Ahora, junto a una pequeña colonia, lucha como un macho alfa por un linaje que se extingue a pasos feroces… Este no es un cuento de Navidad.

Con una cornamenta impactante y poco menos de noventa kilos, es el señor de la selva fría, la esperanza de una especie que en el mundo suma apenas mil quinientos ejemplares. La historia de Tucun, un semental cuyo nombre en mapudungun significa ‘poner una semilla’, es la de un huemul que está lejos de la majestuosidad del ciervo que aparece al lado izquierdo del escudo patrio. Sus ancestros, que alguna vez poblaron las zonas húmedas del sur de Chile y Argentina, murieron por culpa de las enfermedades transmitidas por el ganado, el mismo que además fue lentamente devorando sus pastos tiernos y sus fuentes de alimentación.
Tucun se fue quedando sin colonia y comenzó su gesta épica como un macho solitario en medio de los bosques de alerces, lengas y notros, su principal fuente alimenticia. Nadie sabe con certeza dónde nació. Pudo haber sido cerca del lago José Miguel Carrera, en los sectores aledaños a la Carretera Austral, o en el tramo que parte en caleta Tortel y termina en Villa O’Higgins.

Fue en 2005 cuando la Fundación Huilo Huilo comenzó la misión de reintroducir la especie en esta zona ubicada más al norte, específicamente en la Pampa de Pilmaiquén. Los estudios confirmaban que los últimos avistamientos se habían producido a principios de los ‘90. Después de esa fecha, no existían huellas de un animal que sencillamente parecía extinto. Incluso algunos pobladores admitían, como si se tratara de un orgullo, que habían sido los últimos cazadores de una especie ‘veloz’ y de ‘carne sabrosa’. ¿Culpables? Nada. “Solo ignorancia pura”, dicen ahora con horror los defensores de la causa.

Luego de una gestión de Ivonne Reifschneider, la presidenta de la Fundación Huilo Huilo, y Fernando Vidal, director del Centro de Conservación, lograron contactarse con el dueño de un predio aledaño a la Carretera Austral, cercano a Río Bravo, quien finalmente autorizó el traslado de Tucun, que en ese momento tenía dos años, y una hembra llamada Pewun hacia un lugar de conservación más seguro luego de que se confirmara su ‘situación de riesgo’, principalmente por el ataque de perros salvajes y pumas.
Hubo opositores de inmediato. O como dice Reifschneider, “tuvimos que sortear mil obstáculos. Había quienes creían que nos estábamos robando los animales para intereses personales. Hicimos mil trámites y pedimos cientos de permisos, empezando por el gobierno, el Ministerio del Interior, Conaf y el SAG”. Con la ayuda de la unidad de aviación del Ejército de Chile, pudieron trasladar a ambos ejemplares en tiempo récord. Volaron de Villa O’Higgins a Cochrane, después a Temuco y por último los transportaron vía terrestre hasta la reserva. Una operación que superó sus plazos de tiempo y que en seis horas exactas pudo dejar a salvo a ambos ciervos en un hábitat protegido. Anestesiados y en cajas especialmente diseñadas para ellos, llegaron intactos e inmediatamente respondieron a los estímulos naturales de su nueva casa. Parecía un sueño, pero no todo fue buena suerte.

