Pasaron 15 días, pero fue como un año concentrado. Cambié de país, y es como si literalmente hubiera tenido un cambio de piel, una capa menos de mi yo antiguo, ese yo arraigado a viejas creencias, costumbres, y miedos absurdos que la mente se empeñó en mantener.

Dejando atrás México y sus bondades, tomé el avión rumbo a la Isla del Amor, Hawaii. Ingenua y agradecida por mi experiencia en Ciudad de México y Puerto Vallarta, me subo a un avión que me llevaría a Los Ángeles, California. Momentos de mucha espera en aduana, y nerviosismo en policía internacional. ¿Cómo le explicaba al policía que venía a su país de visita, que no me voy a quedar para siempre, pero que aun no he comprado el pasaje de salida? Aun así, confió en mi y timbró el pasaporte, Visa por SEIS MESES. Le conté que escribía para CARAS, le dicté hasta el link, me sentía como una gran ganadora, después de eso nada importaba, caminaba y un soundtrack ganador me seguía.

Volviendo al punto, llevaba muchas horas de vuelo, muchas horas de espera, cansancio y cambios de hora, por fin me subo al avión que me llevaría a la isla. Diviso a un tipo que me mira desde su asiento, era lindo, guardo mi mat, para sorpresa de los 2 mi asiento era el del medio, es decir, entre él y una señora muy amable. El espacio era muy chico estaba totalmente rodeada por mis vecinos. En su pantalla se veía el tiempo que quedaba para llegar, y era lo que duraría el capítulo de la historia que nos correspondía, cinco horas y media marcaba al principio, una hora más tarde nos pusimos a conversar como si no hubiera futuro. Nos contamos la vida en tres horas, y cada vez se me hacía mas clara la imagen de la película “Antes del Amanecer”. Este hawaiano-gringo era artista y tocaba el saxofón, nunca vi unas manos tan armónicas y lindas. Una hora antes de aterrizar nos tomamos de las manos y disfrutamos del presente como un instante preciado. Adiós hawaiano artista, no tengo ataduras en este viaje y sigo mi camino.

isla-ok

Pasaron pocos días de mi llegada a la isla y fue mi cumpleaños, el más extraño que he vivido. Mi regalo, además de estar aquí, fue un pase libre de bus para todo el mes, y un celular con chip de Estados Unidos, gracias a la prima por regalonearme tanto. Ese día, fue ella quien me llevo a Lani Kai, la playa más maravillosa que haya visto en mi vida, para luego coronar el día en un restaurante de comida típica hawaiana, Monkeypod en el que por ser mi cumpleaños me dejaron escoger un pastel, que luego me regalaron con una velita. ¿Qué más puede pedirle uno a la vida? Ese día me quedé hasta tarde pensando en esa frase que tantas veces uno dice de manera inconsciente cuando está muy triste, o muy enojado con alguna situación en particular ¿Por qué a mi?. Y en este caso, era todo lo contrario, le estaba preguntando al universo por qué me toco vivir esto tan lindo. ¿Junté tantas estrellitas como para que me tocara un cumpleaños tan hermoso y una vida tan linda? Felizmente me dormí.

pastel

Aquí la gente vive diferente, y cuando decimos Aloha es hacer referencia a ese Espíritu Aloha; filosofía Hawaiana de apreciación, de reducir el juicio para aumentar el amor, y de vivir la vida como una constante celebración. Les digo, se pega y muy rápido.

Para acabar mi reporte quincenal, les puedo decir que este es un lugar muy especial por tener una de las bases militares más importantes de Estados Unidos, Pearl Harbor, también conocida por los nativos como Puʻuloa. Mi prima está casada con un navy, y tuvimos la fortuna de que a él le tocó estar en tierra, fue así como el espíritu Aloha me juntó con un compañero del marido de mi prima. Han sido grandes días compartiendo con este personaje muy especial que llamaremos navy 2, que en un par de días se sumergirá por meses en el mar, mientras yo siguiré mi camino…

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