Finalmente puedo escribir, ayer encontré una foto en Instagram de esas “inspiracionales” que describe por completo este período, decía: “Algunas veces, solo me quedo en estado de vigilia y no le hablo a nadie por días. No es nada personal”. 

Así es exactamente como me he sentido desde que volví de India… No había sido capaz de emitir palabra, inclusive con los blogs, dejé de escribir por completo. Es como que mi vida se detuvo por un segundo, me sentía frágil por lo que inconscientemente no me sentía capaz de escarbar ahí adentro en lo profundo como para entender que estaba pasando, supongo que tampoco quería hacerme cargo.

Tuve que articular algunos mensajes para algunos amigos y familia que creían que me habían “raptado” aquí en Hawaii, eso es lo primero a contar, volví a Hawaii hasta Navidad…

Hawaii representa para mi lo más cercano al hogar después de Chile; y tal como me ha pasado veces anteriores cuando volvía a Chile después de un viaje me da esa pequeña “depresión post viaje” de no poder llenar esos espacios que me entregan dicha profunda, donde me siento viva e imparable.

Ahora eso mismo estaba pasando pero aquí en Hawaii. La diferencia es que esto es como el hogar, pero no es; quiero decir con esto que no podía llamar a mi mejor amiga e ir a tomarnos un café y conversar 5 horas seguidas, reírnos hasta llorar y al día siguiente ir al cumpleaños de Juanito, el fin de semana siguiente al matrimonio de la amiga número 25 que se casó este año para al día siguiente ir a mi estudio de Yoga de siempre y el lunes volver al colegio a trabajar… No, este no es ese hogar.

Es mi hogar transitorio, paradisíaco, que tiene muchas cosas bellas, pero al cual venía a un objetivo muy claro; ser esa pequeña “hormiguita obrera sudamericana”, que junta todo lo que necesita antes de seguir su camino, el destino, y lo que le dicta el corazón. Y dentro de ese objetivo tenía que encontrar espacio para disfrutarlo también y no para transformarlo en un trámite.

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Ha sido una lección infinita, incalculable, de poner a prueba todo eso que les conté que aprendí en India, vivir en el presente, aprovechar el ahora, ser feliz lo que me toca en este minuto, probar que la felicidad solo se construye día a día adentro y nada del exterior puede alterar ese estado (obvio que estoy en proceso, pero siento que cada vez se acorta más el tiempo entre que lo percibo y que se vuelve a regular), aprender a estar sola y con restricciones.

Se los grafico un poco para que lo entiendan; esta segunda vuelta a Hawaii ha sido mucho más “limitante” en muchos sentidos, para objetivos mayores, pero que toman tiempo, y el tiempo y la paciencia para esa sobrepoblación de Aries que tengo en mi es MUY difícil.

Intento no gastar plata en nada (olvidémonos de los panoramas pagados), me demoré como un mes en encontrar un estudio de Yoga que pudiera pagar (obviamente compré un plan en el Black Friday, eso ayudó un montón). Vivo en la mitad de la isla por lo tanto cualquier playa queda a, por lo menos, media hora en auto, y ahora es invierno así que hay que mirar a ver si va a llover todo el día o no.

Mi mejor amigo ya no está en la isla… ¿qué quiero decir con todo esto? No, no estoy llorando, ni me estoy quejando, estoy contextualizando e intentando explicarles que estoy en un escenario de mucha adversidad aparente pero finalmente lo acepté y dije: o lo uso a mi favor y lo doy vuelta, o me hundo en el intento.

Así es que aquí estoy, dicen que el universo no te pone pruebas que no estés list@ para superar así que en eso estoy, usando todas las herramientas que tengo para surfear esta ola inmensa. Para contrastar un poquito, porque el universo nunca se carga solo para un lado.

Empecé a dar clases de Ashtanga Yoga aquí en Hawaii, en un estudio que es precioso, eso me hace inmensamente feliz, cada vez que me acuerdo me da emoción, por otra parte me siento muy bendecida de poder ser esa hormiguita obrera, eso me permite juntar lo que necesito para el invierno, y por ultimo pero no menos importante mi prima y su marido que me albergan en su casita llena de juegos y me tratan con mucho cariño.

Y para terminar este reporte con algunos paisajes hermosos les cuento que luego de India me fui a Tailandia (Bangkok y Koh Samui) ¿Qué creen que hice? Yoga y recorrer esos lugares. La verdad, esa pequeña isla, Koh Samui, me decepcionó un poco y no por los paisajes si no más bien por el concepto turístico, y sé que todas las islas alrededor son parecidas, híper pobladas de turistas, todos los precios inflados y la gente (al menos lo que yo vi) van con propósitos muy diferentes a los míos. Me sentí como una ermitaña rara, pero la naturaleza compensó bastante.

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Finalmente partí a Bali, ahí me re-encanté, me junté con mi querido amigo chileno y partimos a Ubud, un sueño hecho realidad. los campos de arroz, los miles de centros de Yoga, la comida vegetariana, los templos, la espiritualidad y, por sobretodo, la gente cariñosa, de sonrisa fácil y que me regaló una de mis nuevas frases favoritas: Terima kasih (gracias), lo dije todas las veces que pude porque amaba escuchar la respuesta cantadita con una sonrisa amable: Sama Sama (de nada).

Mi próximo reporte será desde otro país, ahí les contaré los planes que se vienen lindos y emocionantes  @fioreyogini

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