar junto a hologramas a tamaño real de estos artistas. Otra opción: entrar a una pista de los años de oro de la música disco, en la que es posible bailar Dancing Queen y otros clásicos. “Sea usted un quinto ABBA”, es la invitación del museo. Oriundo de Estocolmo, el grupo comparte cuna con célebres personajes como las actrices Greta Garbo e Ingrid Bergman; el escritor August Strindberg; y el científico y filósofo Emanuel Swedenborg. Obviamente, también con el científico e inventor Alfred Nobel, quien creó un premio internacional que cada año reproduce la palabra Suecia en todos los rincones del planeta.

>Más información en www.visitstockholm.com