En lo alto de una colina en la península de Rilan, el hotel Tierra Chiloé nos recibe con ese olor inconfundible a tierra húmeda, a fuego recién prendido que se mete por la nariz y se queda ahí, para siempre. En la entrada, un mural de la artista Claudia Peña es la muestra perfecta de los distintos detalles que componen este lugar: una suerte de mapa-pintura intervenida con figuras típicas de la isla, con los árboles nativos, animales, caminos y apuntes de lugares por visitar. Ahí los guías explican a los turistas los distintos puntos de este fantástico archipiélago y la ubicación de las más de 20 excursiones que se realizan a diario.

Incluido en la última edición del ranking de Conde Nast Traveler Gold List, Tierra Chiloé se ha sumado a la tendencia mundial del nuevo lujo y que vino a renovar el concepto convirtiéndolo en una experiencia única. Y considerando que este hotel se encuentra en uno de los lugares más lindos y australes del mundo, escenario privilegiado para conocer flora y fauna única, en medio de paisajes que roban el aliento, el lujo se convierte en una aventura extraordinaria e inolvidable. Comenzando por el humedal al que se accede bajando a la playa después de una serpenteante escalera, o bien a caballo acompañado de un guía experto, y que permite observar de cerca zarapitos, playeros, chorlos, flamencos y cisnes, entre otras aves.

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Visitantes de Australia, Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Canadá, Brasil se registran aquí diariamente y ya desde la entrada no quedan indiferentes a la rupturista arquitectura que pareciera desafiar las leyes de la gravedad. Un bloque revestido de tejuelas y madera de la zona que pareciera flotar arriba de una colina. Qué decir ante el paisaje que se abre al mar y donde se pueden ver fácilmente delfines australes y lobos marinos.

Su sistema all inclusive permite a los pasajeros disfrutar de comida fresca y local, conocer artesanos de la zona, descubrir islas remotas en la embarcación privada La Williche y explorar históricas iglesias jesuitas, hoy Patrimonio de la Humanidad.

En cuanto a las excursiones, realizamos la de Duhatao-Piuchen, una caminata de dos horas y media a través de la Cordillera de la Costa, en medio de bosque nativo y escoltado por el canto del chucao, hasta llegar a la que debe ser una de las playas más enigmáticas y menos conocidas de la isla: Aulén. Un refrigerio y luego continuar la caminata hasta una barcaza que nos conducirá a los misteriosos paisajes del bosque inundado. También el tour a Dalcahue, para desde ahí tomar el ferry a la isla Quimchao y el pueblito de Achao. Imperdible es el viaje a la isla Mechuque, un paseo por el día completo que se hace a través del mar. El trayecto inicial es por tierra hasta Tenaún para recorrer y mirar de cerca su icónica iglesia decorada con estrellas. Desde ahí se toma la reconocida embarcación de Tierra Hotels y se navega hasta las islas Chauques considerada la más bella cadena de islotes de Chiloé; y desde se llega a Mechuque, un pueblo que parece estar atrapado en otra época, con sus palafitos originales y estrechas calles de tierra. El regreso toma tres horas de navegación por la costa que devuelven y renuevan el alma, con almuerzo y bar atendido con generosidad y afecto. De hecho, la gastronomía y la coctelería son un sello inconfundible de los Tierra Hotels; el lugar cuenta con un huerto y un fuerte énfasis en los productos locales. Por eso, siempre es recomendable un pisco sour de nalca, merkén y miel de ulmo, ideal si es a bordo de La Williche con el mar y el espectáculo natural que se abre ante los ojos. O desde el mirador del hotel con vista al humedal, mejor si es al borde de la piscina climatizada al aire libre del Uma spa, con vistas al mar interior Pacífico.

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EL ESPíRITU DE CHILOÉ

Los trabajos del Tierra Hotels estuvieron en manos de Mobil Arquitectos, quienes diseñaron esta edificación que en un principio abrió sus puertas en 2011 (para albergar a otro hotel) y que tras ser comprado por la familia Purcell y socios, incluyó a este privilegiado lugar en su cartera junto a Portillo y la cadena Tierra Hotels (que ya suma a Tierra Atacama y Tierra Patagonia, este último rankeado en el primer lugar de Latinoamérica y séptimo del mundo este 2018 según Travel + Leisure World’s Best Awards).

La nueva construcción se trabajó siguiendo los mismos parámetros sustentables del edificio precedente, aunque hoy Tierra Hotels incorporó iluminación eficiente, la ampliación de la planta de tratamiento de aguas y sumando otra caldera de biomasa.

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También se realizó un intenso trabajo de iluminación liderado por Bárbara Green para crear un ambiente cálido e  íntimo que destaca el diseño interior del hotel. En el paisajismo, de Catalina Phillips, se incorporó flora nativa en  grandes canastos de mimbre que pueden ser vistos desde el hotel que se suman a los huertos e invernadero, que también tiene zona de compostaje, caballerizas y cultivos.

Lo cierto es que este hotel está lleno de detalles. El trabajo fue de las diseñadoras Carolina Delpiano y Alexandra Edwards, quienes integraron la artesanía chilota y el diseño chileno contemporáneo en objetos como muebles y lámparas, además de invitar a artistas, diseñadores y artesanos que trabajaran en obras para realzar el patrimonio cultural.

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Así, la propuesta se nota desde el primer instante. Desde las 46 alfombras del hotel elaboradas por 11 tejedoras de la Carretera Austral que lavaron y tiñeron con anilina y tinturas naturales —como hojas de nalca, raíces y cáscaras de cebolla— más de 180 kilos de lana de oveja chilena 100% natural; las lámparas de Si Studio (representante de Pet Lamp en Chile), tejidas con mimbre por dos artesanos de Chimbarongo utilizando la técnica tradicional y también por artesanas mapuche de la agrupación Ñocha Malen (mujeres de ñocha) en Huentelolén, usando la fibra de la ñocha con su ancestral tejido circular, conocido como aduja. Todo, todo es pura inspiración.