PUDO SER UN BOICOT: UN AÑO DESPUÉS, UNA BALA MATÓ A PEWUM, LA HEMBRA. Pese a que estaban ubicados en un sector de 64 hectáreas, protegidos con mallas y cercos eléctricos para espantar a los pumas, alguien avanzó de noche, en medio de la selva oscura y disparó de frente. El animal murió al día siguiente por paro cardiaco. Afortunadamente, había logrado reproducirse y, pocos meses antes, había parido —por primera vez en cautiverio— a una hembra que fue bautizada como Fochem. Al día siguiente del crimen y después de la autopsia, los veterinarios confirmaban con espanto que Pewum estaba preñada por segunda vez. Hasta hoy no hay pistas del o los autores.
Fernando Vidal cuenta que de inmediato se doblaron las medidas de seguridad. “Pusimos refuerzos día y noche de guardabosques y se potenció el sistema de rastreo mediante un collar que actualmente usan los ejemplares para estar monitoreados a través de transmisiones de frecuencia”.
Ahora Tucun tiene unos doce años (su supervivencia se estima en cerca de quince) y sigue siendo el macho dominante. “Es el más fuerte de la colonia. De hecho, cuando logramos introducir nuevos machos, mucho más jóvenes, se impuso ante el resto y conservó su posición”, relata Vidal. Cuando acaba de terminar la primavera, sus cuernos parecen de terciopelo. Un pelillo suave cubre sus astas hasta que, en verano, el hueso queda desnudo. Como un gran exponente de Hippocamelus Bisulscus, se pasea con elegancia y sus orejas puntiagudas lo hacen dueño de una de las audiciones más agudas del mundo animal.

Catalogada como una especie en peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) en 1973, mantiene su categoría de animal que es constantemente víctima de las actividades ganaderas y forestales en su entorno salvaje, además de la cacería ilegal, las enfermedades transmitidas por el ganado y de animales domésticos como el perro, que  además causa su muerte por ataque y persecución principalmente de crías.
La Fundación Huilo Huilo vela por que su hábitat natural, en la pampa de Pilmaiquén no se vea alterado. Las condiciones son favorables: abundancia y diversidad de especies vegetales nativas particularmente de los estratos arbustivos, arbóreo y herbáceo durante todo el año; exclusión de uso ganadero del predio por casi 30 años. Y lo más importante: una  altitud moderada que se traduce en una menor cantidad de nieve, además de fuentes de agua cercanas provenientes del lago Pirihueico.
En un ambiente controlado, o de semi-cautiverio, Tucun y su clan mantienen su dieta de mamíferos rumiantes de la familia círvida. Además del notro, tienen grandes fuentes de hongos, coirón y líquenes, fundamentales para su supervivencia, siempre lejos de la acción humana. Para este reportaje, que fue ejecutado siguiendo cada una de las normas del Centro de Conservación, se hizo un monitoreo de más de tres meses. Una vez que las condiciones eran las óptimas, la observación obligaba a disminuir toda posibilidad de estrés en una fecha en que están en pleno proceso de estro, o celo animal.

Tucun ya no está tan solo. En el 2006, el SAG decomisó otra hembra en Futaleufú y que fue entregada a Huilo Huilo para su cuidado. La llamaron Ñon e inmediatamente fue cortejada por Tucun. Mientras que otros dos machos, nacidos en el centro con genética nueva, pasaron al cierre con las hembras para seguir intentando posibles reproducciones. La idea es que en un plazo de dos a tres años se comience a evaluar un plan de liberación progresiva al sur de la reserva, de modo que las iniciativas de conservación ex situ permitan a largo plazo instaurar programas de cría en cautiverio para conservar el material genético de la especie.
No es una tarea fácil. Fernando Vidal, quizás el científico con más experiencia en la especie en Chile, es tajante: “Todo es incertidumbre. Hay poco conocimiento biológico de la especie, los estudios son mínimos. Aquí estamos aprendiendo todos”. Y Reifschneider añade: “En la medida que vayamos avanzando en la conservación, recién podremos acercarnos a todos los misterios que tiene como exponente de nuestra fauna. Es una pena, porque se trata de un animal que es una maravilla, una máquina de agilidad y sentidos”.
Los pocos que observan el comportamiento de Tucun a diario, no pueden creerlo. Es el padre, y no la madre, quien le enseña a sus hijos a desplazarse y alimentarse. Con su nueva cría, que aún no tiene nombre y que muy pronto lo tendrá mediante un concurso con los niños de la zona, se pasea imponente. No necesita escudos para ser el rey de su colonia, porque el futuro de su especie pareciera depender solamente de su voluntad.

Tucun está a salvo y sus cuidadores lo hacen a mansalva. O como dice un guardabosque al pasar: “Es grande y sabio, como si supiera de todos los vicios del hombre”.

Envíe su opinión sobre este artículo a actualidadcaras@televisa.cl